Papa Francisco en homilía en Santa Marta, 12-3-2020: «El Señor nos dé la gracia de no caer en la indiferencia ante los dolores humanos y nos mueva a hacer algo por los demás»

* «Tal vez estamos preocupados hoy, aquí, en Roma, porque “parece que las tiendas están cerradas, tengo que ir a comprar eso, y parece que no puedo ir a pasear todos los días, y parece que…”: preocupados por mis cosas. Y nos olvidamos de los niños hambrientos, olvidamos a esos pobres que, en las fronteras de los países, buscando la libertad, esos migrantes forzados que huyen del hambre y de la guerra y sólo encuentran un muro, un muro de hierro, un muro de alambre de púas, un muro que no los deja pasar. Sabemos que esto existe, pero el corazón no se siente afectado. Vivimos en la indiferencia: la indiferencia es este drama de estar bien informado pero no sentir la realidad de los demás. Este es el abismo: el abismo de la indiferencia»

Video completo de la transmisión en directo de Vatican News de la  homilía del Papa traducida al español

* «Seguimos rezando juntos en este momento de pandemia: por los enfermos, por los familiares, por los padres con hijos en casa… pero sobre todo quiero pedirles que recen por las autoridades: deben decidir y muchas veces deciden medidas que no agradan a la gente. Pero es por nuestro propio bien. Y muchas veces, la autoridad se siente sola, no entendida. Recemos por nuestros gobernantes que deben tomar la decisión sobre estas medidas: que se sientan acompañados por la oración del pueblo»

12 de marzo de 2020.- (Camino Católico) El Papa Francisco continúa acompañándonos en este difícil momento con la misa en la capilla de Santa Marta dedicada al Espíritu Santo. Es la cuarta celebración eucarística en streaming en directo. Esta mañana, en su introducción, nos invitó a rezar especialmente por las autoridades:

“Seguimos rezando juntos en este momento de pandemia: por los enfermos, por los familiares, por los padres con hijos en casa… pero sobre todo quiero pedirles que recen por las autoridades: deben decidir y muchas veces deciden medidas que no agradan a la gente. Pero es por nuestro propio bien. Y muchas veces, la autoridad se siente sola, no entendida. Recemos por nuestros gobernantes que deben tomar la decisión sobre estas medidas: que se sientan acompañados por la oración del pueblo”.

En su homilía Francisco dijo que hoy día, la sociedad está muy informada de todo, pero no conoce nada de su vecino, de aquel que está a su lado y está sufriendo. Vivimos muy informados, pero con el corazón cerrado. La información no llega a nuestros corazones, afirmó el Papa, no nos sentimos sacudidos por el drama de los demás. Vivimos en la indiferencia,  la indiferencia es este drama de estar bien informados, pero no sentir la realidad de los demás. Este es el abismo de la indiferencia:

La plegaria del Papa al Señor, que nos de la gracia de no caer en la indiferencia, la gracia de que toda la información de los dolores humanos que tenemos, baje a nuestros corazones y nos mueva a hacer algo por los demás. En el vídeo superior Vatican News de visualiza y escucha la homilía del Papa traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Este relato de Jesús es muy claro; Además, puede parecer una historia para niños: es muy simple. Jesús quiere indicar con esto no solo una historia, sino la posibilidad de que toda la humanidad viva así, también que nosotros vivamos así. Dos hombres, uno satisfecho, que sabía cómo vestirse bien, tal vez buscaba a los mejores estilistas de su tiempo; se ponía vestidos de lino y púrpura finísimos. Y después, lo pasaba bien, porque todos los días se daba lujosos banquetes. Y era feliz así, no tenía preocupaciones, tomaba alguna precaución, quizá alguna medicina en contra del colesterol, pero continuaba en los banquetes. Así la vida iba bien, estaba tranquilo.

En su puerta estaba un pobre: Lázaro se llamaba. él sabía que estaba el pobre allí: lo sabía. Pero le parecía una cosa natural: «Yo me lo paso bien y este otro… así  es la vida. Que las arregle». En el mejor de los casos, tal vez, el evangelio no lo dice, a veces le daba algo, algunas migas. Y así pasó la vida de estos dos. Ambos pasaron por la Ley de todos nosotros: murieron. El hombre rico murió y Lázaro murió. El Evangelio dice que Lázaro fue llevado al cielo, junto a Abraham … De los ricos solo dice: «Fue sepultado». Punto. Así terminó.

Hay dos cosas que sorprenden: el hecho de que el rico sabía que había un pobre y que sabía el nombre, Lázaro. Pero no importaba, le parecía natural. Tal vez también el rico hacía sus negocios que al final quizá iban contra el pobre. Lo sabía claramente, estaba informado de esta realidad. Y la segunda cosa que me toca tanto es la palabra «gran abismo» que Abraham dice al rico. «Hay un gran abismo entre nosotros, no podemos comunicarnos, no podemos pasar de un lado a otro». Era el mismo abismo que en la vida había entre el ricos y Lázaro: el abismo no comenzó allí, el abismo comenzó aquí.

Pensé en lo que era el drama de este hombre: el drama de estar muy, muy informado, pero con el corazón cerrado. La información de este hombre rico no llegaba al corazón, no sabía conmoverse no se podía conmover frente al drama de los demás. Tampoco podía llamar a uno de los chicos que servían en el comedor y decir “pero, tráele esto, aquello otro…”…El drama de la información que no llega al corazón. Esto nos pasa a nosotros también. Todos sabemos, porque lo hemos oído en las noticias o lo hemos visto en los periódicos, cuántos niños sufren hambre en el mundo hoy en día; cuántos niños no tienen las medicinas necesarias; cuántos niños no pueden ir a la escuela. Continentes, con este drama: lo sabemos. Eh, pobrecitos… y seguimos con nuestra vida. Esta información no llega al corazón, y muchos de nosotros, muchos grupos de hombres y mujeres viven en este desapego entre lo que piensan, lo que saben y lo que sienten: el corazón está desconectado de la mente. Son indiferentes. Así como el hombre rico era indiferente al dolor de Lázaro. Existe el abismo de la indiferencia.

En Lampedusa, cuando fui por primera vez, me llegó esta palabra: la globalización de la indiferencia. Tal vez estamos preocupados hoy, aquí, en Roma, porque “parece que las tiendas están cerradas, tengo que ir a comprar eso, y parece que no puedo ir a pasear todos los días, y parece que…”: preocupados por mis cosas. Y nos olvidamos de los niños hambrientos, olvidamos a esos pobres que, en las fronteras de los países, buscando la libertad, esos migrantes forzados que huyen del hambre y de la guerra y sólo encuentran un muro, un muro de hierro, un muro de alambre de púas, un muro que no los deja pasar. Sabemos que esto existe, pero el corazón no se siente afectado. Vivimos en la indiferencia: la indiferencia es este drama de estar bien informado pero no sentir la realidad de los demás. Este es el abismo: el abismo de la indiferencia.

Después hay otra cosa que llama la atención. Aquí conocemos el nombre del pobre: lo conocemos. Lázaro. Hasta el rico lo sabía, porque cuando estaba en el infierno le pidió a Abraham que enviara a Lázaro: allí lo reconoció. “Pero, envíame esto”. Pero no sabemos el nombre del rico. El Evangelio no nos dice cómo se llamaba este señor. No tenía nombre. Había perdido su nombre: solo tenía los adjetivos de su vida. Rico, poderoso… muchos adjetivos. Esto es lo que hace el egoísmo en nosotros: nos hace perder nuestra verdadera identidad, nuestro nombre, y solo nos lleva a valorar los adjetivos. La mundanidad nos ayuda en esto. Hemos caído en la cultura de los adjetivos donde tu valor es lo que tienes, lo que puedes… Pero no “¿cómo te llamas?”: has perdido tu nombre. La indiferencia lleva a esto. Perder el nombre. Solo nosotros somos los ricos, somos esto, somos lo otro. Nosotros somos los adjetivos.

Pidamos hoy al Señor la gracia de no caer en la indiferencia, la gracia de que toda la información de los dolores humanos que tenemos, baje a nuestros corazones y nos mueva a hacer algo por los demás.

Francisco

Santa Misa de hoy presidida por el Papa Francisco en Santa Marta, jueves de la 2ª semana de Cuaresma, 12-3-2020

Oración del Papa Francisco a la Virgen del Divino Amor pidiendo «protección» ante el Coronavirus


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