Rocío Fumanal quedó parapléjica en un accidente, perdió la fe y la recuperó en el hospital y se convirtió su compañera de habitación: «Dios no da cruz sin que seas capaz de llevarla»

*  «Yo con dos años perdí a mi madre y sentí en ese momento como un abrazo de mi madre de protección y después perdí en conocimiento. Veía todo blanco, veía como una foto de mi madre al lado de la luz, luego una foto de mi abuela que también falleció y yo en aquel momento pensé que ya estaba muerta. Fue un momento muy duro porque yo quería ayudar, pero todos en la furgoneta se habían ido y no podía reaccionar y yo solo repetía las palabras de la Virgen: ‘Hágase en mí según tu Palabra’. Pero entonces me desperté y me di cuenta de que no podía mover las piernas.  “Dios quiso compartir conmigo un trozo de cruz, que yo era capaz de llevar»

Camino Católico.-  Rocío Fumanal, que ahora tiene 23 años, se quedó parapléjica en un accidente cuando se dirigía a colaborar como monitora en el campamento de verano de su parroquia en el 2018. “Tuve una crisis bastante fuerte”, pero “el sacerdote me ayudó a encontrar el sentido de mi vida y a recuperar la fe”, explicaba a Alfa y Omega en agosto de 2019. Antes de salir del hospital consiguió que se convirtiera su compañera de habitación y, al salir, lo hizo dispuesta a retomar sus sueños y ahora cuenta su testimonio en el video de Mater Mundi TV.

Con 21 años, Rocío Fumanal compaginaba sus estudios de Educación Infantil con su trabajo en una guardería. Además, se sacaba un dinero extra como azafata de conferencias, como peluquera a domicilio o cuidando a los niños en la Misa dominical de la madrileña parroquia Fuente del Fresno.

Pero todo se acabó, también su relación con Dios, tras sufrir un accidente de tráfico cuando se disponía a colaborar como monitora en el campamento de verano de su parroquia. “Íbamos seis personas en la furgoneta, pero yo solo resulté herida. Me quedé atrapada y no podía salir, como las demás, a pedir ayuda”, rememora la joven.

Sin embargo, Rocío explica que “yo con dos años perdí a mi madre y sentí en ese momento como un abrazo de mi madre de protección y después perdí en conocimiento. Veía todo blanco, veía como una foto de mi madre al lado de la luz, luego una foto de mi abuela que también falleció y yo en aquel momento pensé que ya estaba muerta. Fue un momento muy duro porque yo quería ayudar, pero todos en la furgoneta se habían ido y no podía reaccionar y yo solo repetía las palabras de la Virgen: ‘Hágase en mí según tu Palabra’. Pero entonces me desperté y me di cuenta de que no podía mover las piernas.  “Dios quiso compartir conmigo un trozo de cruz, que yo era capaz de llevar. Lo que si estoy segura es que Dios no da más cruz sin que tú seas capaz de llevarla”, asegura.

La joven se quedó parapléjica y estuvo ocho meses ingresada en el Hospital de Parapléjicos de Toledo.

Después del accidente «perdí la fe. Tuve una crisis bastante fuerte». Rocío «no entendía por qué si Dios me quiere, me hace esto. No sabía qué iba a pasar con mi vida, cómo iba a arrancar de nuevo», confiesa.

“Pedía la comunión a la habitación pero por plena costumbre, no sabía el por qué pero yo la pedía porque en ese momento no creía mucho el Él. Éste fue un periodo largo y difícil de aceptar. Al principio la silla de ruedas no quería ni mirarla, quería que mis piernas estuvieran siempre tapadas. Fue un duelo bastante duro decir, tengo las piernas, no las siento, cuando antes lo hacía todo sola y ahora tengo que depender de los demás. Fue difícil pero intentando luchar contra todo”, relata Rocío Fumanal.

“El sacerdote del hospital cambió mi relato. Tenía dirección espiritual con él y me ayudaba bastante. Empecé a pensar que era una prueba de vida de las muchas que Dios nos pone. Me decía a mí misma que «Dios reserva sus peores batallas a los mejores guerreros». El sacerdote me ayudó a encontrar el sentido de mi vida y a recuperar la fe».

Pero Rocío no solo recuperó la fe, sino que le desbordó el corazón y se la contagió a su compañera de habitación –Lidia–, que murió con 17 años por un cáncer de médula. “Ella siempre me decía: ‘Joder Rocío, ojalá tuviera la fe que tienes tú’. Y yo siempre le decía: “Lidia, siempre estás a tiempo”. Me veía que rezaba por la noche, que tenía una Virgen en la mesilla. Poco antes de morir Lidia se convirtió, se bautizó, hizo la Primera Comunión, se confirmó y le dieron la Unción de Enfermos”.

Después de ocho meses, Roció salió del hospital en una silla de ruedas.


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