Santiago Souviron, periodista: «Yo con el Señor hablo de todo. la oración es el mejor vehículo para conocerme, buscar mi mejor yo y ponerlo al servicio de Dios y de los demás»

* «La oración no es una opción, es una necesidad. Cada vez que rezo siento paz interior, me siento bien conmigo mismo. Eso antes lo tenía infravalorado, pero lo veo cada vez más importante: sentir paz interior. Parece sencillo decirlo, pero no tanto tenerla. La recomendaría a todos precisamente por eso, porque te da paz. Porque permite descubrirte. Porque te da la oportunidad de ser mejor. Porque en la oración no hay dobleces, ni interpretaciones, ni lecturas, ni dejas nada en el tintero. En la oración te desnudas ante ti y ante Dios. Y ahí ves todas tus debilidades, pero también todas tus oportunidades. La oración es el alimento del alma. Y a veces no nos damos cuenta de que el alma también hay que cuidarla y alimentarla»

Camino Católico.-  Santiago Souviron Gross (Málaga, 1980), periodista y subdirector de Canal Málaga RTV, es conocido por su devoción cofrade, en la que expresa una honda fe cristiana que bebe de la oración y la Eucaristía. «A rezar me enseñaron a partes iguales la familia y el colegio. La oración y la Eucaristía han formado parte de mi vida desde que nací», explica a Ana María Medina en la web de la Diócesis de Málaga.

«Recuerdo desde muy pequeño rezar cada noche antes de ir dormir; y a mi padre, que nos persignaba a mis hermanos y a mí antes de apagar la luz. Formaba parta de nuestra rutina diaria, de las cosas esenciales de nuestro día a día», recuerda.

«Estudié en un colegio de los Jesuitas (San Estanislao de Kostka) y la oración y los valores cristianos formaron parte de mi educación desde el primer día. Ahí jugó un papel fundamental el Padre Tejera. Todavía cierro los ojos y me veo con 6 ó 7 años en su despacho aprendiendo las primeras oraciones y cánticos a la Virgen María».

Para Souviron, el momento central en su vida de fe es la Eucaristía, toda una fiesta que vivir junto a los suyos. «El domingo siempre ha sido en casa el día importante de la semana, primero íbamos a misa (a veces con mi abuela) y después o salíamos a comer o mis padres organizaban algún acontecimiento que fuera diferente», explica.

La oración una necesidad

Este periodista no tiene reparos en afirmar que la oración es algo fundamental en su día a día. «No entiendo mi vida sin ella. La he vivido, aprendido y practicado desde pequeño; es cierto que la intensidad y la forma de rezar ha ido variando según las diferentes etapas naturales por las que pasamos las personas, pero siempre ha estado ahí. En el aspecto más personal y hablando más del presente, la oración es el mejor vehículo para conocerme, para examinarme, para aprender, para rectificar, para mejorar… En definitiva, para seguir buscando mi mejor yo y ponerlo al servicio de Dios y de los demás».

También es un salvavidas cuando la vida se ha vuelto más dura. «No te voy a engañar, y cuando más me he apoyado en ella es en los momentos más difíciles. Creo que el ser humano, por naturaleza y salvo contadas excepciones, tiende a ser un poco egoísta en este sentido. Me agarro más a ella cuando aprieta la necesidad, la angustia, el dolor, el sufrimiento o la desesperanza, que cuando tengo que dar gracias por todo lo bueno que tengo o que me pasa. En realidad cuando lo pienso me avergüenzo un poco porque recurro más a la oración en la petición que en el agradecimiento, cuando en realidad, si lo pienso fríamente, tengo en general muchos más motivos para dar gracias que para pedir», asegura.

