Catherina O’Sullivan se alejó de Dios, tuvo una hija a los 19 años y se hizo próvida: «Fui a Medjugorje, me confesé tras 20 años y al encontrar a Dios me sentí llena y en paz»

* «El Señor me llamaba pero unas veces escuchaba y otras no. Durante mi adolescencia, los fines de semana siempre me metía en problemas. No creía que nadie me escuchase, pero rezaba, pedía fuerza y sentía que se me daba. Me casé. Estar casada era genial, llegaba otro bebé y, siendo maravilloso, algo me faltaba. Intentaba llenarlo con las cosas del mundo, un coche y una casa bonita… nada era suficiente. Estaba en contra del aborto. No por fe o porque el niño fuese una criatura de Dios, sino por una cuestión de derechos humanos. Supe que el trabajo bonito, la casa, el coche… no son nada. Tu alma y llegar al cielo lo es todo, y mi misión es conseguir que mi marido legue al cielo, y la de ambos que nuestros hijos lleguen al cielo y sean santos»

Camino Católico.- Catherina O’Sullivan comienza a alejarse de Dios desde muy temprano, siendo rebelde y alocada desde muy joven, aunque acudía a Dios cuando las cosas le iban mal. A los 18 años se queda embarazada de su primera hija. Catherina comienza a trabajar en una asociación provida, porque veía necesaria la defensa de la vida de los niños y el cuidado de las futuras madres. Ahí conocerá a un grupo de mujeres que tenían fe y acabarán invitándola a ir a Medjugorje. En aquel lugar, Catherina encontrará la misericordia de Dios al confesarse después de más de 20 años. A partir de ese momento su vida cambiará. Cuenta su testimonio de conversión en el programa «Cambio de Agujas» de de H.M. Televisión, que se visualiza y escucha en el video superior.

Catherina O’Sullivan el día de su Primera Comunión

Catherina nació en Dublín como sus dos hermanos y una hermana. Sus padres, que no practicaban la fe y se divorciaron durante su infancia, le enseñaron a rezar y lo hacía siempre que algo iba mal. “El Señor me llamaba pero unas veces escuchaba y otras no. Durante mi adolescencia, los fines de semana siempre me metía en problemas. Tuve mi primer novio, salimos 4 años y a cuando yo tenía 18, me quedé embarazada”, explica.

Catherina O’Sullivan antes de su conversión

Ante el embarazo, recuerda que muchas noches se quedaba sola y rezaba. “No creía que nadie me escuchase, pero rezaba, pedía fuerza y sentía que se me daba. Mi hija Sophie nació 16 días después de cumplir los diecinueve años. Fue un shock para todo mi entorno, pero también una gran bendición”.

Tres años después, conoció al que sería su marido, Mike, con quien tuvo cuatro hijos. Pero seguía sin encontrar la felicidad. “En el trabajo parecía estar contenta, y pensaba que ascendiendo se llenaría el vacío que no lograba llenar. Estar casada era genial, llegaba otro bebé y, siendo maravilloso, algo me faltaba. Intentaba llenarlo con las cosas del mundo, un coche y una casa bonita… nada era suficiente”.

Catherina O’Sullivan el día de su boda con su esposo Mike

En 2017, Catherina se unió a una asociación provida de Irlanda. “Estaba en contra del aborto. No por fe o porque el niño fuese una criatura de Dios, sino por una cuestión de derechos humanos”, explica. Faltaba poco para navidad y decidió enviar su mensaje de inscripción. “¿Cuándo puedes empezar?”, le preguntaron.

Días después, ya era parte activa de la organización. Daba conferencias provida en colegios. Una de ellas le inquietó.

 

“Sabía lo que tenía que decir, lo que está bien y lo que está mal. Pero cuando entré, me invadió una sensación que no podía identificar. Sabía que era algo muy malo, y cuando salí empecé a llorar. Estaba muy conmocionada, y le pregunté a una de mis amigas si tenía agua bendita. Me hice la señal de la cruz e inmediatamente me sentí aliviada”.

Tiempo después, una amiga le recomendó visitar Medjugorje. “Cuando llegué, me sentí en paz”, reconoce. Tras años sin rezar, iba a misa, rezaba el rosario, participaba en adoraciones… pero sentía una extraña voz que le inquietaba. “Mira todo lo que has hecho, ¿realmente crees que te van a perdonar todas esas cosas?”

Catherina habló con un seminarista al que conocía -ahora el padre Jessie- y se sinceró sobre todos los motivos de su angustia. “Hay un candado cerrado con llave en tu corazón, y vas a tener que abrirlo y dejar al Señor entrar para ablandar tu corazón”, le dijo el seminarista, que acto seguido le invitó a ir a confesarse.

Durante décadas, lo había evitado. “Me sentía indigna de ser amada por el Señor. También por sentirme juzgada, y porque creía que lo que hacía estaba bien”, argumenta.

Finalmente accedió. “Me acerqué delante del sacerdote, tenía mucha vergüenza y no me sabía las oraciones. Todo lo que pude decir fue: `Bendíceme. padre. porque he pecado. Hace 20 años que no me confieso”.

Tras recibir la absolución, Catherina subió a la colina de las apariciones junto a su amiga Marie. “Yo la seguía, haciendo lo que ella hacía. Me fijé en que todo el mundo se arrodillaba en el momento de la aparición y de repente subió un olor muy fuerte por mi nariz. Mi amiga no había olido nada, pero yo sentí un perfume de rosas. Aquel olor era un regalo que María quería hacerme”.

Aquel encuentro cambió todos sus esquemas. “No vuelvo a casa siendo la misma”, le dijo a Mike, su marido, antes de volver a Irlanda. “Las cosas tienen que cambiar, tenemos que empezar a ir a misa y enseñar a nuestros hijos la fe. No tiene sentido decir que somos católicos y no hacerlo: son almas que tenemos que cuidar”.

A su regreso, su familia no podía comprender el cambio que se había producido en ella. “No puedo hacer esto yo sola” pensaba. “Hubo mucha lucha conmigo misma, y un sacerdote, el padre Jim, me dijo que tenía que ser dulce y rezar”.

No pasó mucho tiempo hasta que comenzó a ver los frutosSophie, su hija mayor, empezó a rezar el rosario y a leer la Biblia y el YouCat para niños y adultos. “Es como si hubiera estado esperando a mi conversión para florecer ella misma en la fe”.

La familia cambió por completo. “Todos viajaron conmigo a Medjugorje y Mike tuvo su propia experiencia renovadora. Ha sido un regalo verle tomando las riendas de esto como cabeza de familia: reza el rosario y lleva a los niños a la adoración antes de la escuela”.

Cuando encontré a Dios me sentí llena y en paz”, concluye Catherina. “Supe que el trabajo bonito, la casa, el coche… no son nada. Tu alma y llegar al cielo lo es todo, y mi misión es conseguir que mi marido legue al cielo, y la de ambos que nuestros hijos lleguen al cielo y sean santos”.


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