Bernardette Smith, madre de 8 hijos, cuenta las presiones médicas que recibió para que abortara a un bebé con discapacidad: “Todo lo que dijeron resultó equivocado”

29 de septiembre de 2011.- El embarazo era una parte natural y normal en la vida de Bernardette y de su esposo Phil. Después de tener siete hijos, la pareja de Grandville en el Estado de Michigan en los Estados Unidos de América, pensó que su familia estaba completa, pero se sorprendieron cuando se encontraron con que estaban esperando su octavo hijo: Hannah. Aunque el embarazo fue inesperado, Bernadette y Phil estaban felices al ser bendecidos con otro hijo. Pero durante la primera ecografía, la rutina de otro embarazo por otra parte nada extraordinario fue reemplazada con ansiedad luego que el sorprendido ecógrafo abandonó la sala para consultar con un médico.“Lo que veo no es bueno”, dijo el doctor a los Smith después de ver la ecografía en la pantalla.

Bernadette dice que el doctor necesitaba que ella hiciera una cita con un especialista para ver cuál era el problema, pero no les dio ningún detalle. Si bien los padres no están preparados para escuchar un diagnóstico preocupante sobre sus hijos, Bernadette y Phil estaban aún menos preparados para el modo diferente en que este embarazo sería tratado respecto a los siete anteriores. El edificio en el que habitaba el especialista fue el primer signo de preocupación a los ojos de Bernardette. Ella explica que recuerda claramente cuán oscuro se veía el edificio cuando ellos caminaban en su interior, y  que se sintió muy intranquila desde el comienzo. “No me sentía bien, es el único modo en que puedo expresarlo”, afirma ella.

(Notifam) Después de una larga serie de preguntas para examinar su salud, hábitos alimenticios y la historia familiar, los Smith recibieron finalmente un diagnóstico sobre Hannah: Trisomía 18. El trastorno genético, también conocido como Síndrome de Edward, está causado por una copia extra de un cromosoma en el ADN de una persona. El trastorno puede causar distintos tipos de defectos de nacimiento, y según los Institutos Nacionales de Salud, solamente sobreviven en el proceso de nacimiento la mitad de los bebés nonatos diagnosticados, y los que sobreviven tienen una prognosis extremadamente pobre.

Bernadette cuenta que el especialista le dijo que a Hannah se le presentaba una perspectiva horrible y que o bien moriría durante el embarazo o moriría casi inmediatamente después de nacer. El especialista le dijo con franqueza a la pareja que ellos tenían que hacer una “opción”. Bernardette explica que aunque el especialista no lo mencionó, todos en la sala sabían que “opción” significaba aborto. Phil dijo muy claramente que ellos no iban a abortar a la niña, pero eso no fue bien recibido por el especialista. “Luego el especialista me dijo simplemente a mí, ignorando a Phil: ‘usted tiene que hacer una opción’”, asegura Bernardette.

Afortunadamente para Hannah, Bernadette y Phil creían fuertemente en el derecho a la vida para todos los niños nonatos. Pero estar firme en sus convicciones no se los hizo más fácil, cuando el especialista continuó fastidiándolos respecto a hacer una “opción”. Bernardette afirma que el doctor le dijo que con siete hijos que la necesitaban sería un error que ella gastara tiempo en el hospital ocupándose de un malparto. “El miedo intentó apoderarse de mí, pero yo no hice caso a esas palabras”, dice ella. “Escuché una voz que decía ‘tú puedes optar por pelear”.

Bernadette relata que ella siguió sintiéndose asediada por los profesionales médicos durante y después del embarazo. Inclusive su obstetra pareció que no quería hacerse cargo de la situación, y tuvo que ser convencido de continuar como médico de Hannah. Bernardette desarrolló un estribillo que recitaba constantemente – “ella vivirá” -, para contrarrestar toda la negatividad que le transmitían. “Esos fueron tiempos difíciles y muy oscuros”, asevera Bernardette.

A pesar de la prognosis y del pesimismo, Hannah nació el 19 de junio del 2007. Los médicos decían que Hannah probablemente moriría antes de nacer, pero ella nació una semana más tarde mediante una operación de cesárea. Hannah no respiraba al nacer, pero siguió firme la fe de Bernardette respecto a que su hija viviría.

La experiencia de los Smith con los profesionales médicos no fue totalmente áspera. Como Hannah estaba en terapia intensiva, el hospital fue muy reacio para permitirles irse a su casa. Afortunadamente, Bernadette pudo hacerse amiga de algunas enfermeras e inclusive dirigió estudios bíblicos con ellas mientras se recobraba en el hospital luego del nacimiento. Una enfermera en particular le prometió a Bernardette que la ayudaría a llevar a Hannah a casa. También recibió apoyo de su propio medico, luego que Hannah naciera. “Nuestro médico de familia fue bueno a lo largo de todo el proceso, él fue el que nos animó”, dijo ella.

Años después del nacimiento, Bernadette se encontró con una de sus antiguas enfermeras, que fue muy tierna, pensando que todas las predicciones respecto al destino de Hannah se habían hecho realidad, pero se conmocionó al descubrir cuál había sido el resultado. Ahora, cuatro años después, Hannah es alegre y se ríe constantemente, dice Bernardette. Hannah ha tenido varios problemas, incluyendo un agujero en su corazón que eventualmente cicatrizó y tiene dificultad para caminar y hablar por sus propios medios, pero ella es una pequeña niña inteligente que en definitiva está viva. “Todo lo que dijeron resultó equivocado”, asegura ella. “¿Qué hubiera pasado si yo hubiese abortado?”

Bernadette explica que ella cree que los médicos que fueron pesimistas a lo largo del embarazo pensaban que ellos estaban tratando de ayudar. Ella dice que ellos rehusaron creer que Hannah tenía alguna esperanza, y pensaban que un niño con discapacidades era demasiado para que su familia se hiciera cargo, a pesar de su fe en que Dios los ayudaría a ellos y a Hannah a salir del apuro.

“Ellos no eran felices conmigo, porque yo no hice lo que ellos querían que yo hiciera”,afirma. “Ellos pensaban que yo estaba en actitud de negación”.

Bernadette es enfática en su deseo de ayudar a otras a enfrentar embarazos críticos, y está trabajando en un libro para contar toda su historia. Ella comenta que lo más importante para las personas que enfrentan un diagnóstico prenatal preocupante es no escuchar a los que predican desastres, y nunca renunciar a la esperanza o fe en Dios. “Su bebé puede hacerlo, su bebé puede vivir. No entregues este bebé a la muerte”.

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