Papa Francisco y el Patriarca Bartolomé firman declaración conjunta: «No podemos resignarnos a un Medio Oriente sin cristianos»

«Musulmanes y cristianos están llamados a trabajar juntos por el amor a la justicia, la paz y el respeto de la dignidad y los derechos de todas las personas, especialmente en aquellas regiones en las que un tiempo vivieron durante siglos en convivencia pacífica, y ahora sufren juntos trágicamente por los horrores de la guerra. Además, como líderes cristianos, exhortamos a todos los líderes religiosos a proseguir y reforzar el diálogo interreligioso y de hacer todo lo posible para construir una cultura de paz y la solidaridad entre las personas y entre los pueblos»

30 de noviembre de 2014.-  (EWTN  / ACI  / Camino Católico) El Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé firmaron este domingo una declaración conjunta histórica en la que reafirmaron su deseo de alcanzar la unidad de los cristianos, y donde expresaron también su preocupación por los cristianos perseguidos, en especial en Irak y Siria; además invitaron a promover un“diálogo constructivo con el Islam, basado en el mutuo respeto y la amistad”.

La firma de la declaración conjunta tuvo lugar una vez concluida la celebración de la Divina Liturgia en el Patriarcado ecuménico de Estambul, y después de asomarse al balcón del Palacio Patriarcal y bendecir a la vez a los fieles reunidos en el exterior.

La firma del documento se efectuó en la Sala del Trono. El texto no fue leído para -explicó el Patriarca-, no extender más y complicar de alguna manera la agenda del Papa Francisco y que la declaración común se ha de distribuir en los diferentes idiomas.

En la declaración, ambos líderes expresan“nuestra sincera y firme intención” de “intensificar nuestros esfuerzos para la promoción de la plena unidad entre todos los cristianos y sobre todo entre católicos y ortodoxos”.  Para lo que “queremos continuar con el diálogo teológico promovida por la Comisión Mixta Internacional”  que se ocupa de las relaciones entre las dos Iglesias.

El documento también expresa la“común preocupación por la situación en Irak, en Siria, y en todo Medio Oriente”. “Estamos unidos en la voluntad de promover la resolución de los conflictos a través del diálogo y la reconciliación”. Ambos reconocen“los esfuerzos” para asistir a todos los que sufren esta situación, incluidos los cristianos que quieren permanecer en su tierra.

“No podemos resignarnos a un Medio Oriente sin cristianos”, señalaron. Denunciaronque “muchos hermanos y hermanas son perseguidos” y parece que“se ha perdido el valor de la vida humana y que la persona humana no tiene más importancia y puede ser sacrificado por otros intereses”, a lo que muchos son indiferentes.

“Podemos decir que existe un ecumenismo del sufrimiento. Como la sangre de los mártires ha sido semilla de fuerza y de fertilidad para la Iglesia, así también compartir los sufrimientos diarios pueden ser un instrumento eficaz de unidad”, afirmaron. El texto completo de la declaración conjunta es el siguiente:

Nosotros, el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, expresamos nuestra profunda gratitud a Dios por el don de este nuevo encuentro que, en presencia de los miembros del Santo Sínodo, del clero y de los fieles del Patriarcado Ecuménico, nos permite celebrar juntos la fiesta de san Andrés, el primer llamado y hermano del Apóstol Pedro. Nuestro recuerdo de los Apóstoles, que proclamaron la buena nueva del Evangelio al mundo mediante su predicación y el testimonio del martirio, refuerza en nosotros el deseo de seguir caminando juntos, con el fin de superar, en el amor y en la verdad, los obstáculos que nos dividen.

Durante nuestro encuentro en Jerusalén del mayo pasado, en el que recordamos el histórico abrazo de nuestros venerados predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras, firmamos una declaración conjunta. Hoy, en la feliz ocasión de este nuevo encuentro fraterno, deseamos reafirmar juntos nuestras comunes intenciones y preocupaciones.