Y es que, para este periodista «la oración no es una opción, es una necesidad. Cada vez que rezo siento paz interior, me siento bien conmigo mismo. Eso antes lo tenía infravalorado, pero lo veo cada vez más importante: sentir paz interior. Parece sencillo decirlo, pero no tanto tenerla. La recomendaría a todos precisamente por eso, porque te da paz. Porque permite descubrirte. Porque te da la oportunidad de ser mejor. Porque en la oración no hay dobleces, ni interpretaciones, ni lecturas, ni dejas nada en el tintero. En la oración te desnudas ante ti y ante Dios. Y ahí ves todas tus debilidades, pero también todas tus oportunidades. La oración es el alimento del alma. Y a veces no nos damos cuenta de que el alma también hay que cuidarla y alimentarla», reconoce.

La profunda y coherente fe de un Cofrade

Santiago Souvirón es un cofrade ampliamente comprometido con diversas Cofradías malagueñas donde vive en profundidad su fe y asegura que «la Semana Santa es una de las partes más importantes de mi vida». Es hermano de las Cofradías «Estudiantes desde que nací. También pertenezco a Monte Calvario, Santa Cruz, Dolores de San Juan, Mena, Sepulcro y Servitas. He portado los tronos de la Virgen de Gracia y Esperanza durante más de 20 años, los dos titulares de Monte Calvario y Mena y la Virgen de la Esperanza».

Santiago Souviron pronunciando el pregón de la Semana Santa de Málaga 2018

El 17 de marzo de 2018, Santiago Souviron pronunció el pregón de la Semana Santa de Málaga y en el subrayó que «no se nos puede llenar la boca para defender los valores cristianos de puertas hacia fuera y darles la espalda de puertas hacia adentro. Tenemos que darle sentido a nuestro ser cofrade desde la raíz, desde la verdad. Tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos: ese es el verdadero mensaje, de ahí nace todo, es lo que le da sentido a lo que vamos a vivir».

Precisamente en una carta abierta como pregonero de la Semana Santa 2018 invitaba: «Salid a la calle a rezar sin complejos. Desde un balcón, desde una silla, en un encierro, en una salida, en cualquier rincón o en cualquier momento. Rezad bajo la penitencia del hábito nazareno, en el esfuerzo colectivo del varal, en cada nota de los instrumentos, con cada color que salga del pincel, con cada cincelado o golpe de gubia, rezad en cada flor y cada alfiler que salga de vuestras manos. Salid a expresar vuestros sentimientos sin miedos y con la libertad que os dicte vuestro corazón».

Diana Navarro y Santiago Souviron con la torre de la catedral de Málaga al fondo en el programa especial de fin de año 2020, transmitiendo las campanadas de entrada de 2021

La Salve

Santiago Souviron reconoce que no tiene un protocolo ni una rutina establecida para rezar. «Creo que siempre es buen momento para hacerlo, esté donde esté —afirma—. Es cierto que en la noche, antes de dormir, quizás por esa rutina que tengo desde pequeño, encuentro un momento de tranquilidad que me permite analizar las cosas con más detenimiento y distancia. Y eso lo hago a través de la oración.

Pero también he rezado en el trabajo, en la calle, de viaje, en el coche o cuando me he enterado de alguna circunstancia que me haya invitado a rezar. Soy de los que sale a la calle y si ve una iglesia abierta, entra y dedica unos minutos a rezar, especialmente si es en el Santo Cristo de la Salud, delante de los Sagrados Titulares de mi cofradía de los Estudiantes».

Como ferviente admirador y enamorado que es de la Virgen María, entre sus oraciones preferidas está el Avemaría o el canto de la Salve. «Pero yo sobre todo recomendaría el diálogo con el Señor. Para mí es la mejor oración, la más sincera y la que mejor se ajusta a cada momento.

Yo con el Señor hablo de todo. Puede parecer raro lo que voy a decir, pero yo en esas conversaciones que tengo con Él me he enfadado, me he distanciado, reconciliado, reído, llorado… Y en todas esas circunstancias siempre me he sentido comprendido y acompañado. He tenido situaciones en la vida que no he asimilado, que me han dolido y hecho sufrir, y en las que quizás por rebeldía y por dudas he pedido explicaciones y puesto tierra de por medio; incluso ahí, he sentido que el Señor estaba cerca», confiesa.

Dios te salve, Reina
y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.
A ti llamamos
los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos;
y después de este destierro,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh, clementísima, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!


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