Oración a la Inmaculada Concepción para que seamos dignos de alcanzar las promesas de su Hijo Jesucristo / Por P. Carlos García Malo

* «Señora del adviento. Virgen Inmaculada. Dios puso en ti su mirada y volcó su misericordia antes de tiempo. Purísima entre todo lo creado. En tu persona Dios derramó toda la gracia y todo su amor haciéndote Inmaculada y Virgen. Intercede y reza por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo Jesucristo»

P. Carlos García Malo / Camino Católico Este 8 de diciembre la Iglesia celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, doctrina de origen apostólico que fue proclamada dogma por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 con la bula Ineffabilis Deus.

Hay una idea popular que se refiere a la concepción de Jesús por la Virgen María pero no es a este hecho al que se refiere esta solemnidad, sino a la manera especial en la cual fue concebida María. Esta concepción no fue virginal (es decir, que ella tuvo un padre humano y una madre humana), pero fue especial y única de otra manera…

La explicación está en el mismo Catecismo de la Iglesia Católica:

490 Para ser la Madre del Salvador, María fue “dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante”. El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como “llena de gracia”. En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios.

491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María “llena de gracia” por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

‘… la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano’.

¿Significa esto que María nunca pecó? Sí. Debido a la forma de redención que se aplicó a María en el momento de su concepción, ella no solo fue protegida del pecado original, sino también del pecado personal. El Catecismo lo explica:

493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios “la Toda Santa” (Panaghia), la celebran “como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo”. Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

¿Significa que María no necesitaba que Jesús muriera por ella en la cruz? No. Lo que hemos citado es que María fue concebida inmaculadamente como parte de su ser “llena de gracia” y así “redimida desde el momento de su concepción” por “una singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso y por virtud de los méritos de Jesucristo, salvador de la raza humana”. El Catecismo afirma:

492 Esta “resplandeciente santidad del todo singular” de la que ella fue “enriquecida desde el primer instante de su concepción”, le viene toda entera de Cristo: ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo”. El Padre la ha “bendecido […] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” más que a ninguna otra persona creada. Él la ha “elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor”.

508 De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, “llena de gracia”, es “el fruto más excelente de la redención”; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

Pidamos la intercesión de la Inmaculada Concepción para que seamos dignos de alcanzar las promesas de su Hijo Jesucristo con la siguiente oración:

Señora del adviento.

Virgen Inmaculada.

Mujer entre las mujeres.

Dios puso en ti su mirada

y volcó su misericordia antes de tiempo.

Purísima entre todo lo creado,

el cielo se viste de azul y te corona de estrellas.

Los ángeles vitorean la creación hecha en ti,

a la vez que el estupor envuelve el universo:

“¿Quién es esta que va subiendo cuál aurora naciente,

bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejército…?”

 Tu figura resplandece, y la corte celestial te canta:

“bienaventurada”… 

No ha habido, no hay ni habrá criatura semejante a ti.

En tu persona Dios derramó toda la gracia

y todo su amor haciéndote Inmaculada y Virgen.

Intercede y reza por nosotros

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de tu Hijo Jesucristo.

Amén.

Inmaculada Concepción; ruega por nosotros. 

                                              P. Carlos García Malo

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