Violeta Del Valle buscó la verdad en la Nueva Era y el Corán, pero entró en una catedral: «Había un Cristo en la cruz, caí de rodillas, me pasaron todos mis pecados y me confesé»

* «Yo no quería ser católica, no podía. Me había pasado la vida criticando a la Iglesia, pero Jesús te busca. Fue la Virgen María la que me trajo de vuelta, viendo testimonios, películas e historias de la Virgen de Garabandal, Medjugorje y Guadalupe. No sabía rezar el rosario, pero empecé a hacerlo mucho antes de confesarme. Fue ella la que me trajo»

Camino Católico.- Violeta Del Valle, aunque criada en una familia católica, se ve metida en el mundo desde su juventud: fiestas, chicos, moda, Nueva Era… Tras recibir un golpe muy fuerte al romper con su novio, con el cual tenía expectativas de casarse y tener una familia, Violeta cae de lleno en el mundo y desprecia a la Iglesia. Acabará trabajando como guía turística, viajando mucho por el mundo y buscando la verdad y la felicidad en cualquier sitio.

“Busqué  en todos los derroteros que ofrece el mundo», pero tenía claro que «nunca sería católica» explica. Una experiencia mística ante un crucifijo en la Catedral de Bilbao le hizo darse cuenta, años después, de que estaba equivocada: «Dios siempre me había estado buscando«.  Violeta cuenta su testimonio de conversión en el programa «Cambio de Agujas» de H.M. Televisión.

Violeta Del Valle cuando hizo su Primera Comunión

Nació en una familia católica, pero la falta de una práctica y educación religiosas hicieron que Violeta pronto se alejase de la fe: «Recuerdo que de pequeña rezaba y hablaba con Dios todas las noches. En esa época veníamos de una España muy católica, pero al llegar la adolescencia mis padres me dejaron libre y me perdí por todos los derroteros que te ofrece el mundo».

La familia de Violeta estaba desestructurada y en esa situación «te agarras a lo que tienes: amigos, salir, fumar, drogas, alcohol…« Ella siempre buscó el amor, especialmente en su primer novio, un joven católico que buscaba su vuelta a la fe.

«Era muy religioso, me hablaba de la confesión, de su director espiritual y de muchas cosas que me sonaban a chino», relata. Cuando llevaban 4 años de relación, supo que su novio tenía tendencias homosexuales y eso supuso el fin de la relación y la entrada de Violeta en una profunda crisis: «Se me cayó todo y me pasé años dando tumbos. Supongo que siempre tuve ansias de Dios, pero la buscaba en muchos otros sitios y se me fue todo al garete».

Esa experiencia le alejó por completo de la fe pero nunca culpó a Dios de ello. «Durante años me volví muy crítica con la Iglesia, seguía creyendo en Dios pero dejé de creer en el matrimonio y la Iglesia. No sabía dónde practicar la espiritualidad y la busqué en el Corán y el taoísmo y empecé a practicar el budismo».

Violeta se dedicaba profesionalmente al turismo y aprovechó sus viajes a varios países árabes o Tailandia para investigar la espiritualidad islámica y budista, lo que le llevó a practicar yoga, meditación y adentrarse en la Nueva Era.

«Siempre era una búsqueda y un vacío, todo era contradictorio, te lo vendían como algo para encontrar una paz que nunca alcanzabas. Te decían que era porque no lo hacías bien y siempre era una insatisfacción, pero yo creía que esa era la verdad, que en la Iglesia eran unos manipuladores y que la fe era el opio del pueblo«, relata.  Sin embargo, Violeta, por su trabajo tenía que visitar con frecuencia iglesias y catedrales, a las que «veía como un museo y entraba con respeto, pero no como la casa de Dios».

Violeta Del Valle en uno de sus viajes

Un día entró a ver la catedral de Bilbao y en ese lugar cambió su vida: «En lugar de ir al altar mayor me llamó algo de una capilla lateral, muy sencilla, donde había un Cristo en la cruz, nada más. Caí de rodillas, me empezaron a pasar todos mis pecados y perdí la noción del tiempo. Lo siguiente que recuerdo es que estaba en la sacristía con una monja, le conté mi experiencia y cuando salí sentí mucho dolor por mi vida. Los tres días siguientes los pasé sintiendo un amor que no entendía de donde venía«.

Luego, durante ocho años no fue capaz de encontrar el sentido a lo que sucedió en la catedral: “Yo no quería ser católica, no podía. Me había pasado la vida criticando a la Iglesia, pero Jesús te busca». Conversaciones esporádicas sobre la Virgen y Medjugorje, conocidos que le hablaban sobre la fe… el último suceso que le hizo plantearse la fe fue al recibir a unos testigos de Jehová que llamaron a su puerta.

«Ellos conocían la Biblia con 20 años y yo no. Me daba vergüenza decirlo, pero empecé a leer la Biblia y ver vídeos de conversiones en H.M. Televisión del Hogar de la Madre. Aunque cada una era diferente, todo el mundo describía el sentimiento del amor de Dios y entendí que es lo que me había ocurrido a mí pero no había sabido verlo: Me di cuenta de que tenía que volver a la Iglesia», admite.

Fue en marzo de 2020, cinco días antes del confinamiento provocado por la pandemia, Violeta entró a la iglesia de la Santa Cruz en Madrid: «Entré, vi al sacristán y le pedí confesar. Me vio llorar hablándome de mis pecados y me dijo: `sal fuera y reza tres avemarías´. Qué generosa es la Iglesia que con 35 años sin confesar te perdona con tres avemarías», se dijo así misma.

Violeta, ansiosa por confesar desde hacía semanas, se encontró encerrada en su casa durante meses al igual que millones de personas en todo el mundo a causa de la pandemia. Pasó dos meses en casa haciendo comunión espiritual, veía la misa todas las tardes por internet y rezaba porque volviesen a abrir las iglesias hasta que «por fin», el 12 de mayo, pudo asistir presencialmente. «Estaba feliz de poder comulgar».

Después de décadas alejada de la Iglesia, Violeta recuerda su primer año de regreso a la fe como un «enamoramiento absoluto», iba a misa todos los días y rezaba el rosario en cada momento. Sin embargo, también tuvo «pérdidas» como una grave enfermedad de su madre, el desempleo tras la pandemia o la amenaza de quedarse, como tantos otros entonces, sin hogar. «El Padre me ha puesto esas pruebas para hacerme fuerte y cuantas más me pone, más me agarro a Él», asegura.

Afirma que su conversión se produjo gracias a la Virgen María. «Tengo que darle tantas gracias. Al volver a la Iglesia, fue la Madre la que me trajo de vuelta, viendo testimonios, películas e historias de la Virgen de Garabandal, Medjugorje y Guadalupe. No sabía rezar el rosario, pero empecé a hacerlo mucho antes de confesarme. Fue ella la que me trajo».


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