Fabio McNamara, artista: “A mi lo único que me importa es lo que Dios piense de mi”

11 de mayo de 2012.- Fabio McNamara, artista e icono de la movida madrileña, de la que hoy reniega, junto a Almodóvar y Alaska protagoniza este programa de “No es bueno que Dios esté solo”, que emite Intereconomía TV todos los domingos a las 21.30, y donde Gonzalo Altozano, director del semanario Alba y conductor del “Dando caña dominical”, entrevista, para hablar de Dios, a numerosos personajes célebres o no, pero con algo que contar sobre su vida y sobre su fe.

MacNacmara da testimonio de su cambio radical de vida al convertirse a Cristo y lograr salir del infierno de las drogas por la oración de su madre: «Le decía al padre Molina: tengo un hijo que no tiene solución, está metidísimo en la droga. Y el padre le decía: usted rece por él, que ya caerá. Y caí. La oración todo lo puede», cuenta. Y cuando Altozano le pregunta qué es la conversión, lo tiene claro: «Es un regalo que da Dios a quien Él quiere, pero también a quien se la trabaja. ¿Por qué unos sí y otros no…? Yo soy una criatura suya, pero sus designios no los conozco».


Fabio asegura con rotundidad: «Estuve, no perdido, sino perdidísimo, cuatro veces ingresado, dos veces a punto de morir a causa de tres enfermedades crónicas incurables. Soy un milagro viviente».  Es claro cuando se le pregunta por las criticas que pueden hacerle los que le conocen por su conversión: “A mi lo único que me importa es lo que Dios piense de mi”. La vida para él tiene hoy un sentido muy diferente: estar en gracia de Dios. «Por estar en gracia de Dios hago lo que sea, aunque sea revolcarme en un suelo regado de cristales rotos. Estar en gracia de Dios es saber para qué estamos aquí, que esta vida tiene un sentido. Es ser feliz, encontrar el amor puro y tener la seguridad de que no nos vamos a ir al infierno eternamente».

McNamara insiste mucho en esta verdad, y censura que algunos sacerdotes nunca le recuerden a sus fieles «que no todo el mundo se salva, y que el infierno está ahí»: «Hay que decirle a la gente la verdad».

Fabio es un habitual del popular oratorio de Caballero de Gracia, en la Gran Vía madrileña, donde Don Máximo es su confesor. Allí hace una hora diaria de adoración al Santísimo, reza el rosario y oye misa y comulga. Y está apegado a esa iglesia por razones que duda si contar o no: «Es una cosa un poquito fuerte». Vacila, pero al final vuelca el mal recuerdo de una vida que considera que entregaba a Satanás, porque «estaba sin el Señor, es decir, con el diablo; no hay término medio»: «Allí delante paraban los coches donde se compraba droga. Iba a comprarla, veía la iglesia, y a veces entraba un minuto para rezar y decirle al Señor: Por favor, sácame de este infierno».

Cuando Fabio comulga, es el mejor momento del día: «La comunión es Dios que se te mete dentro de ti, el acto más sublime, grandioso y trascendental que puede hacer el hombre… pero para eso tiene que estar en gracia. Lo más importante del mundo es estar en gracia de Dios».

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