Reza el Vía Crucis, presidido por el Papa Francisco, en la JMJ Lisboa 2023, 4-8-2023 

4 de agosto de 2023.- (Camino Católico  La ya famosa ‘Colina del Encuentro’ en el Parque Eduardo VII se ha llenado de 800.000 jóvenes desde primera hora de la tarde para vivir el tradicional Vía Crucis de la JMJ. Francisco, que una vez más ha llegado a bordo del papamóvil, ha escuchado los clamores de un mundo que sufre y ha dirigido un nuevo mensaje a los jóvenes peregrinos y ha rezado junto a ellos.

Video completo de Vatican News de todo el Vía Crucis

El Papa Francisco al inicio del rito les ha dirigido una alocución meditativa en la que ha afirmado: Jesús espera colmar, con su cercanía, nuestra soledad. ¡Qué tristes son los momentos de soledad! Él está ahí, Él quiere colmar esa soledad. Jesús quiere colmar nuestro miedo, tu miedo, mi miedo, esos miedos oscuros los quiere colmar con su consolación, y Él espera a empujarnos, a abrazar el riesgo de amar. Porque ustedes lo saben, lo saben mejor que yo: amar es riesgoso. Hay que correr el riesgo de amar. Es un riesgo, pero vale la pena correrlo, y Él nos acompaña en esto. Siempre nos acompaña. Siempre camina. Siempre, a lo largo de la vida, está junto a nosotros».

Foto: Vatican Media

Después comenzó un Vía Crucis interpretado y bailado por los jóvenes, que en cada estación pasaban la cruz de un piso a otro del escenario del altar acompañándola con diferentes coreografías incluso colgados con arneses, y que el papa siguió con atención.

En las meditaciones de las 14 estaciones del Vía Crucis se fueron relatando los grandes problemas de la juventud de hoy desde la falta de un futuro, a los problemas de ansiedad o la dependencia de los «me gusta» en las redes sociales.

Esta tarde en Lisboa han resonado los problemas que resuenan en los corazones de los jóvenes y que toda la sociedad no debería jamás olvidar: los problemas de salud mental, la violencia, las guerras, las crisis humanitarias, las exclusiones, el mundo individualista, el agotamiento. En el vídeo de Vatican News se visualiza toda y escucha todo el Vía Crucis y el texto completo de las meditaciones es el siguiente:

Foto: Vatican Media

Alocución-meditación del Santo Padre Francisco

Video completo de 13 TV de la alocución del Papa

Queridos hermanas y hermanos, buenas tardes. Ustedes hoy van a caminar con Jesús. Jesús es «el camino» (Jn 14,6) y vamos a caminar con él, porque él caminó, cuando estuvo entre nosotros Jesús caminó, caminó curando a los enfermos, atendiendo a los pobres, haciendo justicia, caminó predicando, enseñando al otro. Jesús camina, pero el camino que más está grabado en nuestro corazón es el camino del Calvario, el camino de la cruz y hoy ustedes van con la oración, nosotros, yo también, con la oración a renovar el camino de la cruz. Y miremos a Jesús que pasa y caminemos con él.

El camino de Jesús es Dios que sale de sí mismo, sale de sí mismo para caminar entre nosotros. Eso que escuchamos tantas veces en la Misa, “y el Verbo se hizo carne y caminó entre nosotros”. ¿Se acuerdan? “Y el Verbo se hizo hombre y caminó entre nosotros”, y eso lo hace por amor. Y la cruz que acompaña cada Jornada Mundial de la Juventud es el ícono, es la figura de este camino. La Cruz es el sentido más grande del amor más grande. Ese amor con Jesús quiere abrazar nuestra vida. ¿Nuestra? Pero sí, la tuya, la tuya, la tuya, la de cada uno de nosotros. Jesús camina por mí, lo tenemos que decir todos. Jesús empieza este camino por mí, para dar su vida por mí, y nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos, el que da la vida por los demás. No se olviden esto, nadie tiene más amor que quien da la vida y esto lo enseñó Jesús. Por eso cuando miramos el crucificado, que es tan doloroso, una cosa tan dura, vemos la belleza del amor que da su vida por cada uno de nosotros.

