La historia de la vocación de Joseph Ratzinger: 60 aniversario de su ordenación sacerdotal

23 de junio de 2011.- En su autobiografía, el entonces cardenal Ratzinger dice que el momento más importante de su vida fue su ordenación sacerdotal. Fue el 29 de junio de 1951. Ese día, el cardenal de Munich Michael von Faulhaber ordenó en la catedral de Freising a los dos hermanos Ratzinger, Georg y Joseph. Georg tenía 27 años y Joseph, 24. Su familia era muy religiosa. Por eso, a sus padres no sorprendió la decisión de sus hijos.

“No es que hubiera un día en el que comunicásemos la decisión a nuestros padres. Fue una evolución, algo cada vez más claro, por lo que en realidad no tuvimos que decírselo directamente. Fue sin palabras. Nuestros padres sentían que es lo que queríamos. Y dijeron que sí. Pensaban que no se debe influir a los hijos en la elección de la propia vocación, que como mucho se les puede aconsejar, pero que cada uno debe vivir su propia vida”, recuerda su hermano Georg Ratzinger.

(Romereports.com) El futuro Papa había entrado en el seminario menor doce años antes, en 1939. Pero tuvo que abandonarlo por culpa de la guerra. Hitler obligó a los adolescentes a defender su país, y Joseph trabajó en las defensas antiaéreas y construyó trincheras antes de desertar. Tras la guerra, su seminario era sólo un amasijo de ruinas. Por eso, Joseph y Georg regresaron a Freising para reconstruir el edificio y recomenzar sus estudios.

Georg Ratzinger explica que “en aquel entonces, los soldados que regresaban del frente debían demostrar que tenían un trabajo, para asegurarse de que nadie estaba ocioso. Así todos reconstruían el país. Por eso, el rector del seminario, dijo: ‘Para evitar que vayáis a un lugar lejano, donde estaréis incómodos, ¿por qué no reconstruís el seminario? Hay mucho que hacer’. Y así, mi hermano y yo fuimos al seminario, para limpiarlo y repararlo”.

Tras cinco años de estudio y preparación llegó el 29 de junio de 1951. Algo ocurrió durante la ceremonia que quedó para siempre grabado en la memoria de Joseph Ratzinger según cuenta el mismo en “Mi vida”: “Cuando el anciano arzobispo impuso sus manos sobre las mías, un pajarillo -tal vez una alondra- se elevó desde el altar mayor y entonó un canto alegre; para mí fue como si una voz del Cielo me dijese ‘Va bien así, estás en el camino justo’”.

Su primer destino fue una parroquia de Munich, la iglesia de la Preciosa Sange de Cristo. Allí confesaba todos los días desde las 6 a las 7 de la mañana y 4 horas más los sábados, daba clase de religión a los niños y se encargaba de atender a los jóvenes. Estuvo sólo un año en esta parroquia porque el obispo percibió sus dotes para la enseñanza y le pidió que diera clase en el seminario a futuros sacerdotes.

El vídeo testimonio

 

Comentarios 0