Daniel Robledo es médico, trabajó 8 años en la UVI móvil, tenía novia a punto de casarse: «Dios me llamó a los 14 años y dije: ‘cualquier cosa menos cura’» y ahora ha sido ordenado

* «Yo iba a un colegio religioso. Un día fuimos a confesarnos y a mí me tocó con un sacerdote que tenía un aspecto muy serio y fama de ogro; fui allí con cierto pudor y hasta con miedo, pero la bondad que experimenté en ese momento por su parte estaba por encima de lo humano. Salí completamente lleno de la misericordia que salió del corazón de aquel sacerdote. Dios me estaba llamando de alguna manera pero yo estaba diciendo no. Pero lo tomé como un secreto, no quise hacerle caso para llevar una vida normal, entre comillas: fútbol, niñas, toros, Semana Santa, la carrera… Yo quería seguir los pasos de mi grupo de amigos. Pero lo que yo pensaba que se podía dejar a un lado, cobra fuerza en muchos momentos de la vida. Los caminos no son fáciles. Tampoco le resultó fácil al Señor resucitar, teniendo que pasar antes por el Calvario y la Cruz. Pero la vida es eso, milicia y lucha. Y esto es para los valientes. Yo no soy de vocación tardía, mi problema es que respondí tarde a la llamada. Pero no es tarde, sino cuando Dios ha querido»

A.L.M. / Camino Católico.- Daniel Robledo está dando estos días sus primeros pasos de cura. El lunes llegó a su nueva parroquia, se puso a confesar, presidió la Misa… «Son días de muchas sensaciones, todo es nuevo, pero me sostengo con el sagrario y la Palabra», afirma a Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo en Alfa y Omega. Se ordenó el 19 de septiembre a los 51 años de edad, pero su llamada viene de lejos, desde su primera infancia.

«La mía ha sido una llamada sin respuesta que tengo desde que tengo uso de razón», reconoce. Esta vocación tuvo un momento especial cuando tenía 14 años: «Yo iba a un colegio religioso. Un día fuimos a confesarnos y a mí me tocó con un sacerdote que tenía un aspecto muy serio y fama de ogro; fui allí con cierto pudor y hasta con miedo, pero la bondad que experimenté en ese momento por su parte estaba por encima de lo humano. Salí completamente lleno de la misericordia que salió del corazón de aquel sacerdote».

Daniel Robledo en su ordenación sacerdotal con el obispo de Cádiz, monseñor Rafael Zornoza. / Foto: ALEJANDRO MORENO

«Respondí tarde a la llamada. Pero no es tarde, sino cuando Dios ha querido»

En esa ocasión, Daniel sintió «algo especial», y sabía que «Dios me estaba llamando de alguna manera pero yo estaba diciendo no. Yo quería mi carrera, trabajar y formar una familia. Cualquier cosa menos cura». «La bondad que experimenté en aquella confesión estaba por encima de lo humano. Salí completamente lleno de la misericordia que salió del corazón de aquel sacerdote».

A Pablo Durio en Diario de Cádiz le añade detalles: «El sacerdote era el director de los Marianistas. Pero lo tomé como un secreto, no quise hacerle caso para llevar una vida normal, entre comillas: fútbol, niñas, toros, Semana Santa, la carrera… Yo quería seguir los pasos de mi grupo de amigos. Pero lo que yo pensaba que se podía dejar a un lado, cobra fuerza en muchos momentos de la vida».

«Los caminos no son fáciles. Tampoco le resultó fácil al Señor resucitar, teniendo que pasar antes por el Calvario y la Cruz. Pero la vida es eso, milicia y lucha. Y esto es para los valientes. Yo no soy de vocación tardía, mi problema es que respondí tarde a la llamada. Pero no es tarde, sino cuando Dios ha querido», asegura el padre Daniel, un gaditano que cumple a la perfección las tres C dominantes: cofradías, Cádiz Club de Fútbol y Carnaval, por este orden.

Daniel Robledo, Richard Charles Martínez y Rafael Galván, durante su ordenación sacerdotal / Foto: IGNACIO CASAS DE CIRIA – Diario de Cádiz

«Dios me pedía más»

El ahora sacerdote acabó la carrera de Medicina y los últimos ocho años los pasó trabajando en la UVI móvil, donde vio de cerca la lucha entre la vida y la muerte: «Me di cuenta de lo efímero de todo a lo que nos atamos aquí. Casas, coches… eso al final no es nada». También pasó por varios malos tragos: «Explicar a alguien que un familiar suyo se ha muerto es muy duro. He visto personas que se han roto, y otras que han dado un testimonio de fe tremendo. En lo personal, el hecho de no poder seguir atendiéndoles a mí me dejaba como a medias. Dios me pedía más».