Decía una persona muy creyente, una frase que a mí me tocó mucho. Decía así: “Señor, por tu inefable agonía puedo creer en el amor”. Y Jesús camina pero espera algo, espera nuestra compañía, espera que miremos. No sé, espera abrir ventanas de mi alma, de tu alma, del alma de cada uno de nosotros.

Qué feas son las almas cerradas, que siembran para adentro, sonríen para adentro, no tienen sentido, Jesús camina y espera con su amor, espera con su ternura darnos consuelo, enjugar nuestras lágrimas.

Yo les hago una pregunta ahora, pero no la contesten en voz alta. Cada uno se la contesta para sí: ¿Yo lloro de vez en cuando? ¿Hay cosas en la vida que me hacen llorar?

Todos en la vida hemos llorado y lloramos todavía. Y ahí está Jesús con nosotros, Él llora con nosotros. Porque nos acompaña en la oscuridad que nos lleva al llanto. Voy a hacer un poquito de silencio y cada uno le diga a Jesús por qué llora en la vida. Cada uno de nosotros se lo dice a Jesús ahora, en silencio.

(SILENCIO)

Jesús con su ternura enjuga nuestras lágrimas escondidas. Jesús espera colmar con su cercanía nuestra soledad. Qué tristes son los momentos de soledad. Él está ahí, Él quiere colmar esa soledad. Jesús quiere colmar nuestro miedo, tu miedo, mi miedo. Esos miedos oscuros, los quiere colmar con su consolación. Y Él espera a empujarnos, a abrazar el riesgo de amar. Ustedes lo saben, lo saben mejor que yo. Amar es riesgoso. Hay que correr el riesgo de amar. Es un riesgo, pero vale la pena correrlo y Él nos acompaña en esto. Siempre nos acompaña, siempre camina, siempre a lo largo de la vida está junto a nosotros.

Yo no quisiera abundar más cosas. Hoy vamos a hacer el camino con él, el camino de su sufrimiento, el camino de nuestras ansiedades, el camino de nuestras soledades.

Ahora, un segundito de silencio y cada uno de nosotros piense en el propio sufrimiento, piense en la propia ansiedad, piense en las propias miserias. No tengan miedo, piensen y piensen en las ganas de que el alma vuelva a sonreír. Y Jesús camina a la cruz, muere en la cruz para que nuestra alma pueda sonreír. Amén.

Francisco

Papa Francisco con todos los jóvenes que han escenificado el Vía Crucis / Foto: Vatican Media

1.- Jesús es condenado a muerte

Señor, Pilatos firmó el decreto. Firmó el decreto que extinguió Tu futuro. «Este ser humano debe morir; ya no tendrá futuro».

Muchos jóvenes sienten esto hoy, Señor, que nos quitan el futuro. Se nos dice que la vida está llena de oportunidades, pero es difícil ver dónde están esas oportunidades cuando el dinero no alcanza, cuando no se consigue trabajo y cuando tener acceso a la educación es en la práctica, muchas veces imposible.

Señor, incluso cuando te condenaron a muerte, no te dejaste abatir. Le explicaste a Pilato que no tendría poder sobre Ti si Dios no lo permitía. Y con el Padre a tu lado, seguiste adelante, confiando en el futuro. Enséñanos a hacer lo mismo.

2.- Jesús toma la cruz sobre sus hombros

Pusieron sobre tu espalda un pesado tronco de madera. Y ya Te habían torturado. ¡Qué violencia, Señor! Viviste en un mundo violento y fuiste víctima de esa violencia.

El mundo en el que vivimos quizá no sea muy distinto. Guerras, bombardeos, tiroteos masivos, pero también violencia en los matrimonios y en las relaciones, maltrato infantil, acoso escolar, abuso de poder, familias en las que se lanzan palabras que son peores que las piedras.

