Álvaro, de 24 años, va a ser sacerdote: acabó una relación de noviazgo y «pregunté a Dios: ‘¿y ahora qué?’ A mí Jesús y la Virgen me conquistaron. Sentí que Dios me llamaba»

* «Estuve rezándolo: “¿Qué me gusta a mí? ¿Dónde me vería yo?’ A mí me gusta ayudar a los demás, trabajar con personas. Pensé que enfermería daba en el clavo. Dios te va guiando sin que te des cuenta. Es algo que yo quiero y no lo hago porque me lo diga alguien. Nadie te lo dice. Te viene. Me surgió a mí solo. No se me apareció un ángel ni el Espíritu Santo»

Camino Católico.-  Álvaro tiene 24 años. Este joven madrileño se encuentra en Chile desde hace unos meses. Dice de sí mismo que está un poco loco, pero que “no se considera un tío raro”. Su locura es de amor. Esa locura le ha llevado a cruzar el Atlántico hasta el país andino para pasar allí varios años viviendo esa locura de amor que ha encontrado en Dios. Álvaro es seminarista y se está preparando para ser sacerdote. Cuenta su testimonio a Pablo Valentín-Gamazo y Javier González en  Cope.

Nos recibe con una guitarra en la mano y nos invita a pasar a un lugar más que especial para él: el Santuario. A la salida, junto a este joven, al fondo, está un cuadro de la Virgen María, o la “Mater”, como la llaman allí. Álvaro pertenece al Movimiento Apostólico de Schoenstatt y esa Virgen, y Jesús, le han ido conquistando el corazón hasta que él les ha dado un “sí” libre en la entrega al sacerdocio.

“No se me apareció un ángel ni el Espíritu Santo”

“Es algo que yo quiero y no lo hago porque me lo diga alguien. Nadie te lo dice. Te viene. Me surgió a mí solo. A mí Jesús y la Virgen me conquistaron y me gustaría poder transmitir su alegría y su amor a los demás”, cuenta.

Lo primero que aclara es que “me considero un joven normal de Madrid”. Álvaro tiene a sus amigos, a su familia, sus estudios, hacía planes, etc. Tanto es así que, en mitad de la conversación, aparece su hermano mayor, Juan Pablo, que le acompaña en el tiempo que nos ha dedicado.

¿Cómo acaba un joven de 24 años, con toda la vida por delante, con una carrera y amigos, decidiendo entregar toda su vida a Dios? Álvaro contesta con mucho humor: “No se me apareció un ángel ni el Espíritu Santo”. Sí que se pone más profundo para explicarlo y reproduce lo que le dijo a Dios cuando acabó una relación de noviazgo que tuvo con una chica.

“Yo siempre llevo una cruz en el bolsillo y entonces pregunté: ‘¿y ahora qué? ¿Qué va a ser de mi vida?’ En ese momento, me dio alegría pensar en esa posibilidad, no como otras veces que uno se lo plantea y te lo quitas de la cabeza: ‘Mira, Tú tienes el plan de mi vida escrito. Todo lo que me ha pasado en la vida es porque Tú lo has querido y es como voy a ser más feliz, así que ¿para qué me voy a preocupar?” 

A solas con Dios y la guitarra

Fue una decisión que fue madurando en él. Álvaro tiene un talento especial para la música. Con semejante duda por dentro, decidió tomar la guitarra y se pasó mucho tiempo rezando, cantando y tocando en ese santuario. “Ahí sentí que Dios me llamaba. Yo le decía: ‘Sí, vamos allá’. Pero al día siguiente me levantaba y estaba igual…pero feliz”.

Tiempo más tarde, de vacaciones con su familia en Galicia dio otro paso. Aunque tenía mucho que estudiar, “también me daba mis paseos y tenía necesidad de rezar porque siempre andaba la pregunta, ahí me decidí, con esas playas y esos paisajes de fondo”.  Reconoce que es un paso difícl de dar: “Da un poco de miedo dejarlo todo, pero Tú Jesús eres el que más feliz me haces”.

Un enfermero para Dios

Una vez lo ha tenido más claro ha ido viendo otras pistas que Dios le ha ido dejando. Él lo ve, por ejemplo, en su vocación profesional. A pesar de querer dedicarse a la música al principio, le tiraba más otra cosa. “Estuve rezándolo: “¿Qué me gusta a mí? ¿Dónde me vería yo?’ A mí me gusta ayudar a los demás, trabajar con personas. Pensé que enfermería daba en el clavo”.

Acabó la carrera y ejerció la enfermería, pero ha sentido que todo lo que le ha pasado ha cobrado sentido. “Dios te va guiando sin que te des cuenta”. Álvaro se prepara, con estudio y oración, para seguir discerniendo y profundizado en esa llamada que ha sentido de Dios y a la que ha dicho “sí”.  

Fuente:Cope
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