Mary Martha, monja: «Iba a misa solo para impresionar a un chico que me gustaba, profundicé mi fe y leer un artículo de una jugadora de baloncesto me llevó al convento»

* «He llegado a aprender que la vida religiosa no se trata de negar o borrar nada, sino de desarrollar y descubrir quién soy realmente. Ahora estoy en el mismo lugar que mis antiguos alumnos, pero Dios es el maestro, formando toda mi persona y quitando los miedos y faltas que encubren la persona que soy. Al hacerlo, me ha dado más felicidad, libertad y energía de lo que jamás hubiera imaginado. La ironía de entregarle toda tu vida a Dios en la vida religiosa es que Él te lo devuelve todo, ¡con interés! El sacrificio es real, pero Dios obra con la naturaleza y la enriquece con su gracia»

Camino Católico.- La hermana Mary Martha, realizó sus votos perpetuos el 25 de julio de 2008 en las  dominicas de Nashville y que es una de las religiosas que relata la historia de su vocación en la web de esta congregación.  El interés en un chico es lo que le acercó más a la Iglesia, un artículo en la prestigiosa revista deportiva Sports Illustrated de una famosa jugadora de baloncesto que decidió dejar su carrera en la cima para irse a un convento la interpeló hacia su vocación y los niños a los que le enseñaba le fueron mostrando que en su vida debía dar un paso más. Así cuenta su testimonio en primera persona:

Dar mi vida y recuperarla, con interés

Crecí en Canadá, a una hora al este de Vancouver, Columbia Británica, pero me fui después de la secundaria para asistir a Christendom, una pequeña universidad católica en Virginia. Debo confesar que aunque crecí como católica, la fe no fue la principal influencia en mi decisión de asistir a la universidad.

De hecho, una vez que llegué, comencé a ir a misa todos los días solo para impresionar a un chico que me gustaba. Funcionó, pero también tuvo la consecuencia inevitable de profundizar mi fe. Las horas santas, las procesiones del Rosario, incluso las clases cobraron una importancia personal ya que sentí un inexplicable deseo de absorber todo lo católico. Irónicamente, aquel muchacho es ahora un sacerdote ordenado y yo ¡estoy aquí en el convento! En 1998, terminé mis estudios de teología y comencé a enseñar.

Después de algunos años de viajar, moviéndome de la costa este a la costa oeste y viceversa, finalmente me establecí en Delaware, donde enseñé en la escuela secundaria y preparatoria. Aprender fue divertido, pero nunca pude guardármelo para mí. La emoción de mostrar a los demás la belleza y la maravilla de todo eso hizo que me encantara enseñar, desde una época en la que, incluso en la escuela primaria, mis hermanos y hermanas eran alumnos reacios.

Y así enseñé, tratando de formar a mis estudiantes en personas íntegras tanto académica como moral y espiritualmente. Poco sabía yo que al mismo tiempo Dios me estaba moldeando para una vocación dominica. Todas las señales estaban ahí, incluso en las escuelas donde enseñé: ¡Nuestra Señora del Rosario y Academia de Aquino!

Y mientras enseñaba recibí un artículo publicado en la revista Sports Illustrated. Se trataba de una mujer joven, una jugadora de baloncesto profesional internacional, que amaba lo que hacía, era buena en eso, tenía grandes amigos, familia, novios y dinero… todo. Pero para ella no era satisfactorio; ella lo dejó todo para unirse a una comunidad de clarisas de clausura. Para mí, fue un artículo muy inquietante de leer; había demasiadas similitudes conmigo. Con un acto de fe, cinco meses y una visita a Santa Cecilia más tarde, compré un boleto de ida a Nashville.

Pensé que venir al convento de Santa Cecilia sería un acto de sacrificio para mí, una completa renuncia al mundo. Pero aún más, pensé que tendría que  renunciar a mí misma para encajar en el molde de ‘hermana’: estirarme, encogerme, estrujarme a toda costa.

He llegado a aprender que la vida religiosa no se trata de negar o borrar nada, sino de desarrollar y descubrir quién soy realmente. Ahora estoy en el mismo lugar que mis antiguos alumnos, pero Dios es el maestro, formando toda mi persona y quitando los miedos y faltas que encubren la persona que soy.

Al hacerlo, me ha dado más felicidad, libertad y energía de lo que jamás hubiera imaginado. La ironía de entregarle toda tu vida a Dios en la vida religiosa es que Él te lo devuelve todo, ¡con interés! El sacrificio es real, pero Dios obra con la naturaleza y la enriquece con su gracia.

Hermana Mary Martha, O.P.


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