Te pusieron una cruz en la espalda, pero Tú, Señor, no te rendiste. ¿Dónde encontraste la fuerza para caminar? Te imagino diciéndote a Ti mismo: «El amor triunfará sobre la violencia». Señor, dame la fuerza para amar.

Foto: Vatican Media

3.- Jesús cae por primera vez

Lo siento, Señor, no estoy acostumbrado a ver a mis héroes abandonados en el suelo con la boca llena de tierra. ¿Por qué te has sometido? Es demasiado abandono; es demasiada soledad.

Tú, solo. Así me siento también a veces cuando espero un mensaje que no llega o un abrazo que no aparece. A veces pienso que es culpa mía, que no sirvo para esto y que me cierro en mi mismo; otras veces pienso que vivo en un mundo egoísta en el que cada uno sólo piensa en sí mismo. No lo sé, sólo sé que hay muchos jóvenes solos; incluso cuando están rodeados de gente.

Te miro caído en el suelo. Te imagino levantando la cabeza y mirándome. Te imagino diciendo: «Caigo contigo para levantarte conmigo. Vamos, levántate y avanza. Vayamos juntos».

4.- Jesús se encuentra con su Madre

Probablemente, entre los gritos de la multitud, oyó la voz de Su madre. Una voz suave e inconfundible. «Hijo mío. Estoy aquí». Buscaste su rostro. Lo encontraste sereno diciendo «sí» con la cabeza. «Sí». Eso era todo lo que necesitabas ver. Una señal de confirmación. Una señal que venía del amor puro. Como diciendo: «Adelante, comprométete, comprométete con el Bien. Dios te ayudará».

Háblame al oído, Madre de Jesús. Háblame de amor, háblame de compromiso. De compromiso con el Bien. No dejes que me siente a esperar. Esperando el «momento ideal», a la persona ideal, al trabajo ideal, a la Iglesia ideal. No me dejes sentarme y preguntarme, mientras el mundo sigue adelante sin mí y sin lo que yo tendría que darle. María, ayúdame a abrazar mi vocación.

Foto: Vatican Media

5.- Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la Cruz

Los soldados obligaron a un hombre llamado Simón a llevar la cruz de Jesús. No se lo pidieron, le obligaron. A la fuerza. Era un campesino. Ni siquiera era romano. No valía, no tenía derecho a decir si quería o si no quería.

Hoy, el mundo también está lleno de exclusiones e intolerancias. Hay minorías que no tienen derecho a hablar, ni siquiera a existir. En muchos países, ni siquiera puedes practicar tu religión. Muchas personas no pueden expresar libremente sus ideas. Cada grupo quiere imponer su manera de ver y expulsar a quien piense diferente. A veces incluso dentro de la Iglesia. A veces incluso dentro de nuestros propios corazones.

Tú, Señor, has sido víctima de la intolerancia. Pero no te dejaste dominar por el odio. Y por eso puedes ser puente entre todos. Enséñanos a ser constructores de puentes allí donde estemos.

6.- La Verónica limpia el rostro de Jesús

Señor, una mujer atravesó la multitud para limpiar tu rostro y tu imagen quedó grabada en su pañuelo. Amar es así, es dejarse conmover por el rostro del otro, aunque esté desfigurado. El rostro del niño que amas, del amigo que amas, del pobre que amas, de la mujer o del marido que amas. El rostro de la Iglesia que amas, aunque esté desfigurado. Amar es dejarse atraer por el rostro del otro.

Pero los jóvenes vivimos en un mundo individualista. Nos han dicho mil veces que lo más importante es nuestra imagen y nuestra autorrealización. Que tenemos derecho a ser felices y que debemos pensar primero en nosotros mismos. Y aquí estamos, egocéntricos, cada uno centrado en su móvil, en su negocio, en su isla, esperando una felicidad que no llega. Porque la verdadera felicidad está en dejarse atraer por el rostro del otro.

Foto: Vatican Media

7.- Jesús cae por segunda vez

¿Otra vez en el suelo, Señor? Cuando caemos una vez, pensamos que fue un accidente, que fueron las circunstancias. Cuando caemos más a menudo, tenemos miedo. Miedo de que haya algún problema profundo en nosotros. Un desequilibrio.

Hoy, Señor, muchos jóvenes tenemos la cabeza complicada. Sufrimos ansiedades y depresiones, problemas de alimentación, agotamiento. A veces nos cuestionamos quiénes somos y si merece la pena vivir. A veces nos sentimos muy deprimidos, con los pies en la tierra. Peor que tener un problema es ser un problema.

Te miro tendido en el suelo. Te imagino diciendo: «Me caigo contigo para levantarte conmigo. Sigue adelante, busca ayuda, ponte de pie y avanza. Vamos juntos».

8.- Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

En el camino, Señor, te encontraste con mujeres que lloraban por Ti: «No lloréis por mí -les dijiste-, llorad por vosotras y por vuestros hijos». No querías lágrimas fáciles que no cambiarían nada. Querías que pensaran en sí mismas y en qué clase de mundo dejarían para la próxima generación, para el futuro.

Nosotros también nos preguntamos cómo será nuestro futuro en este planeta. Asistimos al consumo incontrolado de los recursos de la Tierra, a la extinción de especies, a la devastación de los bosques. Nos asusta el cambio climático y nos sentimos muy inseguros ante el futuro. Y todo esto va asociado a estilos de vida desequilibrados que hacen que algunos mueran de hambre mientras otros enferman por comer en exceso.

Señor, enséñanos a llevar estilos de vida más sencillos, más solidarios, más conscientes de las consecuencias, más cercanos a lo esencial. Más como Tú.

Foto: Vatican Media

 

9.- Jesús cae por tercera vez

¿Por tercera vez en el suelo, Señor? Temo por Ti, temo que no seas capaz de levantarte. O que vuelvas a caer en cuanto te levantes.

Tal vez quieras acercarte a esos jóvenes que vuelven a caer cada vez que intentan levantarse. Les acusan de ser débiles, de no ser capaces de resistir a las drogas, a la pornografía, al alcohol. Les acusan de refugiarse en sus pantallas hasta el punto de convertirse en adictos. Simplemente no entienden que levantarse puede requerir una fuerza que ya no tienen. Y una fe que ya han perdido.

Te miro tendido en el suelo. Te imagino diciéndole a cada joven con una adicción: «Caigo contigo para que puedas levantarte conmigo. Ve, busca ayuda, levántate y sigue adelante. Conmigo, esta vez, lo lograrás. Vayamos juntos».

10.- Jesús es despojado de sus vestidos

Te han despojado, Señor, te han despojado de tus vestiduras. Te miro, sereno y confiado en tu verdad desnuda. Incluso sin ropa Tú no dejas de ser quien eres porque nunca te preocupaste de construir una imagen de Ti mismo. Tú en tu humildad, Tú en tu integridad. Tú en tu verdad.

Pero vivimos en una tierra de espejos donde lo que cuenta es la apariencia, la imagen. Selfies y más selfies. La tiranía del cuerpo correcto y la sonrisa perfecta. Fotos de ti mismo en las redes sociales en poses cuidadosamente estudiadas. Posts artificiales a la espera de los likes de los demás. La terrible sensación de no poder ser nosotros mismos, de tener que vendernos para gustar y no estar aislados. Narcisismos que, al final, nos dejan solos en islas lejanas.

Y Tú, desnudo, igual a Ti mismo, sin vergüenza de ser quien eres. No viviste para la imagen, sino para el Bien. Enséñame, Señor. Dame la fuerza para ser diferente, para no vivir para la imagen, sino en fidelidad a mi conciencia.

