María Luisa Erhardt, de Betania, mujeres separadas católicas: «En el rencor Dios no puede actuar. Trabajamos el perdón»

“Cuando Dios sana a una mujer sana a una madre, con ella a unos hijos, con ellos a una familia y con ella a una sociedad»

1 de mayo de 2016.-  (A.L.M. / Intereconomia TV  / Camino Católico)  María Luisa Erhardt se separó de su marido hace 27 años, siendo madre de tres hijos. Luego, se divorció y la Iglesia Católica tardó ocho años en declarar la nulidad de su matrimonio.  «»Me separé joven, tenía 30 años y llevaba tres mirándome a mí misma. No podía culpar al otro porque no tenía poder sobre el otro… El que me fue guiando y educando fue Dios, porque me enseñó a conocerme a mí misma. Le pedí que entrase en mi vida y me ayudase a conocerme para así autoeducarme y poder educar a mis hijos«, cuenta María Luisa en la entrevista, que puede visualizarse en el vídeo, que le hace Gonzalo Altozano para el programa “No es bueno que Dios esté solo” de  Intereconomia TV.

En el transcurso de su testimonio explica como en 2006 fundó Betania, una entidad católica, con estatutos en la diócesis de Madrid para no circunscribirse a movimiento concreto alguno, que acoge a mujeres separadas, divorciadas o con su matrimonio anulado, con la idea de «sanar» el mal que esos procesos causan.

Su experiencia de vivir un proceso de sanación de la mano de Dios es la que la ha llevado a escuchar la llamada del Altísimo a crear Betania -en la imagen con integrantes de la entidad-, aunque ella tardó en responder a esa interpelación, pero cuando lo hizo tuvo claro cómo debía ponerla en práctica:

«En el rencor Dios no puede actuar. En Betania trabajamos el perdón, perdonándonos a nosotras mismas. Intentar ser perfectos es un problema de orgullo y de soberbia, porque somos imperfectos y Dios nos creó imperfectos. Sólo puede ser humilde quien tiene una autoestima alta. Si no conoces tus capacidades, no puedes saber lo que Dios quiere de ti

En Betania primero se escucha, después se ama, y luego todo eso lo ponemos en el Señor y en la Virgen y rezamos con corazones abiertos. Cada historia es sagrada, aquí no culpabilizamos a nadieno nos permitimos juicios, prejuicios, rumores ni críticas«.

La única cosa que deben hacer las mujeres que acuden a Betania es«Abrir el corazón, no tapar, porque es la forma de saber dónde están nuestras limitaciones y cómo trabajarlas. En ocasiones son personas que no han podido llorar de tanto sufrimiento, y llorar es entonces una desintoxicación del alma. Cuando Dios sana a una mujer sana a una madre, con ella a unos hijos, con ellos a una familia y con ella a una sociedad», explica María Luisa Erhardt. Ella tiene claro que el nombre “Betania” va unido a la misión espiritual que realiza la entidad:

«Es el lugar donde Jesucristo iba a descansar con sus amigos: Lázaro, Marta y María. Allí comían, bebían, se reían. Queremos descansar en el corazón de Jesús y Él quiere descansar en nosotros. En Betania sanamos desde Dios. Yo estoy sanada en Dios»,

La Virgen María ha tenido un papel importante en esta conversión continuada de María Luisa y sus hijos. Creó un «santuario-hogar» tras su separación porque los hijos son las «víctimas inocentes». Uno de ellos, pasado los años, se ordenaría sacerdote tal y como puede comprobarse en la imagen de la izquierda. Además de rezar en casa con la presencia de la Virgen en familia, también lo ha hecho con perseverancia en el santuario de Schönstatt . Allí escucho dos palabras en el corazón que guían todo el trabajo de Betania: «Atenta y disponible». María Luisa aseguraque «los tiempos de la Virgen son muy delicados» y es así como el grupo quiere recibir y ayudar a las personas que acuden buscando comprensión.

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