Papa Francisco en la Audiencia, 25-3-2020: «La defensa de la vida compromete a todos los cristianos. El Evangelio de la vida está en el corazón del mensaje de Jesús»

*  «Pienso con gratitud en el testimonio silencioso de tantas personas que, de diferentes maneras, se están entregando a servir a los enfermos, a los ancianos, a los que están solos y a los más indigentes. Ponen en práctica el Evangelio de la vida, como María que, tras aceptar el anuncio del ángel, fue a ayudar a su prima Isabel que lo necesitaba. En efecto, la vida que estamos llamados a promover y defender no es un concepto abstracto, sino que se manifiesta siempre en una persona de carne y hueso: un niño recién concebido, un pobre marginado, un enfermo solo y desanimado o en estado terminal, alguien que ha perdido el trabajo o no puede encontrarlo, un emigrante rechazado o marginado. La vida se manifiesta en concreto, en las personas»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Renuevo a todos también la invitación a participar espiritualmente, a través de los medios de comunicación, en el acto de oración que presidiré pasado mañana, viernes, a las 18 horas, en el parvis de la basílica de San Pedro. La escucha de la Palabra de Dios y la adoración del Santísimo Sacramento serán seguidas por la Bendición Urbi et Orbi, con la indulgencia plenaria adjunta»

25 de marzo de 2020.- (Camino Católico)  El Papa Francisco ha subrayado este miércoles 25 de marzo durante la Audiencia General celebrada en la Biblioteca del Palacio Apostólico, que “la defensa de la vida, para la Iglesia, no es una ideología, es una realidad. Una realidad humana que compromete a todos los cristianos”. El Papa ha recordado en su catequesis que “hace 25 años, en esta misma fecha del 25 de marzo, que en la Iglesia es la fiesta solemne de la Anunciación del Señor, San Juan Pablo II promulgaba la Encíclica Evangelium vitae, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana”.

 “Hoy, nos encontramos ofreciendo de nuevo esta enseñanza en el contexto de una pandemia que amenaza la vida humana y la economía mundial”, subraya Francisco. Esta situación “nos hace sentirnos todavía más comprometidos con la palabra con la que comienza la Encíclica. Es esta: ‘El Evangelio de la vida está en el corazón del mensaje de Jesús. Acogido por la Iglesia cada día con amor, se anuncia con fidelidad valiente como buena nueva para los hombres de toda época y cultura’”.

Hizo hincapié en que “la vida que estamos llamados a promover y a defender no es un concepto abstracto, sino que se manifiesta siempre en una persona de carne y hueso: un niño apenas concebido, un pobre marginado, un enfermo solo y desanimado, o en estado terminal, uno que ha perdido el trabajo, o que no consigue encontrarlo, un migrante rechazado o guetizado”. “Todo ser humano está llamado por Dios a gozar de la plenitud de la vida”, recuerda Francisco, “y siendo confiado a la preocupación materna de la Iglesia, toda amenaza a la dignidad y a la vida humana no puede no repercutir en el corazón de ella, en sus ‘vísceras’ maternales”.

El Papa Francisco finalizó su catequesis repitiendo que “toda vida humana, única e irrepetible, constituye un valor inestimable. Esto debe anunciarse siempre de forma nueva, con la parresia de la palabra y la valentía de las acciones. Esto llama a la solidaridad y al amor fraterno hacia la gran familia humana y cada uno de sus miembros”. . En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hace veinticinco años, en esta misma fecha del 25 de marzo, -que en la Iglesia es la fiesta solemne de la Anunciación del Señor-,San Juan Pablo II promulgaba la Encíclica Evangelium Vitae, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana.

El vínculo entre la Anunciación y el «Evangelio de la vida» es estrecho y profundo, como subrayaba San Juan Pablo en su Encíclica. Hoy nos encontramos relanzando esta enseñanza en el contexto de una pandemia que amenaza la vida humana y la economía mundial. Una situación que nos hace sentir todavía más exigentes las palabras con las que comienza la Encíclica. Estas son: «El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas» (nº 1).

Como de todo anuncio evangélico, de esto se debe dar, ante todo, testimonio. Y pienso con gratitud en el testimonio silencioso de tantas personas que, de diferentes maneras, se están entregando a servir a los enfermos, a los ancianos, a los que están solos y a los más indigentes. Ponen en práctica el Evangelio de la vida, como María que, tras aceptar el anuncio del ángel, fue a ayudar a su prima Isabel que lo necesitaba.

