Danielle, madre de familia no practicante: “Nuestra hija Déborah ingresó a las Hermanitas de Belén y nos ha guiado a Cristo”

* “En la atmósfera del monasterio, pudimos profundizar nuestra experiencia de Cristo. El silencio poco a poco nos centró en lo esencial, lejos del ruido y las distracciones del mundo. Así apoyándonos en el silencio, la liturgia y el vínculo con las hermanas pudimos ir gustando más y más del amor de Dios… Al mirar nuestra historia familiar comprobamos cómo nuestra hija nos ha ido llevando de la mano y lo sigue haciendo”

8 de agosto de 2016.- (PortaLuz / Camino Católico)  “Cuando nuestra hija ingresó a las Hermanitas de Belén, nosotros éramos unos creyentes no practicantes. Por ello y evitando hacer una farsa, nos habíamos casado sólo por el civil. Teníamos sí un gran respeto por las personas que tenían una fe, digamos, “superior” a la nuestra. Pero bajo el mismo argumento, decidimos no bautizar a nuestros tres bebés”,cuenta Danielle a revista L’1visible. 

Ambos padres estaban convencidos de que debían respetar la libertad de sus hijas. Ya harían ellas su propia elección, de adultos… Esta forma de plantearlo también les facilitaba el continuar en la tibieza espiritual.  Pero  Danielle y su esposo serían sorprendidos al transcurrir la vida de la más pequeña de sus hijas, Déborah.

Una revolución en la familia

“Desde sus primeros años –cuenta Danielle-, ella  mostraba un fuerte sentido del bien, que no provenía sólo de nuestra educación.  Estando por ingresar a la enseñanza secundaria, nos pidió ir a una escuela católica. Mi marido es maestro en la educación pública y esa petición no era algo trivial en nuestra familia. Fue incluso un poco revolucionaria. Pero aceptamos”.

Al poco tiempo no sabían qué decir cuando la joven les dijo que había decidido comenzar la catequesis y prepararse para el bautismo. Pero no pusieron obstáculos.  Así  a sus 17 años la joven Déborah recibió el bautismo y la familia hizo fiesta. “¡Era emocionante para nosotros verla concretar su decisión!”, señala Danielle.

No finalizaría allí todo este proceso transformador. Poco tiempo después, siguiendo los pasos de la pequeña,  Stephanie, la hija mayor, también se bautizó y se casó posteriormente por la Iglesia.

Que a Deborah le encantase ir de retiro donde las Hermanitas de Belén, un monasterio cercano a casa no era causa de inquietud para sus padres. Acostumbraban a ir a dejarla o recogerla y les parecía un lugar “de gran vitalidad”. El siguiente paso de la hija sería más radical pero -coherentes con su principio de respeto a la libertad- hubieron de respetarla… Partió entonces Deborah hacia Israel “para discernir su vocación”, según les dijo. Tras un año donde la visitaron en un par de ocasiones, la joven les llamó para avisarles que había decidido ingresar a la Comunidad Monástica de Belén.

“Creo que de alguna forma me lo esperaba y no tuve que hacer esfuerzo para asimilarlo. Sabía que era su camino y debía apoyarla. Pero no era lo mismo para todos, pues mi marido sentía que iba a perder a su hija de 21 años. Enfrentábamos lo desconocido y el miedo invadió su corazón… ¿Cómo sería ahora su vida? ¿Sería feliz?”

El lugar del reencuentro

La comunidad religiosa siempre tuvo las puertas del Monasterio abiertas para ellos y así el esposo de Danielle se fue calmando y relacionándose con las hermanas de la comunidad cual si fueren sus hijas. “En la atmósfera del monasterio, pudimos profundizar nuestra experiencia de Cristo. El silencio poco a poco nos centró en lo esencial, lejos del ruido y las distracciones del mundo. Así apoyándonos en el silencio, la liturgia y el vínculo con las hermanas pudimos ir gustando más y más del amor de Dios”.

A sugerencia de la hija, Danielle y su esposo se fueron de viaje a Tierra Santa. Estando allí el sacerdote guía ofreció a quienes lo desearan renovar los votos matrimoniales… sin que nadie se los dijera, sabían que había llegado el momento de consagrar sacramentalmente su matrimonio y así lo hicieron.  

“Al mirar nuestra historia familiar comprobamos cómo nuestra hija nos ha ido llevando de la mano, para guiarnos a Cristo. Y lo sigue haciendo”,confidencia Danielle.

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