Agnès B., diseñadora y mito de la moda con 300 tiendas: «Pienso continuamente en Jesús, la Virgen y el Cielo. A veces, ver a Cristo en la Cruz me hace llorar»

* «Desde mi infancia jamás he dudado de mi fe en Dios. ¡No puedo sino dar gracias al Cielo! Creo que todo el mundo puede ser perdonado y amado por Dios. Creo que hay mucha misericordia en la persona de Dios. No me imagino cómo se puede vivir sin fe. ¡Es la fe la que ayuda a hacer las cosas grandes que no podríamos hacer solos. A mí me educaron en un principio: ‘Ayúdate y el cielo te ayudará’. Así que… ¡actúa!»

Camino Católico. Agnès B. abrió su primer establecimiento en París, en 1975, «en un lugar muy hippy… Soy hija del 68, me manifesté mucho en la calle». Hoy tiene trescientas tiendas y puntos de venta en todo el mundo, la mitad de ellos en Japón, donde sus diseños han entrado muy bien.

Es un mito de la moda francesa y a sus 78 años de edad mantiene un intenso ritmo de trabajo que no se circunscribe al ámbito de las últimas tendencias en el vestido. En 1983 adquirió una galería de arte y desde entonces su colección privada suma ya más de cinco mil piezas entre pinturas, esculturas, fotografías y arte callejero.

Agnès está presentando en estas semanas sus modelos para primavera y verano de 2020. En la foto, saluda a los presentes a la conclusión de uno de esos desfiles

Nació en Versalles en 1941 y se crió junto al Palacio, en cuyo jardín jugaba a diario: «Entonces no era Disneylandia, como lo es ahora, sino un lugar poético y mágico. Esa belleza te condiciona, porque luego te pasas toda la vida buscándola«, recordaba en una entrevista hace dos años.

A mediados de octubre, Agnès ha publicado una obra sobre su propia espiritualidad, Je crois en l’âme [Creo en el alma], donde confiesa su «fe católica inquebrantable«, su formación en «el amor de Cristo» y su deseo de poner en práctica el mandato de «amaos los unos a los otros». Como explica a L’1visible, lo que por encima de todo siente es gratitud: «¡No puedo sino dar gracias al Cielo! Creo que todo el mundo puede ser perdonado y amado por Dios. Creo que hay mucha misericordia en la persona de Dios». Lo cuenta Carmelo López-Arias en Religión en Libertad.

Agnès Troublé creció en una familia católica con muchos hermanos, hija de un abogado y nieta de un general, «una familia burguesa clásica de Versalles, con mucha cultura y gusto por la vida y por la música». Siempre ha sido cristiana: «Desde que era pequeña pienso continuamente en Jesús, en la Santísima Virgen y en el Cielo. Cada mañana pido al Cielo que me ayude, siempre le pido algo». Y recuerda momentos espiritualmente «fuertes»: «Mi primera comunión, o unos ejercicios espirituales que dirigió un sacerdote al que apreciaba mucho… Esos momentos privilegiados me confortaron en la fe. Desde mi infancia jamás he dudado de mi fe en Dios«.

Pero sí hay una herida en su pasado que afecta a su vida espiritual. Se casó a los 17 años con Christian Bourgois (1933-2007), un editor que difundió en Francia, entre otros, a Gabriel García Márquez o J.R.R. Tolkien, y  que en 1989 publicó Los versos satánicos de Salman Rushdie, desafiando la fatwa decretada contra él por grupos yihadistas. La B de Agnès B. procede precisamente del apellido de su marido. Tuvieron dos niños, gemelos, cuando ella tenía 19 años, pero luego se separaron: «Me separé de él a los 20 años. Me divorcié dos años más tarde y desde entonces no puedo comulgar. Lo cual me entristece, en ocasiones hasta llorar».

«A veces, ver a Cristo en la Cruz me hace llorar. Pienso en su sufrimiento, en el momento en el que pide a su Padre que le ahorre esa prueba… ¡Es tan humano y cercano a nosotros!», exclama: «Piensa en las bodas de Caná. Se palpa toda Su humanidad cuando los invitados se preguntan por qué se ha servido el vino bueno después del malo».

Agnès se siente también muy cercana también a la Virgen María: «Hubo un día en el que tuve la impresión de abrazarla entre mis brazos. Uno de mis hijos estaba muy enfermo y le pedí por él con todo mi corazón. Estaba conduciendo, y en ese momento tuve la impresión de sentir su presencia entre mis brazos. Es un momento que recordaré siempre, y pienso en él en los momentos difíciles, como en la pérdida de mi hermana pequeña el año pasado».

«No me imagino cómo se puede vivir sin fe», concluye su entrevista en L’1visible: «¡Es la fe la que ayuda a hacer las cosas grandes que no podríamos hacer solos. A mí me educaron en un principio: ‘Ayúdate y el cielo te ayudará’. Así que… ¡actúa!»

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