En efecto, la vida que estamos llamados a promover y defender no es un concepto abstracto, sino que se manifiesta siempre en una persona de carne y hueso: un niño recién concebido, un pobre marginado, un enfermo solo y desanimado o en estado terminal, alguien que ha perdido el trabajo o no puede encontrarlo, un emigrante rechazado o marginado. La vida se manifiesta en concreto, en las personas.

Todo ser humano está llamado por Dios a disfrutar de la plenitud de la vida; y por estar confiado a la preocupación maternal de la Iglesia, toda amenaza a la dignidad y la vida humanas no puede por menos que repercutir en su corazón, en sus «entrañas» maternales. La defensa de la vida para la Iglesia no es una ideología, es una realidad, una realidad humana que involucra a todos los cristianos, precisamente en cuanto cristianos y en cuanto humanos.

Los ataques contra la dignidad y la vida de las personas continúan lamentablemente incluso en nuestra época, que es la época de los derechos humanos universales; todavía más nos enfrentamos a nuevas amenazas y a nuevas esclavitudes, y no siempre las legislaciones protegen la vida humana más débil y vulnerable.

El mensaje de la Encíclica Evangelium Vitae es, por lo tanto, más actual que nunca. Más allá de las emergencias, como la que estamos viviendo, se trata de actuar a nivel cultural y educativo para transmitir a las generaciones futuras una actitud de solidaridad, de atención y acogida, bien sabiendo que la cultura de la vida no es patrimonio exclusivo de los cristianos, sino que pertenece a todos aquellos que, trabajando para construir relaciones fraternas, reconocen el valor propio de cada persona, incluso cuando es frágil y sufre.

Queridos hermanos y hermanas, cada vida humana, única e irrepetible, vale por sí misma, constituye un valor inestimable y hay que anunciarlo siempre de nuevo, con la valentía de la palabra y la valentía de las acciones. Para ello hacen falta solidaridad y amor fraternal por la gran familia humana y por cada uno de sus miembros.

Por lo tanto, con San Juan Pablo II, que escribió esta encíclica, con él reafirmo con renovada convicción el llamamiento que dirigió a todos hace veinticinco años: «¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a cada vida, a toda vida humana! ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!» (Enc. Evangelium vitae, 5).

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy celebramos la solemnidad de la Anunciación del Señor.  Hace 25 años, san Juan Pablo II promulgó la Encíclica Evangelium vitae, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana. Este santo pontífice presentaba el ejemplo de la Virgen María que acogió a Dios en el momento del anuncio del Ángel Gabriel, y desde entonces se comprometió a hacerse cargo de esa nueva vida que nacía en sus entrañas.

Hoy, ante esta pandemia que estamos viviendo y que amenaza la vida humana, recordamos a tantas personas que se prodigan en el servicio de los enfermos, de los ancianos y de los que están solos. Nuestras sociedades necesitan que difundamos más allá de las emergencias, como la de ahora, esa cultura de la solidaridad, del cuidado y de la acogida, contribuyendo a crear un mundo cada vez más humano, con coraje en la palabra y valentía en las acciones.

Esto significa responsabilizarnos del que sufre, del marginado, del que no es capaz de avanzar por sus propios medios, porque todos ellos tienen derecho a gozar de la plenitud de la vida, y para todos ellos la Iglesia debe tener entrañas de madre.

Saludo a los fieles de lengua española que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación. En estos momentos en que toda la humanidad está sufriendo a causa de la pandemia, los exhorto a implorar la protección de María y la intercesión del Papa san Juan Pablo II, para que toda vida humana sea valorada, respetada, defendida y amada; así se hallará justicia, paz y felicidad. Que Dios los bendiga.

El Papa ha dicho al saludar a los peregrinos en otras lenguas:

Dentro de poco, al mediodía, nosotros, los Pastores de las diversas Comunidades Cristianas, junto con los fieles de las distintas denominaciones, nos reuniremos espiritualmente para invocar a Dios con la oración del Padre Nuestro. Unamos nuestras voces de súplica al Señor en estos días de sufrimiento, mientras el mundo es duramente probado por la pandemia. Que el Padre, bueno y misericordioso, otorgue la petición concorde de sus hijos que con confiada esperanza se dirigen a su omnipotencia.

Renuevo a todos también la invitación a participar espiritualmente, a través de los medios de comunicación, en el acto de oración que presidiré pasado mañana, viernes, a las 18 horas, en el parvis de la basílica de San Pedro. La escucha de la Palabra de Dios y la adoración del Santísimo Sacramento serán seguidas por la Bendición Urbi et Orbi, con la indulgencia plenaria adjunta.

Francisco

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