Foto: Vatican Media

11.- Jesús es clavado en la Cruz

Un clavo en cada muñeca, un tercer clavo en los pies. Así fue atado. Aún así te gritaban desde abajo: «¿No eres Tú el Hijo de Dios? ¡Baja de la Cruz!». Pero la Cruz no era una situación en la que te encontrabas por casualidad; era la consecuencia inevitable de no haber renunciado a amar hasta el final. La confrontación entre el amor y la violencia del mundo.

Hoy en día, muchas personas tratan desesperadamente de huir de situaciones inhumanas. Huyen de la guerra, del hambre, de la falta de agua, de la persecución política. Su casa ya no es su refugio, sino el lugar probable de su muerte. Intentan encontrar refugio en algún otro lugar del mundo, al que algún día puedan llamar «hogar».

12.- Jesús muere en la Cruz

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Te abandonaste en los brazos del Padre. Exhalaste el último suspiro y moriste. Y contigo murieron todas las palabras que no pudiste decir, todos los abrazos que no pudiste dar, todas las curaciones que no pudiste realizar.

Parece un desperdicio, Señor. ¡Cuántas cosas buenas podrías haber hecho en unas cuantas décadas más de tu vida! Y, sin embargo, tus palabras fueron: «Todo está cumplido». No quedó nada por hacer. Porque allí, en la Cruz, nos dejaste todo lo necesario para salvarnos: puro amor, aunque fuera impotente y aparentemente inútil.

Hoy sólo cuentan los que producen. Los ancianos no cuentan, los discapacitados no cuentan, los parados no cuentan, los soñadores no cuentan. Y no cuentan los juegos de los niños, tantas veces obligados a trabajar para ganar dinero o a estudiar cada vez más para ser un día «verdaderos triunfadores» en el mercado laboral.

Sin embargo, lo que salva es el amor. ¡Escóndeme en tus llagas de amor, Señor!

Foto: Vatican Media

13.- Jesús es bajado de la Cruz y entregado a Su Madre

Piedad. Jesús en brazos de María. Un hijo en el regazo de su madre. La verdad más pura del amor desinteresado. La Palabra que descansa en el silencio.

Y nosotros, perdidos en un mundo saturado de palabras apresuradas, de información, de noticias, de publicidad, de intereses, en el que ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira, ¡ni sabemos a quién creer!

Señor, no tengo que saberlo todo, no quiero saberlo todo. Sólo quiero saber lo que es importante saber para ser mejor persona y crear un mundo más humano. Dame un gran amor por todo lo que en el mundo es puro y verdadero y sencillo y humano.

14.- Jesús es depositado en el sepulcro

El cementerio. El fin. Cuando la piedra rodó sobre la entrada del sepulcro, parecía que todo había terminado definitivamente. Parecía, Señor, que Tú y tu camino de amor no habían sido más que una ilusión. Una engañosa esperanza en un hipotético triunfo del bien sobre el mal. Parecía que todo se había acabado, que había que ser realistas, que el mundo era realmente para los listos y no para los que sueñan con el bien, como Tú.

Muy a menudo en nuestras vidas parece no haber futuro. No vemos ninguna luz al final del túnel. Nos da miedo mirar hacia delante. No podemos tomar decisiones, no vemos por dónde puede seguir la historia, sólo vemos el camino bloqueado por grandes piedras ante nosotros.

Es entonces cuando necesitamos oír la voz de María. Nos habla de los finales que son comienzos, de la aparente muerte de un árbol en invierno cuando apenas se está preparando para florecer en primavera. De las tumbas que son puertas a la resurrección.

Caleb en la JMJ: «Mis padres se divorciaron, me deprimí, me hice adicto a las drogas y decidí terminar con mi vida, pero unido a Jesús en la Eucaristía se ha sanado mi alma»

Esther ante el Papa: «Me perdí en el mundo, aborté, el Señor en su infinita misericordia salió en mi busca, sentí un amor tan grande y me confesé por primera vez en mi vida»

Papa Francisco a jóvenes en Vía Crucis de la JMJ, 4-8-2023: «Jesús espera colmar, con su cercanía, nuestra soledad, los miedos y espera a empujarnos a abrazar el riesgo de amar»


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