Christie Martin: Era sacerdotisa New Age y en tres segundos durante la consagración en una misa se convirtió al católicismo

* «El mismo Jesús estaba en el altar, y yo estaba sacudida por eso. Tenía una elección que hacer y era mi última oportunidad. ¡Aquello era verdad…! Nunca podría volver a negar esa verdad, pero todavía podía negarle a Él. Un  me costaría todos los amigos que tenía, la comunidad que había construido, mi reputación. ¿Estaba dispuesta a renunciar a todo ello?»

14 de junio de 2011.- «Yo era una tonta arrogante, sentada mientras asistía por primera vez a una misa y viéndola como quien ve un documental del National Geographic». Así describe Christie Martin el inicio de aquel día que cambió su vida.

Sus distraídos pensamientos durante la celebración están en consonancia con su formación y acción en la New Age: «Estos bancos… ¡son tan fálicos! ¿A quién pretenden ocultar que esto no es más que un patriarcado?», ronroneaba su mente, cargada de prejuicios freudianos. Cuando, de pronto, algo llamó su atención: escuchó algo judío. Era la lectura de un salmo. Y, aunque su impulso no fue muy afectuoso hacia la Iglesia («¿Qué más pueden éstos haber robado a los judíos?», pensó), el hecho prendió su interés: «Si Jesús decía ser el Mesías judío, supongo que tiene que haber elementos judíos en su culto».

  (Religión en Libertad) Meditaba sobre ello -se entiende que sobre el concepto de sacrificio- cuando reparó en que en las iglesias protestantes que había conocido en su infancia no había encontrado esas reminiscencias en la liturgia. Y entonces llegó la consagración. Durante los minutos anteriores Christie había estado dando vueltas a una idea con una sonrisa escéptica y sarcástica: «¿Y si todo esto fuera verdad?«. Pero cuando el sacerdote alzó la Hostia, esa frase dejó de ser la pregunta de un descreído para convertirse en un interrogante que se repetía en su cabeza «al compás de un dos por cuatro. Este proceso duró tres segundos. Aunque ahora lo cuento con humor, cada oleada de revelación que rompía mi sorprendida mente era realmente muy dolorosa. Bella, exquisita, pero absolutamente pavorosa. Vi cosas y sentí cosas, todo en una rápida sucesión con la completa claridad de las palabrasTodo esto es verdad llamándome como con una campana».

Y así era. Era la campana de la consagración. «El mismo Jesús estaba en el altar, y yo estaba sacudida por eso. Tenía una elección que hacer y era mi última oportunidad. ¡Aquello era verdad…! Nunca podría volver a negar esa verdad, pero todavía podía negarle a Él. Un  me costaría todos los amigos que tenía, la comunidad que había construido, mi reputación. ¿Estaba dispuesta a renunciar a todo ello?».

«¡Oh, Dios mío, sí!», fue su respuesta en ese mismo instante.

Sacerdotisa de la New Age

Las complicaciones de Christie Martin comenzaron entonces. Ya se sentía católica, pero no sabía qué implicaba eso ni había hablado nunca con un sacerdote. A su lado se sentaba su marido, bautizado católico pero que había perdido la fe. Justo al entrar en la iglesia, él había cogido un folleto sobre el Rosario y se lo había pasado a su mujer. Ella comenzó a ojearlo, y los misterios le recordaron la vida de Jesús. Pero tropezó con la palabra Asunción, que no comprendía.

Así que al finalizar la misa se acercaron al cura con el pretexto de preguntarle qué significaba esa palabra. Y Christie, ante la mirada atónita de su esposo, le dijo al sacerdote que quería ser católica. Hoy bromea al respecto: «Sabía que no era forma de decírselo, pero… ¡tal vez así superaría su primera reacción y sería educado cuando volviésemos al coche!».  

El caso es que ella quedó con el párroco al día siguiente, y a finales de semana ya estaba cursando la preparación de adultos para el bautismo. Su marido, que en realidad estaba a disgusto con la evolución espiritual de la pareja, fue más amable de lo que ella esperaba, confiesa, y aprovechó para «volver al hogar de la fe».

Los problemas fueron otros. Su familia era protestante y consideraban a la Iglesia «la prostituta de Babilonia», y al Papa como el Anticristo. Los padres de Christie la habían educado de tal forma que ella consideraba a los católicos «algo así como la secta Moon». No les gustó el cambio de su hija, y sin embargo la sorprendieron diciéndole: «Esto será bueno para tu familia» (Christie tiene tres hijos, uno natural, uno adoptado y uno de acogida).

En cuanto a sus amigos… eran, como ella, adeptos de la Nueva Era y se reían del cristianismo. Y todos dejaron de relacionarse con ella en cuanto supieron la noticia.Christie explica la radicalidad de ese comportamiento: «En realidad éramos un grupo de paganos que adoraban divinidades, y yo era la sacerdotisa. Era la líder de la comunidad. Daba clases, escribía canciones, dirigía los rituales y todo el tinglado. Yo era capaz de hacer toda clase de cosas increíbles, desde adivinaciones a otras cosas espeluznantes, de tal índole que no entraré en detalles. Tanto, que a mis amigos lo que más les sorprendía es que alguien estuviese dispuesto a renunciar a ese poder», cuenta. Y uno de ellos no dudó en decirle: «Por estas cosas antes matábamos a los traidores».

¿Por qué entró en aquella iglesia?

A pesar de estas dificultades, su vida cambió para bien. «Ahora soy feliz, y me sorprende lo esclavizada que estaba a todo aquello. No me veo adorando demonios. Me sorprendían los milagros que era capaz de hacer. La gente que se implica en esto queda cada vez más atrapada, es como la anulación de la personalidad por el alcohol o las drogas, y la experiencia se parece mucho a una adicción. Con tanta disfunción personal, los grupos pueden ser muy desagradables», explica Christie. La reacción de padres y amigos fue pues la inversa a la que ella esperaba de unos y otros.

Y ¿por qué aquel día fue a la iglesia con su marido? Por pura conveniencia. Lo explica al final de su testimonio, que hemos recogido de su blog personal: «Quería relacionarme con una comunidad más amplia. Quería respetabilidad, sin ser respetable. Crucé aquella puerta como quien va a una cafetería, para coger de la mesa lo que me interesase. Yo no pensaba cambiar. Pero Dios tenía otros planes».

Pinche aquí para leer el testimonio completo (en inglés).

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