Aprueban el primer milagro atribuido a Chiara «Luce» Badano, joven fallecida en 1990 a los 18 años

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* Murió de un cáncer de huesos que progresivamente la fue invadiendo

chiaraluce_saintb6k.jpg* En la forma de afrontar la enfermedad dio un testimonio profundo de fe que ha conmovido el corazón a miles de jóvenes y personas de todas las edades

* “Si tuviera que escoger entre caminar o ir al Paraíso escogería sin titubear: ir al Paraíso. Ahora me interesa sólo eso”

* Pide a su madre que actúe de la siguiente forma cuando muera:  “Mamá, mientras me preparas deberás repetir siempre: ahora Chiara Luce ve a Jesús…. Sean felices, porque yo lo soy”

13 de enero de 2010.-  Pronto la Iglesia proclamará beata a una joven, fallecida en 1990 a los 18 años: se trata de Chiara "Luce" Badano. Benedicto XVI aprobó la publicación del decreto que reconoce un milagro realizado por Dios gracias a la intercesión de esta muchacha italiana, bella y deportista, el pasado 19 de diciembre, 18 meses después de haber reconocido las virtudes heroicas en julio de 2008. Es el primer miembro del Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich, que alcanza esta meta. Maria Voce, presidenta de los Focolares, ha anunciado esta decisión de la Santa Sede explicando que “acaba de ser publicado el decreto oficial firmado por Benedicto XVI que reconoce el camino de santidad recorrido por nuestra gen Chiara Luce Badano.  Se acerca por lo tanto su beatificación. Ella, primera entre los nuestros del Movimiento que ha alcanzado esta meta, nos anima a creer en la lógica del Evangelio, del grano de trigo caído en tierra que muere y que produce mucho fruto. Su ejemplo luminoso nos ayudará a dar a conocer la luz del carisma y a anunciar al mundo que Dios es amor”. Publicamos su testimonio explicado en texto y un vídeo sobre su vida.
 


Vídeo de su vida realizado en julio de 2008 cuando fue declarada "Venerable" 



(Movimiento de los focolares) Chiara Luce concluyó su ‘viaje terreno’ el 7 de octubre de 1990, después de dos años de una larga enfermedad, un tumor óseo, que le fue quitando progresivamente las fuerzas, mas no la alegría de vivir. Una alegría conquistada con heroísmo.

“La heroicidad se logra cuando el comportamiento virtuoso se prolonga en el tiempo y se vuelve especialmente difícil, tanto que supera el modo normal de actuar, manifestando así, la constante determinación de moldearse en todo a la Voluntad de Dios.” De este modo lo explica Mons. Livio Maritano, obispo emérito de Acqui, quien encaminó en 1999 la investigación diocesana para el proceso de beatificación. El mismo obispo comenta las motivaciones que tuvo para abrir la causa de Chiara "Luce" Badano:

"Su forma de vivir, especialmente el ejemplo extraordinario que ofreció en el último tramo de su vida. La vi varias veces durante su enfermedad y me han llegado muchos testimonios de personas que la visitaban en el hospital o en la casa. Y todos confirmaban su altura espiritual y su amor a Dios, que le daban la fuerza para afrontar la prueba con una serenidad que la llevaba a animar a todos los que iban a visitarla con la intención de consolarla. He comprobado que la presentación del testimonio cristiano de Clara constituía un mensaje muy fuerte, una forma de evangelización, por lo que me preguntaba si era justo mantener escondida en una pequeña diócesis un tesoro tan grande como para ponerlo al alcance de toda la Iglesia. Por eso no tuve ninguna duda en decidir promover esta causa".

 Lo que la sostuvo en los momentos más duros de la prueba fue el Evangelio, y el encuentro con un Dios cercano, sufriente también Él, descubierto en la figura de Jesús que sobre la cruz llega a gritar el abandono del Padre. Una fe viva, joven, que se nutría a manos llenas del encuentro, a la edad de 11 años, con Chiara Lubich y la espiritualidad de la unidad.

Chiara Badano nace en Sassello (Savona), el 29 de octubre de 1971, después de 11 años de espera de parte de sus padres. En el ‘81, con su papá y su mamá, participa en Roma en el Family Fest – una manifestación mundial del Movimiento de los Focolares: es el inicio, para los tres, de una vida nueva. En su pequeño pueblo, Chiara se lanza a amar a sus compañeras de escuela, a quien pasa a su lado, decidida a vivir con radicalidad el Evangelio que la ha fascinado. Se compromete en seguida y con pasión en el Movimiento, entre las muchachas de su edad.

Pocos meses después, un fuerte dolor en la espalda que notó durante un partido de tenis, hizo sospechar a los médicos. Comienzan exámenes médicos de todo tipo para definir el origen del mal. Muy pronto se descubre el origen del grave mal que la afecta: tumor óseo. Prosiguen los controles médicos y exámenes, y a finales de febrero de 1989 Chiara enfrenta la primera operación: las esperanzas son pocas. En el hospital las muchachas que comparten su mismo ideal se alternan con otros amigos del Movimiento para apoyarla, a ella y a su familia, con la unidad y ayudas concretas. Las hospitalizaciones se vuelven cada vez más frecuentes y con éstas los tratamientos bastante dolorosos que Chiara enfrenta con gran valentía. En cada nueva y dolorosa “sorpresa”, su ofrecimiento es decisivo: “¡Por ti, Jesús, si lo quieres tú, lo quiero también yo!”.

A pesar de lo grave de su condición,
Chiara, apenas se lo permite su salud, participa personalmente, con alegría y entusiasmo, a cuanto se vive en el Movimiento de los Focolares.

