Julio Derbez del Pino, periodista, y el intruso llamado cáncer que le rencontró con Dios

9 de marzo de 2012.- La epidemia de nuestro siglo, la peste de la sociedad actual, la pesadilla de los hombres de hoy. Son algunos de los calificativos del cáncer, enfermedad que, efectivamente, trae con quebraderos de cabeza a los científicos del mundo entero ya que, según estadísticas presentadas por diversos estudios, sólo en Estados Unidos 565,000 pacientes mueren al año. Pero, aunque reconociendo la maldad de todo esto, para Julio Derbez del Pino el cáncer significó un giro inesperado en su vida: el rencuentro con Dios.

Nacido en la Ciudad de México hace 48 años, Julio es periodista, autor de novelas y funcionario público. Todo parecía sonreírle en la vida… hasta que le diagnosticaron un cáncer primario de pulmón. Vinieron los miedos, las citas médicas, las preguntas. Julio dejaría de lado todo eso y lucharía contra el “intruso”, como llamará a su enfermedad, con valor, vida familiar y, cosa sorprendente para él, con una mayor cercanía a Dios.  «Siempre pensé que la Iglesia era para los débiles y los convenencieros. Pero cuando sentí la necesidad de acercarme porque me fortalecería, creyéndome un hombre absolutamente débil, decidí de nueva cuenta acercarme a la Iglesia».

(Juan Antonio Ruiz J., LC / Con Tinta de Esperanza)Esa fe no le quitó los malos momentos del proceso, especialmente la quimioterapia. De hecho, el cáncer pulmonar de células no pequeñas tiene, en la mayoría de los casos, una evolución muy agresiva. Pero Julio había decidido afrontar con entusiasmo todo y, sostenido también por el encuentro con Dios, él mismo rompía una y otra vez el hielo de la difícil relación médico-paciente. Con su serenidad y afabilidad, Julio liberó a los médicos de las máscaras detrás de sus batas y trabó amistad con todos ellos; tanto, que, cuando cambiaba de hospital, los médicos anteriores iban a visitarlo, rompiendo esa regla no escrita de la competencia que existe entre algunos de ellos. Todos sucumbieron al encanto de un enfermo que, mientras libraba la batalla más grande de su vida, se despertaba cantando a José Alfredo Jiménez.

Todo lo que ha vivido en este período, está ayudándole a iluminar a otras personas que se enfrentan a la realidad del cáncer. En una entrevista virtual que le hicieron en un periódico mexicano, una de las personas le pregunta: «Muy recientemente me detectaron cáncer en el pulmón y no se cómo enfrentar esta realidad. Me gustaría saber cómo lo hizo usted. ¿Cómo es que salió adelante? Yo tengo mucho miedo». A lo que Julio responde como el resumen de todo lo que ha vivido en este último tiempo: «Con la ayuda de Dios. Yo encontré que el remedio contra el miedo es Él, que es un gran Consuelo. Antes de la enfermedad estaba muy lejos. No sabía ni rezar y a él me encomiendo todos los días. Sé que es muy, pero muy, posible que el intruso decida regresar, así que a Él me encomiendo todos los días».

Y otro le vuelve a insistir en el mismo tema: «Estoy consternado porque hace poco menos de dos semanas una persona allegada a la familia murió de cáncer. En verdad fue increíble que yo la vi por última vez y no parecía tener ningún malestar y de repente le sobrevino aceleradamente la muerte. ¿Cuál es tu punto de vista acerca de que tú hayas superado esta enfermedad mientras otros mueren irremediablemente?». La respuesta, cargada de un realismo lleno de fe, revela la profundidad que Julio alcanzó en su relación con Dios: «Voluntad de Dios, que sé puede cambiar en cualquier momento. Él sabe qué quiere para nosotros, aunque nos parezca incomprensible».

Hoy, más de un año después de que se le diagnosticara esa dolencia, Julio no sólo está vivo, sino que se ha reincorporado plenamente a sus actividades como periodista y como gran influyente en la vida política y social mexicana. Ha escrito también un libro «Itinerario del intruso o para qué me sirvió el cáncer». Un texto que revela la clave de la curación de Julio: defender la vida con la vida, buscando el apoyo de Dios, la familia y los amigos. Y es que, en palabras del escritor mexicano, «el cáncer es una epidemia, pero no es una sentencia de muerte».

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