Los años iban transcurriendo y Daniel tenía perspectivas de casarse y le iba bien en lo laboral. También tenía un compromiso como supernumerario del Opus Dei: «el apostolado me producía una satisfacción tremenda; he visto gente que después de muchos años volvía a confesarse y a la Misa, han sido regalos de Dios». En general, «era relativamente feliz y lo pasaba bien, pero no tenía esa plenitud de darme por entero al Señor».

El padre Daniel Robledo Pérez tras su ordenamiento sacerdotal con sus padres, Manuel Robledo y Carmen Pérez, y sus hermanos Manuel y Álvaro Robledo. / Foto: IGNACIO CASAS DE CIRIA – Diario de Cádiz

«Empiezan a aparecer dificultades y vuelve a aflorar la llamada»

Y a punto de casarse con su pareja «empiezan a aparecer dificultades y vuelve a aflorar la llamada; y en esta ocasión sí me decidí a probar».

Una buena dirección espiritual, respetuosa con su proceso vocacional, terminó de animarle para buscar lo que su corazón deseaba desde niño, en un itinerario que culminó el pasado 19 de septiembre con su ordenación sacerdotal a cargo del obispo de Cádiz, monseñor Rafael Zornoza, junto a otros dos compañeros: Richard Charles Martínez y Rafael Galván. Un cuarto diácono de la diócesis, Guillermo Ibarra, del Seminario Misionero Redemptoris Mater, se ordenó el sábado pasado.

«Creo que todos buscamos una plenitud de nuestra vida y esta forma de comprometerme con el Señor me da algo que nunca conseguí anteriormente. Creo que el Señor te lo pone más claro cuando te ve preparado. Cada vocación es diferente, a unos los llama el Señor antes y a otros después. Aunque sería bueno no poner tantas trabas como yo», bromea el padre Daniel Robledo.

Por eso hoy, a quien pudiera tener dudas acerca de la llamada del Señor, Daniel recomienda «que no haga lo que yo hice durante tantos años, que no sea cobarde y que lo hable con alguna persona que le ayude a discernir. Le diría que busque la dirección espiritual de alguien que no fuerce las cosas, porque he visto vocaciones que se han perdido por un mal consejo. Esto no se hace por renuncia, se hace por amor, y sabiendo que el Señor al final hace lo que quiere, porque detrás siempre está Él».

«Las cofradías para mí han sido siempre un medio para acercarme a Dios»

En el momento de dar el paso e ingresar en el Seminario, Robledo era todavía el capataz de la Virgen del Mayor Dolor, de Buena Muerte. Antes tuvo la suerte de ser el responsable de sacar a la calle al Prendimiento de las Descalzas, en la histórica procesión de agosto de 2011; y antes de eso, aún se recuerda su paso por la cofradía de Ecce-Homo como capataz del paso de misterio. Y más en concreto, su paso por la Plaza del Palillero aquel año 1999. «Las cofradías para mí han sido siempre un medio para acercarme a Dios. Es cierto que te puede gustar el movimiento de un palio en la calle, unas cornetas, un canasto dorado… pero más allá de eso sabes que está el Sagrario, que ahí está el Señor. Y siempre a través de la Semana Santa he logrado acercarme a Dios. Para mí las cofradías han sido muy importantes», cuenta.

De hecho, el nuevo sacerdote lanza un alegato en favor de las hermandades: «Creo que cumplen la función para la que se fundaron, sacar los alteres a la calle, y esa Evangelización creo que es la que se sigue llevando a cabo hoy en día. Habrá que mejorar, se necesitará formación, o hará falta piedad, sí; pero en las cofradías hay una semilla que está dando frutos y seguirá dándolos toda la vida. Una vez me dijo un sacerdote del norte que teníamos aquí mucha suerte con las cofradías, porque ya querrían ellos tener tantos jóvenes en las iglesias, y yo suscribo sus palabras por completo», añade.

Además de las cofradías, el Cádiz es la otra pasión de Daniel Robledo, que en alguna que otra ocasión ya ha sido visto en el Estadio Carranza, clerigman en el cuello, disfrutando de su equipo. «Si me lo permiten mis responsabilidades, me acercaré cuando pueda», asegura de cara a la temporada del regreso a Primera. Y también ha vivido de cerca el Carnaval, donde llegó a participar en una ocasión formando parte de la orquesta de un coro. «Ya tiene uno menos tiempo, pero siempre que puedo escucho lo que me permite, aunque procuro buscar una falseta bonita o una letra de tango, sin olvidar una buena comparsa y una chirigota», reconoce. Es tan de su ciudad, que pese a empezar su formación como sacerdote en Sevilla decidió venirse a Cádiz cuando supo que sólo había una docena de seminaristas. «Decidí que para lo poco que pueda aportar, hacerlo en mi diócesis. Y tan contento estoy en un sitio como en otro» afirma.

Un militar que oyó la llamada de Dios en el Índico, un químico brillante que la escuchó en la JMJ, un ingeniero, un médico de UVI móvil y un operador turístico: nuevos curas para Cádiz


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