Mikel Ormazabal de pequeño quería ser misionero y es sacerdote: «Mi padre repetía: ‘Haz que nuestro alimento sea hacer Señor tu voluntad’. Siempre he intentado buscarla»

*  «La fe me la habían transmitido muy bien en casa y la realidad es que siempre he creído y he practicado mi fe. Nunca he dejado de lado a Dios. Pero, verás, el caso es que el internado era anglicano así que no tenía la posibilidad de ir a misa cada día y muchos domingos tampoco. Para mí era un inconveniente, una dificultad… pero se me ocurrió que cada noche rezaría un rato con una Biblia que me había llevado en la maleta. Ya que no podía alimentarme de la Eucaristía, al menos podría alimentarme de la palabra de Dios. Y así, cada noche, de rodillas, rezaba a los pies de mi cama y el Señor me regaló momentos preciosos.  Sentía en mi propia carne la sed de la Eucaristía y de los sacramentos, y me di cuenta de que no solo yo tenía sed. Vi que toda Inglaterra, toda Europa, padecía una sed espiritual grandísima. Entonces pensé que, aquello que yo deseaba de pequeño de ser misionero para ir a trabajar por los sedientos, no era una tontería de niño, no era un sentimiento que había salido de mí, sino que era el Señor que me hablaba…y me sentí llamado a saciar esa sed espiritual que asedia al mundo. Tenemos tantas personas conocidas, también aquí en San Sebastián, que se están muriendo de tristeza, de depresión, de angustia… que hay que poner a Dios ahí, porque Dios sana, Dios cura las heridas»

Foto: Marta León

*  «Tengo la convicción de que esa felicidad que todos buscamos es imposible encontrarla sin Dios. Porque Dios nos ha creado con un corazón infinito, como el suyo, y un corazón infinito no lo puedes saciar con nada que no sea infinito. Esa felicidad que uno busca en muchos sitios, mendigándola muchas veces, solo llega de verdad cuando uno se deja encontrar por Dios. El Señor está deseando encontrarse con nosotros, pero nosotros tenemos que quererlo también. El Señor nos da toda la libertad. Quien pide recibe, quien busca encuentra, y al que llama se le abre. Sé que dónde vaya habrá un sagrario, así que donde sea… estaré con el Señor»

Camino Católico.- El pasado domingo 28 de junio tuvo lugar en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián (España) la ordenación sacerdotal de tres jóvenes guipuzcoanos. Culminaron así un camino personal marcado por la búsqueda y la entrega. Juan Bernabé, Mikel Ormazabal y Yon Cuadrado. La celebración fue presidida por el obispo Mons. Munilla, acompañado por más de 60 sacerdotes.

Mikel Ormazabal es el más jovial de los tres. Quedamos con él una tarde de lluvia en Lourdes Txiki: “Yo soy del antiguo de toda la vida, así que Lourdes Txiki es un lugar muy cercano a mi, vengo mucho”, explica a Marta León en Aleteia.

Yon Cuadrado, informático y cocinero, es sacerdote: «Le pedía a Dios, si existía, que no me regalara otro día y sentí esa mano que coge y saca a alguien de un pozo muy profundo»

Juan Bernabé, sacerdote: «‘Dios me llama pero yo no puedo… ¡Era un choque de trenes!’ En la JMJ vi que Dios quería. Él no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige»

También tiene 25 años y, aun con barba y todo, parece un chaval mucho más joven. Así a lo lejos, en zapatillas y bajo la capucha de su chubasquero nadie diría que está a punto de ordenarse sacerdote cuando se realizó la entrevista. Sonríe sin parar y los ojos le brillan todo el tiempo… mientras nos cuenta cómo ha sido su historia:

– En mi familia somos tres hermanos, yo soy el mediano. Tengo unos padres que nos han querido siempre mucho y que nos han querido dar lo mejor y dentro de ese lo mejor nos han dado a Cristo y nos han transmitido la fe, además muy bien. Siempre en medio de una vida sencilla, ¿eh?, haciendo las cosas normales pero rezando en familia sobre todo los domingos por la mañana. Partiendo de esta familia que , como digo, nos ha transmitido la fe yo siempre he tenido como una obsesión que ha sido saber cuál era el plan de Dios para mí, saber para qué estoy aquí.

Esto me viene de que en casa mi padre bendice siempre la mesa y suele dar las gracias por el día, por los alimentos… lo habitual. Al final siempre repite la misma frase: “Haz que nuestro principal alimento sea hacer siempre tu voluntad”. Y claro, yo creo que de tanto oír esto cada día durante tantos años pues se me quedó muy grabado y desde pequeño he sabido que lo importante en esta vida es cumplir esa voluntad..

