Cristina, de voluntaria en la JMJ a carmelita descalza: “Jesús me pide, como a la samaritana, que le dé de beber, llevándole almas a su corazón para que beban de su agua viva”

* «Desde pequeña me he hecho esta pregunta: ¿Qué quiere Dios de mí?»

* «Cuando conocí a esta comunidad de Carmelitas de Valladolid, todas las piezas del puzle de mi vida encajaron perfectamente, y entendí que toda la historia de la salvación que Dios había trazado conmigo, había sido necesaria para poder dar mi Sí, y lanzarme a Vivir»

6 de junio de 2012.– (Cristina del Inmaculado Corazón de María / Alfa y Omega / Camino CatólicoLos caminos de Dios son inexplicables. ¿Yo, carmelita? Sólo sé que Él es quien me ha conducido hasta aquí, pues hasta hace pocos meses el Carmelo era totalmente desconocido para mí. Pero el Señor nos ama tanto, que no deja de perseguirnos hasta que descubrimos la tierra que Él ha pensado para cada uno de nosotros, porque sabe que sólo allí descansará nuestra alma sedienta de Amor, y seremos plenamente felices.

Recuerdo las palabras que el Papa nos dirigió a los voluntarios de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, el domingo 21 de agosto, en el IFEMA:

«Es posible que en muchos de vosotros se haya despertado tímida o poderosamente una pregunta muy sencilla: ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Cuál es su designio sobre mi vida? ¿Me llama Cristo a seguirlo más de cerca? ¿No podría yo gastar mi vida entera en la misión de anunciar al mundo la grandeza de su amor a través del sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio? Si ha surgido esa inquietud, dejaos llevar por el Señor y ofreceos como voluntarios al servicio de Aquel que no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos. Vuestra vida alcanzará una plenitud insospechada (…) Y no olvidéis que Pedro, en su primera Carta, recuerda a los cristianos el precio con que han sido rescatados: el de la sangre de Cristo. Quien valora su vida desde esta perspectiva, sabe que al amor de Cristo sólo se puede responder con amor, y eso es lo que os pide el Papa en esta despedida».

Así es, Santo Padre. Desde pequeña, me he hecho esa pregunta: ¿Qué quiere Dios de mí? Intuía que Cristo quería que lo siguiera de cerca, pero ¿dónde? Desde que el Papa anunció que la JMJ iba a celebrarse en Madrid, tuve claro que deseaba ser voluntaria y dar gratis lo que había recibido gratis.

Mi fe, don de Dios en el Bautismo, ha ido creciendo y fortaleciéndose en el seno de mi familia, profundamente cristiana, hasta llegar a ser una fe firme y arraigada en Cristo, que es la piedra angular de la Iglesia, en la que Él me ha injertado y a la que amo profundamente, pues por ella recibo la Vida divina, que es Vida en abundancia.

Mi vocación siempre estuvo allí

El voluntariado en la JMJ hizo avivar en mí ese deseo de una vida de amor y servicio que no se limitara a un acontecimiento concreto como esta Jornada, sino que durara toda la vida. Lo natural es asociar amor y servicio, con vocación consagrada de vida activa, y es por ello que mi búsqueda iba en esa dirección. Pero Dios siempre nos sorprende, abriéndonos nuevos caminos que nos amplían el horizonte y nos hacen descubrir una vida que jamás pensaste que se podía hacer realidad. Sin embargo, cuando la descubres, eres capaz de reconocerla muy dentro de ti, pues ha permanecido oculta desde siempre, sin tú saber que estaba, hasta que llega el momento preciso en que tu corazón está maduro para reconocer esa vocación, acogerla, identificarla como propia y amarla, porque es el don más preciado que Dios, por amor, ha deseado desde toda la eternidad para ti.

Así lo experimenté este Viernes Santo en la Pascua que vivimos un grupo de jóvenes en el Carmelo de Valladolid. Toda la Sangre de Cristo derramada sobre mí, por puro amor, y recibir la vida eterna. Sentir esto, hizo brotar de mí un Sí generoso y total a entregar a Dios toda mi vida, pero esta vez sin condiciones, con confianza y abandono absoluto. Era éste el paso que me faltaba por dar para que Dios, al fin, me mostrara el lugar donde glorificarle. Mi deseo era ser misionera en África, y el Señor ha cumplido con creces este anhelo, dándome una vocación misionera desconocida para mí: ser misionera no sólo en África, sino en los cinco continentes, y poder llegar con mi oración a todos los rincones de la tierra. ¿Cómo entender, si no, que santa Teresita del Niño Jesús sea Patrona de las Misiones, si nunca salió del convento? ¡Ella comprendió el significado profundo de ser misionera! Y es aquí donde Dios quiere que yo lo sea, oculta en el Corazón de Jesús y saciando su sed de almas, que entren en su Sagrado Corazón y respondan a su infinito Amor con amor. Jesús me pide, como a la samaritana, que le dé de beber, llevándole almas a su corazón para que beban de su agua viva que salta hasta la vida eterna.

Cuando conocí a esta comunidad de Carmelitas de Valladolid, todas las piezas del puzle de mi vida encajaron perfectamente, y entendí que toda la historia de la salvación que Dios había trazado conmigo, había sido necesaria para poder dar mi Sí, y lanzarme a Vivir. Desde el principio sentí que esa comunidad era mi familia, porque tenía la sensación de pertenecer a ella desde siempre, pues me identificaba con ellas y con su vida, y las sentía mis hermanas y madres. No me hizo falta más que abrir los ojos para Ver esta nueva realidad que habitaba en mi interior sin yo saberlo, y que ahora se ha hecho Luz.

Rezad por mí, para que sea una carmelita fiel, feliz y fecunda como lo fue santa Teresa de Jesús, mi Madre. Oculta en el Sagrado Corazón de Jesús, os espero y oro por cada uno de vosotros.

Cristina del Inmaculado Corazón de María

Carmelitas descalzas

Valladolid