Pronto llega otra gran prueba: Chiara pierde el uso de las piernas. Una nueva operación resulta inútil. Para ella significa un sufrimiento enorme: se encuentra como en un túnel oscuro, pero encuentra la fuerza para lanzarse de nuevo a amar, y la luz vuelve. “Si tuviera que escoger entre caminar o ir al Paraíso – le confiesa a alguien – escogería sin titubear: ir al Paraíso. Ahora me interesa sólo eso”.

Desde pequeña se había comprometido a vivir el Evangelio al 100%, aún con los altos y bajos propios de la adolescencia. Escribe en su agenda, dirigiéndose a sus amigos:

“Salí de sus vidas por un instante. ¡Cómo hubiera querido detener el tren en marcha que me alejaba cada vez más! Pero en ese entonces no lo comprendía. Me encontraba todavía absorbida por tantas ambiciones, proyectos y quién sabe qué otras cosas (que ahora me parecen tan insignificantes, frívolas y pasajeras). Otro mundo me esperaba y no me quedaba más que abandonarme. Pero ahora me siento envuelta en un espléndido designo que poco a poco se me va revelando”.

El médico que la asiste, no creyente, y muy crítico frente a la Iglesia, queda cada vez más profundamente impresionado por su testimonio y el de su familia: “Desde que conocí a Chiara, algo ha cambiado dentro de mí. En ella hay coherencia, en ella todo el cristianismo me encaja”.

Su relación con Chiara Lubich es estrechísima: la mantiene continuamente al día acerca de su estado de salud y de sus conquistas y descubrimientos. El 30 de diciembre del ‘89 Chiara le responde:
“…Te siento toda dispuesta a corresponder el amor de Dios y a darle tu sí continuo. Yo te sigo constantemente con la oración y con todo mi amor. He escogido la Palabra de Vida que deseabas: ‘El que permanece en mí y yo en él, éste da muchos frutos’. ¡Hasta luego, Chiara! Le pido al Espíritu Santo el don de la fortaleza para ti, para que tu alma, por el amor a Jesús Abandonado, pueda siempre ‘cantar’. …”

Aún habiendo quedado inmóvil, Chiara es activísima: sigue por teléfono el grupo naciente de Jóvenes por un Mundo Unido de Savona; se hace presente en los Congresos y actividades varias a través de mensajes, tarjetas, carteles; hace locuras para que sus amigos y compañeros conozcan a los gen y a las gen … Invita a muchos de ellos al Genfest ’90 (manifestación internacional de los Jóvenes por un Mundo Unido, en Roma, en mayo del ’90), el cual por fortuna puede seguir en directo gracias a la antena parabólica instalada en el techo de su casa.

Al inicio del verano, los médicos deciden interrumpir las terapias: el mal se presenta ya incontenible. En seguida la joven informa a Chiara Lubich de su situación. Es el 19 de julio del ’90:
“La medicina ha depuesto sus armas. Al interrumpir el tratamiento médico, han aumentado los dolores en la espalda, y ya no puedo prácticamente girarme hacia los lados. Me siento tan pequeña, y el camino por recorrer es tan arduo…, con frecuencia me siento sofocada por el dolor. Pero es el Esposo que viene a visitarme, ¿verdad? Sí, yo también repito contigo: “Si lo quieres tú, lo quiero también yo”… ¡Estoy contigo, convencida de que, junto a Él, venceremos al mundo!”

Chiara Lubich en seguida le responde:
“No tengas miedo, Chiara, de decirle a Él tu sí, momento por momento. Él te dará la fuerza, ¡tenlo por seguro! Yo también rezo por esto y estoy siempre allí contigo. Dios te ama inmensamente y quiere penetrar en lo íntimo de tu alma y hacerte experimentar gotas de cielo. “Chiara Luce” es el nombre que he pensado para ti; ¿te gusta? Es la luz del Ideal que vence al mundo. Te lo mando con todo mi afecto…”

Al agravarse la enfermedad se necesita intensificar el suministro de morfina, pero Chiara Luce lo rechaza:
“Me quita la lucidez, y yo, a Jesús, le puedo sólo ofrecer el dolor”.

Durante un momento de sufrimiento físico particular, le confiesa a su mamá que en su corazón está cantando: “Heme aquí, Jesús, también hoy delante de Ti…” Para ella está claro que dentro de poco podrá encontrarse con Él y se prepara. Una mañana, después de una difícil madrugada, le viene espontáneo repetir a intervalos breves: “Ven, Señor, Jesús”. Son las 11 cuando inesperadamente viene a visitarla un sacerdote del Movimiento. Chiara Luce está contentísima: desde que se había despertado deseaba, de hecho, recibir a Jesús Eucaristía. Se vuelve su viático.

Chiara Luce parte para el Cielo el 7 de octubre de 1990. Había pensado en todo: los cantos para su funeral, las flores, el peinado, el vestido, que había deseado de color blanco, de novia… Con una recomendación: “Mamá, mientras me preparas deberás repetir siempre: ahora Chiara Luce ve a Jesús…. Sean felices, porque yo lo soy”. El papá le había preguntado si estaba dispuesta a donar las córneas: había respondido con una sonrisa luminosísima. Enseguida después de la partida de Chiara Luce para el Cielo llega un telegrama de Chiara para sus padres: “Agradecemos a Dios por esta luminosa obra maestra suya”.

Su fama se difunde: Chiara Luce llega a ser muy pronto punto de referencia de muchos jóvenes, que encuentran en los acontecimientos de su existencia el sentido de la vida, un ideal que no tiene ocaso. Muchos, cada 7 de octubre, aniversario de su muerte, se reúnen en el cementerio de Sassello (SA) para recordarla.

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