Lucía Fonts estudió enfermería: «Salía con chicos, me fui acercando a la Palabra de Dios, me pregunté qué quería Dios de mí y sentí que me llamaba a ser Misionera Comboniana»

*  «Los primeros “culpables“, después de Dios, claro, fueron mis padres, que me transmitieron la fe con mucho cariño y empeño desde pequeña. Mi familia pertenece al Camino Neocatecumenal y fue en el seno de este Camino en que fui descubriendo la riqueza de compartir la fe con una comunidad creyente, pero no fue hasta que conocí a las Misioneras Combonianas, a la edad de 18 años, que no supe lo que era la vocación misionera»

*  «De hecho, tuvieron que pasar varios años y miles de acontecimientos para finalmente aceptar el hecho de que la misión ocupaba un lugar privilegiado en mi vida y, que la forma en que sentía que Dios me llamaba a entregarme a ella era… del todo y para siempre. Cuando al fin lo acogí así como lo sentía, sentí una paz muy grande y esa fue la que me impulsó a dar el paso de entrar al postulantado. Cada día me siento más enamorada de Jesús y de la misión que me encomienda: Ser portadora del amor que Él me dio gratuitamente. ¿Puede haber una ocupación mejor en la vida? Para mí no. Así que sigo conociéndole mejor y tratando de acoger lo que venga día a día como lo mejor que Él tiene preparado para mí»

Camino Católico.- La misionera comboniana Lucía Fonts Santana es natural de Barcelona (España) y tiene 27 años. La primera semana de noviembre voló con destino a Camerún para comenzar el estudio de la lengua francesa en Yaundé. Posteriormente será destinada a alguna comunidad de Chad, Camerún o República Centroafricana, los tres países que forman la provincia de las Misioneras Combonianas a la que ha sido destinada.

Lucia Fonts Santana en su comunidad de Misioneras Combonianas de Ecuador después de profesar sus votos antes de partir a su misión definitiva en Camerún

El pasado 14 de septiembre, Lucia profesó sus votos religiosos en Quito, capital de Ecuador. En este país latinoamericano realizó su noviciado y tuvo un primer contacto con la misión entre los indígenas y los afroecuatorianos de la parroquia de Santa María de los Cayapas. Ahora, después de un periodo de vacaciones con su familia, está llamada a anunciar al Dios de la vida en el corazón de África. Antes de partir confesó: “Estoy muy feliz y, al recordar a Comboni, la primera frase que me viene a la mente es aquella de ‘si tuviera mil vidas, todas serían para la Misión’”.

Lucía Fonts formaba parte con su familia de una comunidad del Camino Neocatecumenal de la Parroquía San Joaquina de Vedruna de Barcelona donde comprometida con Cristo empezó a preguntarse cuál era la voluntad de Dios. En julio de 2016 cuando había descubierto su vocación religiosa ella misma se definía asi:

“Me llamo Lucía y soy la mayor de cuatro hermanos. Mis padres son españoles pero yo nací en Holanda, aunque a los ocho años me vine a vivir a Barcelona. Mi primera vocación fue la de enfermera: acabé mis estudios de enfermería en el curso 2013-2014. Disfruto mucho escuchando música en directo, saliendo a bailar con amigos, leyendo un buen libro y haciendo excursiones con mi familia en la montaña. Me gusta viajar, aprender idiomas y conocer personas de otras culturas”.

En el año 2018, llevando ya tiempo en las Misioneras Combonianas ella misma escribió su testimonio en primera persona en el blog Jóvenes en Misión:

Lucia Fonts ejerciendo de enefermera

¡Hola amigos y amigas!

Para compartiros mi testimonio vocacional empezaré diciendo que los primeros “culpables“, después de Dios, claro, fueron mis padres, que me transmitieron la fe con mucho cariño y empeño desde pequeña. Mi familia pertenece al Camino Neocatecumenal y fue en el seno de este Camino en que fui descubriendo la riqueza de compartir la fe con una comunidad creyente, me fui acercando a la Palabra de Dios y aprendí a ir aplicándola a mi propia vida. Todo me fue llevando a preguntarme qué quería Dios de mí, pero no fue hasta que conocí a las Misioneras Combonianas, a la edad de 18 años, que no supe lo que era la vocación misionera. Con ellas comencé a participar de los encuentros de jóvenes con la motivación de realizar una experiencia en misión en África. Los encuentros “combojoven” me ayudaron a introducirme en el mundo de la misión. Allí conocí quien era Comboni; su espíritu entusiasta y su inspiración del Plan para la Regeneración del África. Su lema “Salvar África con África” me cautivó, y me ayudó también a vivir con más consciencia y plenitud esa breve estancia en Mozambique con las Misioneras Combonianas.

Esa experiencia fue un antes y un después en mi vida, pues me decidí a volver algún día, pero ya como profesional; descubrí la gratuidad con la que vive la gente sencilla y cómo ven a Dios con ellos en medio de sus dificultades. La fe de estas personas que encontré en Mozambique también me interpeló mucho. Mi vida permaneció sin muchos cambios aparentes, seguí estudiando enfermería, saliendo con chicos y teniendo la vida de cualquier joven de mi edad. Seguí participando de los encuentros de jóvenes en Madrid una vez al mes, no sabía por qué pero me sentía como en casa con ellos y con las Combonianas; y volvía de esos fines de semana llena de entusiasmo por la misión y llena del amor de Dios que transmitían tan naturalmente las hermanas.

Al año siguiente tuve la oportunidad de hacer un Erasmus en Irlanda, pero África seguía llamándome con fuerza, de manera que renuncié a ese intercambio por ir a visitar a una hermana que recientemente la habían destinado a Egipto. Permanecí dos meses con ella, en el Cairo y alrededores. Esa experiencia fue más fuerte, si cabe, que la anterior. Fue mi primer contacto con el mundo árabe. Me costó por la barrera del idioma y cultural pero fui descubriendo la belleza de la misión en un país de mayoría islámica. Allí las hermanas sólo podían hablar de Dios con su testimonio de vida, y eso le exigía vivir con mucha autenticidad su fe… ¡Pero qué belleza el compartir con otras religiones la amistad y la cercanía! No lograba entender por qué había decidido ir a Egipto pues en ese entonces ni siquiera se pasaba por mi cabeza la posibilidad de ser Misionera Comboniana. De hecho, tuvieron que pasar varios años y miles de acontecimientos para finalmente aceptar el hecho de que la misión ocupaba un lugar privilegiado en mi vida y, que la forma en que sentía que Dios me llamaba a entregarme a ella era… del todo y para siempre.

Cuando al fin lo acogí así como lo sentía, sentí una paz muy grande y esa fue la que me impulsó a dar el paso de entrar al postulantado. Cada día me siento más enamorada de Jesús y de la misión que me encomienda: Ser portadora del amor que Él me dio gratuitamente. ¿Puede haber una ocupación mejor en la vida? Para mí no. Así que sigo conociéndole mejor y tratando de acoger lo que venga día a día como lo mejor que Él tiene preparado para mí.

A ti, joven, te digo que escuches sin miedo tu corazón y sigas tus más nobles sueños, ponlos delante del Señor con confianza. El señor siempre guía hacia el camino que lleva a una vida en abundancia y supera todo aquello que un día imaginaste era tu felicidad.

Lucia Fonts Santana

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