Expresamos nuestra resolución sincera y firme, en obediencia a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, de intensificar nuestros esfuerzos para promover la plena unidad de todos los cristianos, y sobre todo entre católicos y ortodoxos. Además, queremos apoyar el diálogo teológico promovido por la Comisión Mixta Internacional que, instituida hace exactamente treinta y cinco años por el Patriarca Ecuménico Dimitrios y el Papa Juan Pablo II aquí, en el Fanar, está actualmente tratando las cuestiones más difíciles que han marcado la historia de nuestra división, y que requieren un estudio cuidadoso y detallado. Para ello, aseguramos nuestra ferviente oración como Pastores de la Iglesia, pidiendo a nuestros fieles que se unan a nosotros en la común invocación de que «todos sean uno,… para que el mundo crea» (Jn 17,21).

Expresamos nuestra preocupación común por la situación actual en Irak, Siria y todo el Medio Oriente. Estamos unidos en el deseo de paz y estabilidad, y en la voluntad de promover la resolución de los conflictos mediante el diálogo y la reconciliación. Si bien reconocemos los esfuerzos realizados para ofrecer ayuda a la región, hacemos al mismo tiempo un llamamiento a todos los que tienen responsabilidad en el destino de los pueblos para que intensifiquen su compromiso con las comunidades que sufren, y puedan, incluidas las cristianas, permanecer en su tierra nativa. No podemos resignarnos a un Medio Oriente sin cristianos, que han profesado allí el nombre de Jesús durante dos mil años. Muchos de nuestros hermanos y hermanas están siendo perseguidos y se han visto forzados con violencia a dejar sus hogares. Parece que se haya perdido hasta el valor de la vida humana, y que la persona humana ya no tenga importancia y pueda ser sacrificada a otros intereses. Y, por desgracia, todo esto acaece por la indiferencia de muchos. Como nos recuerda san Pablo: «Si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26). Esta es la ley de la vida cristiana, y en este sentido podemos decir que también hay un ecumenismo del sufrimiento. Así como la sangre de los mártires ha sido siempre la semilla de la fuerza y la fecundidad de la Iglesia, así también el compartir los sufrimientos cotidianos puede ser un instrumento eficaz para la unidad. La terrible situación de los cristianos y de todos los que están sufriendo en el Medio Oriente, no sólo requiere nuestra oración constante, sino también una respuesta adecuada por parte de la comunidad internacional.

Los retos que afronta el mundo en la situación actual, necesitan la solidaridad de todas las personas de buena voluntad, por lo que también reconocemos la importancia de promover un diálogo constructivo con el Islam, basado en el respeto mutuo y la amistad. Inspirado por valores comunes y fortalecido por auténticos sentimientos fraternos, musulmanes y cristianos están llamados a trabajar juntos por el amor a la justicia, la paz y el respeto de la dignidad y los derechos de todas las personas, especialmente en aquellas regiones en las que un tiempo vivieron durante siglos en convivencia pacífica, y ahora sufren juntos trágicamente por los horrores de la guerra. Además, como líderes cristianos, exhortamos a todos los líderes religiosos a proseguir y reforzar el diálogo interreligioso y de hacer todo lo posible para construir una cultura de paz y la solidaridad entre las personas y entre los pueblos. También recordamos a todas las personas que experimentan el sufrimiento de la guerra. En particular, oramos por la paz en Ucrania, un país con una antigua tradición cristiana, y hacemos un llamamiento a todas las partes implicadas a que continúen el camino del diálogo y del respeto al derecho internacional, con el fin de poner fin al conflicto y permitir a todos los ucranianos vivir en armonía.

Tenemos presentes a todos los fieles de nuestras Iglesias en el todo el mundo, a los que saludamos, encomendándoles a Cristo, nuestro Salvador, para que sean testigos incansables del amor de Dios. Elevamos nuestra ferviente oración para que el Señor conceda el don de la paz en el amor y la unidad a toda la familia humana.

«Que el mismo Señor de la paz os conceda la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros» (2 Ts 3,16).

El Fanar, 30 de noviembre de 2014.

Francisco y Bartolomé I

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