Sor Victoria de la Cruz, adoratriz, cumple 108 años “muy feliz” y dando “gracias a Dios por ser religiosa, estar viva y haber ayudado a los demás”

* “Me levanto a las 5´30 de la madrugada, como de todo, duermo bien y procuro no usar ascensor. No tengo ninguna preocupación, ninguna cosa que me moleste o que me haga sufrir, estoy muy bien. Hasta hace unos años dedicaba mi labor a atender y ayudar a otras personas pero ahora no puedo ya, tengo bastante conmigo misma”

15 de julio de 2015.- (AVAN / Camino Católico) La religiosa española Victoria de la Cruz, perteneciente a la congregación de las Adoratrices, ha cumplido recientemente 108 años de edad en Japón, a donde llegó por primera vez en 1936 como misionera y donde reside actualmente.

En declaraciones a la agencia AVAN, la religiosa, malagueña de origen y con familia en Valencia, ha expresado su “profunda alegría” por haber podido ejercer su labor durante este tiempo “ayudando a los demás, en momentos muy complicados” como fue la Segunda Guerra Mundial.

Sor Victoria de la Cruz que cumplió 108 años el pasado 24 de junio, llegó a Japón en enero de 1936 a bordo de un barco en una travesía que duró dos meses y cuando Japón entró en la Segunda Guerra Mundial, tuvo que marchar desde Tokio a las montañas de Karuizawa, al norte de la capital japonesa, junto a las religiosas de su comunidad. 

“Me acuerdo perfectamente de aquellos momentos difíciles que pasamos durante la guerra, sufrimos entonces muchísimo frío, teníamos poca comida, y pasamos de todo, hasta que acabó la guerra y todos nos marchamos a la ciudad de Yokohama, al sur de la capital”, ha señalado la religiosa adoratriz.

Durante aquellos años “vivimos momentos muy complicados pero, por misericordia de Dios, estoy viva y coleando con mis ciento y pico de años y doy gracias a Dios porque además tengo buena salud”, ha expresado a AVAN entre risas.

“Me levanto a las 5´30 de la madrugada, como de todo y procuro no usar ascensor”

Victoria de la Cruz se levanta cada día a las 5,30 de la mañana, “como de todo o casi todo y duermo bien, subo y bajo y procuro no usar el ascensor”, y , además, “no tengo ninguna preocupación, ninguna cosa que me moleste o que me haga sufrir, estoy muy bien y doy gracias a Dios y a todos”.

“Hasta hace unos años dedicaba mi labor a atender y ayudar a otras personas pero ahora no puedo ya, tengo bastante conmigo misma”,ha precisado la religiosa española, que ha señalado que “ahora estoy bien, vivimos en una casa en las afueras de Tokio y tenemos de todo”.

Asimismo, la misionera, que ha recordado que su onomástica será el próximo 8 de septiembre, en la festividad de la Virgen bajo la advocación de Victoria de la Cruz, ha asegurado que da también “gracias a Dios” porque “tengo la cabeza bastante clara y puedo decir que soy feliz”. Finalmente, ha pedido “que me encomienden siempre a la Virgen de los Desamparados”.

Fundó un colegio en California

Durante sus años como misionera, Victoria de la Cruz ha ejercido su labor en distintos colegios, llegando a ser superiora en varias de las comunidades por las que ha pasado e, incluso, fundadora de algún centro. Así, tras unos años de misión en Japón, fue destinada a California, durante seis años para fundar un colegio en la ciudad de Dos Palos, y de nuevo regresó a Japón para continuar sus responsabilidades.

Actualmente, permanece en la ciudad de Kitami, en Tokio, en una residencia de religiosas, en donde existen tres comunidades “que se reúnen para rezar, participar en las eucaristías y comer juntas”, ha indicado.

Ha viajado a Valencia varias veces para rezar ante la fundadora 

Victoria de la Cruz ha viajado en varias ocasiones a Valencia, en donde ha residido con su familia valenciana, para visitar la comunidad de las religiosas Adoratrices y rezar ante su fundadora, Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, que falleció en 1865 al contagiarse en una epidemia de cólera cuando se encontraba en Valencia para ayudar a otros enfermos.

En la actualidad, las religiosas Adoratrices en Valencia, a donde llegaron en 1858, cuentan con dos comunidades que acogen a jóvenes toxicómanas y en proceso de rehabilitación en dos pisos de Valencia. Además disponen de una capilla, en su comunidad de la calle Hernán Cortés de Valencia, donde reposan y son veneradas las reliquias de su fundadora.

 

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