Mikel Ormazabal, a la izquierda de Monseñor Munilla, concelebrando la Santa Misa el día de su ordenación sacerdotal / Foto: Diócesis de San Sebastián

– Hay que buscar porque supongo que no viene Dios y te lo dice clarito…

– Bueno… Lo dice bastante claro, pero lo que pasa es que tenemos que aprender a escucharle. Esta ha sido mi tarea en la vida, y aun hoy, estoy aprendiendo el lenguaje de Dios”

Foto: Marta León

– Pero cuéntame cómo llegas a pensar en el seminario.

– En el colegio había un padre marianista que nos solía hablar de África. Nos contaba que allí los niños llegaban a morir de sed y a mi aquello me impresionaba muchísimo. Pensaba que yo debía ir allí, como misionero, y hacer un pozo y darles de beber. En fin… los deseos de un niño. Me impresionaba tanto el tema que yo a veces dejaba de beber agua para saber que era sentir sed, para saber cómo se sentían aquellos niños. Así que se puede decir que desde pequeño tuve el deseo de ser misionero y este deseo me ha acompañado siempre.

– Sin menospreciar esto que me cuentas no deja de ser un deseo infantil como el que quiere ser bombero o astronauta. De eso a querer ser cura hay un trecho muy largo…

– Sí, eso es verdad, pero yo tenía ese deseo en el corazón. El momento decisivo vino después. Cuando terminé la ESO, ya en otro colegio, mis padres me enviaron un verano a un internado inglés para que aprendiera el idioma. Tengo que decir que yo en esa época ya tenía una vida de fe activa, iba a Misa, frecuentaba los sacramentos y rezaba diariamente. Para mí no era lo mismo un día con Eucaristía que un día sin ella.

– Con quince años, me reconocerás que eso no es muy frecuente…

– Sí, bueno… La fe me la habían transmitido muy bien en casa como te he dicho y la realidad es que siempre he creído y he practicado mi fe. Nunca he dejado de lado a Dios. Pero, verás, el caso es que el internado era anglicano así que no tenía la posibilidad de ir a misa cada día y muchos domingos tampoco. Para mí era un inconveniente, una dificultad… pero se me ocurrió que cada noche rezaría un rato con una Biblia que me había llevado en la maleta. Ya que no podía alimentarme de la Eucaristía, al menos podría alimentarme de la palabra de Dios.

Y así, cada noche, de rodillas, rezaba a los pies de mi cama y el Señor me regaló momentos preciosos. Afortunadamente, o más bien, providencialmente, tenía una habitación para mí solo porque si hubiera tenido un compañero, me hubiera dado tanta vergüenza que estoy seguro que no lo hubiera hecho.

– ¿Y qué pasó? ¿Por qué este hecho es determinante en tu vocación?

– Pues pasó que esa sed, que tanto me llamaba la atención de pequeño, la redescubrí de nuevo. Sentía en mi propia carne la sed de la Eucaristía y de los sacramentos, y me di cuenta de que no solo yo tenía sed. Vi que toda Inglaterra, toda Europa, padecía una sed espiritual grandísima.

Y me parecía que esa sed espiritual era todavía peor que la sed física. La sed física mata el cuerpo, pero la sed espiritual mata el alma. Entonces pensé que, aquello que yo deseaba de pequeño de ser misionero para ir a trabajar por los sedientos, no era una tontería de niño, no era un sentimiento que había salido de mí, sino que era el Señor que me hablaba…y me sentí llamado a saciar esa sed espiritual que asedia al mundo. Tenemos tantas personas conocidas, también aquí en San Sebastián, que se están muriendo de tristeza, de depresión, de angustia… que hay que poner a Dios ahí, porque Dios sana, Dios cura las heridas.

Mikel Ormazabal con Monseñor Munilla, el día de su ordenación sacerdotal / Foto: Diócesis de San Sebastián

Volví a casa y lo hablé con un sacerdote y un par de amigos, entre ellos Juan, y no dije nada más a nadie, durante mucho tiempo. Con la ayuda de este sacerdote fui viendo que este era el camino. Pasaba el tiempo y yo iba contento, y creo que esa es una forma que tiene el Señor de hablar al corazón, una señal de que vas bien. Y a día de hoy sigo igual de contento o más… me duelen los mofletes de tanto sonreír invitando a unos y a otros a mi ordenación.

