Beatrice Fazi, actriz, era recién conversa y quedó embarazada de un ateo, optaron por la castidad y se han casado por la Iglesia: «En Cristo encontré una respuesta a toda mi vida»

* «Y a Cristo lo encontré en la Iglesia confiando en la promesa de un sacerdote, que me había dicho: ´Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros. Reza para que Dios te haga comprender tu vocación, la diana sobre la que puedas centrarte´. Porque la clave de la felicidad es precisamente esa: unirse a Dios»

16 de octubre de 2015.- (C.L. / Religión en Libertad  Camino Católico)  Beatrice Fazi es una actriz muy popular en Italia gracias a sus tres temporadas interpretando el papel de Melina en Medico in famiglia, versión de la producción española Médico de familia. Cuando llegó a la serie en 2007 su vida se encontraba en un momento realmente complicado, una auténtica prueba de amor a Dios ahora que había decidido serle fiel tras una vida alejada de la fe que ha contado en un libro reciente: Un cuore nuovo. Dal male di vivere alla gioia della fede [Un corazón nuevo. Del mal de vivir a la alegría de la fe] (Piemme).

Beatrice nació en Salerno (Campania) en 1972 y, como recoge Aleteia, la primera parte de su vida transcurrió por cauces que hoy lamenta: problemas familiares, malas compañías, fracaso escolar, desastres amorosos uno tras otro, dispersiones ideológicas en el budismo… y un aborto provocado.

Un niño al que no ha podido ni querido olvidar, incluso le ha puesto nombre«Mateo, el hijo a quien no quise dejar nacer. Ahora tendría más de veinte años… ¡Siempre me imagino cómo habría sido! Aunque haya recibido el perdón, el dolor no se cura nunca, con mayor razón ahora que sé lo que significa ser madre».

En el silencio del templo

Así llegó a una tarde del año 2000. Tenía 28 años y ya había desempeñado varios papeles en el teatro y en diversas producciones de la RAI. No era aún una actriz muy conocida, pero sí llevaba una trayectoria sólida y prometedora, como se revelaría después. Justo entonces, caminando un día por la celebérrima Via del Corso romana, todo cambió.

«Me encontré de pronto ante una iglesia abierta que parecía invitarme a entrar. No sé por qué accedí a lo que me pareció una llamada inexcusable. Simplemente estaba cansada y tenía ganas de sentarme», explica«La atmósfera que se respiraba era de gran quietud. En verdad se percibía que algo poderosamente sagrado estaba sucediendo en aquel momento. Comencé a llorar. Sin motivo«.

Beatrice se sintió de golpe «dulcemente acogida, amada, protegida, esperada. Como si todo el Amor que siempre había buscado estuviese allí para mí, justo para mí, para atenderme, para consolarme, para decirme: «Descansa. Detente. Si supieras cuánto tiempo hace que te aguardaba… Era yo quien siempre te buscaba. Qué hermosa eres, y ni siquiera lo sabes. No tengas miedo, Yo estoy aquí. Y te amo»».

Pero, aunque abandonó conmovida el templo, lo hizo con la determinación de que cuanto acababa de vivir no condicionase demasiado su existencia.

Pierpaolo… y las oraciones de mamá

Conoció a Pierpaolo Platania, un abogado muy seguro de sí mismo, divorciado y ateo, con quien inició una relación. Y el 12 de septiembre de 2001 -lo recuerda bien- el test de embarazo dio positivo. Era su hija mayor, Marialucia. Cuando Beatrice llamó a su madre para darle la buena nueva de su estado, hubo un silencio «interminable» por la emoción, hasta que la futura abuela pudo decirle: «Ahora comprenderás muchas cosas…».

Se refería al dolor que sentía por el camino errático que había llevado su hija, y que parecía empezar a enderezarse: «Me confió que en aquellos años se preocupaba por mí y no sabía qué hacer para ayudarme, viéndome dispersa e infeliz, y rezaba y me confiaba a la misericordia de Dios«. Incluso en una ocasión pegó una foto suya sobre una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, para que así la amparase.

Pensando en todo ello y evocando lo sucedido en aquella iglesia romana, Beatrice decidió cambiar de vida: «Comprendí cuánta discreción y delicadeza había empleado Dios para cortejarme pacientemente, sin cansarse jamás de mis rechazos».

Los Diez Mandamientos de Don Fabio

Entonces conoció a Fabio Rosini, responsable del servicio vocacional del Vicariato de Roma e instaurador de una catequesis centrada en los Diez Mandamientos. El sacerdote sería tan decisivo para ella que en su honor bautizó con su nombre a su segundo hijo: «Fabio se llama así por Don Fabio, la persona que determinó el cambio de mi vida, primero gracias al sacramento de la confesión y luego con sus catequesis sobre los Diez Mandamientos«.

Él le hizo comprender que «el verdadero pecado era la separación de Dios, raíz de todos los actos impuros que cometía, ese vacío que no podía colmar que había sentido siempre y en el que experimentaba la falta de amor que privaba a mi vida de sentido y que me espantaba ahora sobre todo, cuando iba a convertirme en madre».

Don Fabio le dijo claramente que no podía darle la absolución por su convivencia con Pierpaolo, «y que no podría acceder al sacramento de la Eucaristía mientras no se declarase nulo el vínculo matrimonial que aquél había contraído».

Compromiso de castidad

Comenzó entonces una dura etapa de siete años, en las que ese acicate de no poder comulgar animó a Beatrice a buscar con fe y esperanza la conversión de su pareja. Mano a mano con Don Fabio lo fueron consiguiendo… hasta que también Pierpaolo recobró la fe y decidió recobrar la gracia. Para entonces ya habían nacido Fabio, tras un embarazo difícil, y Giovanni, y ambos hicieron entonces un compromiso de castidad pidiendo a Dios que coronase su sueño de poder casarse ante Él. Lo cual sucedió cuando Pierpaolo recibió la nulidad de su primer enlace, en 2008. Contrajeron matrimonio poco después.

Y aunque pasaron por el dolor de dos abortos naturales, este mismo año saludaron la llegada de su cuarto retoño, Maddalena, y hoy constituyen una familia unida y feliz.

«En Cristo encontré una respuesta a toda mi vida»,explica a La Nuova Bussola Quotidiana: «Y a Cristo lo encontré en la Iglesia confiando en la promesa de un sacerdote, que me había dicho: ´Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros. Reza para que Dios te haga comprender tu vocación, la diana sobre la que puedas centrarte´. Porque la clave de la felicidad es precisamente esa: unirse a Dios. Y es algo posible para todos, desde el momento en que Cristo está dispuesto a todo con tal de venir a nuestro encuentro y alimentarnos por medio de su Palabra y de su Cuerpo. Todo tiene su origen y su fin en el Señor. Si comprendes esto, tu vida se da la vuelta».

 

Comentarios 0

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *