Violeta Ferrera apartó a Dios de su vida, era proaborto y promiscua, «busqué en la Nueva Era y el esoterismo hasta que el Sagrado Corazón de Jesús me rescató»

* «Jesús esperó respetuosamente hasta cuando yo ya no podía más para decirme: vengo a rescatarte, vengo a salvarte. Y sin reproches, sin pedir cuentas. Estoy aquí contigo, no tengas miedo, tengo algo grande para ti. Jesús hablaba a mi corazón, con delicadeza y paciencia, dándome conciencia de hasta qué punto todo lo que había hecho en el pasado me había ido destruyendo lentamente. Es mi historia de amor a Dios. Cuando yo renuncio a algo por Él, Él me responde con algo mejor. El cielo es mi verdadero hogar y mi destino final»

Camino Católico.-  Anticlerical, proaborto, manipuladora, materialista. Estas palabras las utiliza Violeta Ferrera para poner en contexto su valiente y generoso testimonio de conversión que cuenta en un vídeo de Mater Mundi TV.

Violeta creció en una familia numerosa, humilde y sin la figura de su padre. Durante su etapa escolar experimentó la discriminación por su estatus económico. Los comentarios despectivos acabaron generando en ella un total rechazo al clero, a todo lo que tenía que ver con la Iglesia y a Dios.

Por aquel entonces, además, para ella “Dios era un dios lejano, justiciero, que castiga y condena, y todo es pecado”. Decidió que “Dios no me convenía, no me aportaba nada positivo”. Así que lo apartó de su vida.

De los 16 a los 24 años -dice Violeta-, “estaba totalmente inflada de soberbia y orgullo”. Todo lo que se proponía, lo conseguía. “Yo me creía que era dios, que todo lo que sucedía o iba a suceder, solo dependía de mi”. Y se volcó en hacer todo aquello que el mundo espera de ti según los estándares de hoy, para llegar a ser una superwoman.

“Era capaz de todo, obsesionada con el éxito, con superarme en todo, conseguirlo todo”, tanto a nivel profesional, material como sexual. Se sumergió en una vida frenética, sin escuchar más que a su ansia de conseguirlo todo y tener éxito en todo lo que se propusiera. “Me hice manipuladora, negociadora, no importaba ni el qué ni el quién. Todo para ser aceptaba y ser querida, para no vivir de nuevo discriminación y rechazo”.

Así logró llegar a ser muy popular en todos sus entornos. “Era agotador”, confiesa Violeta. Pero, cuanto más aplaudida y triunfadora se suponía, “más grande sentía un vacío dentro de mi que no conseguía entender”. La oscuridad y la tristeza se convirtieron en sus compañeras de viaje.

Cayó en una profunda crisis existencial. Buscó en la nueva era, filosofías modernas, psicología positiva, esoterismo. Por más disciplinada que era en sus aprendizajes, ninguna le llenaba, “en ninguna encontré la alegría”. “Todo era un sinsentido”.

Un día entró en una iglesia y algo le llevó a fijar la vista en un desvencijado lienzo del Sagrado Corazón de Jesús. Allí escuchó: “no tienes nada que temer, estoy contigo”. Aquel día, precisamente, era la festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

Por primera vez sintió que ella no tenía que ocuparse de nada: “Él esperó respetuosamente hasta cuando yo ya no podía más para decirme: vengo a rescatarte, vengo a salvarte. Y sin reproches, sin pedir cuentas. Estoy aquí contigo, no tengas miedo, tengo algo grande para ti”.

Desde aquel primer encuentro con un lienzo desvencijado del Sagrado Corazón, y después, durante mucho tiempo, en el silencio y la oración ante el Sagrario, “Él me iba indicando los pasos a seguir y me iba limpiando”. “Jesús hablaba a mi corazón, con delicadeza y paciencia, dándome conciencia de hasta qué punto todo lo que había hecho en el pasado me había ido destruyendo lentamente”.

Le costó reconocer el pecado de impureza. “No me arrepentía de eso. Vivir en castidad me parecía antinatural y quería mucho a mi pareja”. Pero sintió que el Señor le pedía algo más. Recurrió a la Virgen y acabó descubriendo hasta qué punto su desordenada vida sexual había roto su dignidad de mujer.

“Yo usaba a los hombres, y ellos a mi para satisfacer deseo, pasiones y sexo que nada tienen que ver con el amor verdadero”. En el Sacramento del Perdón, reconciliada con Dios, encontró el restablecimiento de esa dignidad perdida. “Sin los Sacramentos es imposible vivir en castidad”.

“Intento llevar una vida ordenada, con todos mis fallos, pero hacerlo todo por amor, porque es la vida que merece la pena”, nos dice Violeta. “Es mi historia de amor a Dios. Cuando yo renuncio a algo por Él, Él me responde con algo mejor. El cielo es mi verdadero hogar y mi destino final”, afirma.

Ahora el único sueño de Violeta es “cumplir lo que Dios ha soñado para mi”. “Me puede faltar todo, el dinero, la salud, las personas… pero si lo tengo a Él, todo está bien”.

Violeta Ferrera ha escrito un libro que pronto verá la luz en Argentina, gracias a la Editorial Paulinas. Se titula Hablar de la vida es hablar del amor” y “no es mi historia -explica Violeta-, pero tiene que ver conmigo, porque es la historia de una conversión que lleva a la fuente verdadera del amor”.


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