– Y cuando ya por fin dijiste que te ibas al seminario cómo reaccionó tu familia, tus amigos…?

– En mi casa muy bien, muy contentos, yo sabía que para mis padres era una buena noticia. Los amigos también muy bien, alguno se sorprendió un poco más pero muy bien todo el mundo. Yo mismo me quedé muy sorprendido de que nadie me dijera: pero qué haces…, vas a tirar tu vida a la basura…, piénsalo bien…

Nadie me ha dicho nada de eso, ni siquiera la gente de mi familia que no cree. Para mí ha sido una sorpresa no encontrar ni una sola reacción de ese tipo.

Como anécdota divertida, recuerdo en el colegio, que una vez estábamos en el comedor comentando que íbamos a estudiar al curso siguiente.

Entonces yo dije que pensaba ir al seminario y no a estudiar derecho y filosofía que era lo que todos creían. Hubo un momento de sorpresa, de felicitaciones y después le preguntaron a Juan que estaba justo a mi lado… y va y dice él que también se va al seminario.

Todos pensaron que estábamos de broma, hasta que se dieron cuenta que era de verdad. Había un compañero sentado al lado nuestro que rápidamente tuvo que aclarar que él no se iba al seminario, pues el resto no se atrevían ni a preguntar…fue muy divertido…”

– ¿Cómo han sido estos seis años de seminario?

Mikel Ormazabal el día de su ordenación sacerdotal / Foto: Diócesis de San Sebastián

– Yo destacaría los momentos de dudas, las cruces, que también ha habido. Creo que es necesario pasar por ahí. En los momentos donde la fe flaquea, es donde después se hace más fuerte. Momentos en los que no ves al Señor cerca, momentos de sequedad en la oración… es bueno pasar por eso, para poder amarle sin verle. Esto hace que el amor se fortalezca.

– ¿Cómo ves nuestra Iglesia más cercana?

– Veo una Iglesia muy herida, en la que hay mucha falta de comunión, también en el clero. Muchas veces no somos precisamente luz… y es una pena. Pero al mismo tiempo veo que el Señor está soplando su espíritu y se están renovando nuevos carismas y movimientos que están cogiendo fuerza como Emaús, Effeta o la Renovación Carismática. Creo que la Iglesia está pasando un momento de prueba, pero que también es necesario para que la fe se fortalezca. Veo la situación de nuestra Iglesia como una oportunidad, porque vivir en una sociedad atea e incluso anticristiana es una gracia, porque puede hacer que nuestra fe sea aún más fuerte.”

– Vosotros sois jóvenes que han tomado un camino poco común y que demuestra vuestra valentía y compromiso. Escuchándoos y charlando con vosotros yo puedo decir que parecéis felices y plenos. ¿Qué le diríais a tantos jóvenes que andan buscando su camino a veces en lugares equivocados?

– A los jóvenes nos han colado una mentira muy grande, que es hacernos creer que tenemos que vivir centrados en nosotros mismos buscando lo que nos hace felices. La realidad es que vivir centrado en uno mismo es impedimento para llegar a ser feliz. Hay que vivir abierto a relaciones sinceras y de amistad plenas. Tengo la convicción de que esa felicidad que todos buscamos es imposible encontrarla sin Dios. Porque Dios nos ha creado con un corazón infinito, como el suyo, y un corazón infinito no lo puedes saciar con nada que no sea infinito. Esa felicidad que uno busca en muchos sitios, mendigándola muchas veces, solo llega de verdad cuando uno se deja encontrar por Dios. El Señor está deseando encontrarse con nosotros, pero nosotros tenemos que quererlo también. El Señor nos da toda la libertad. Quien pide recibe, quien busca encuentra, y al que llama se le abre.

De su futuro nada saben pero Mikel resume muy bien su postura respecto a esto: “Sé que dónde vaya habrá un sagrario, así que donde sea… estaré con el Señor.” Y añade: “Pido oraciones, por nosotros y por la unidad…para que haya una comunión sincera”.

Así que el que quiera y sepa, por favor, que le tenga presente en sus oraciones. Desde ya, cuenta con las mías…

 Marta León

Yon Cuadrado, informático y cocinero, es sacerdote: «Le pedía a Dios, si existía, que no me regalara otro día y sentí esa mano que coge y saca a alguien de un pozo muy profundo»

Juan Bernabé, sacerdote: «‘Dios me llama pero yo no puedo… ¡Era un choque de trenes!’ En la JMJ vi que Dios quería. Él no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige»


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