Papa Francisco responde ante jóvenes en Japón: ¿cómo pueden los jóvenes encontrar a Dios? La pregunta la plantea en su testimonio de vida Miki Kobayashi, joven católica

* Miki Kobayashi: «La sociedad japonesa enfatiza la productividad, así que siento que Japón es un país muy ocupado. Desafortunadamente, en una sociedad así, hay pocas personas que piensan que es valioso tomarse un tiempo para reflexionar sobre sí mismos y simplemente orar. Sin embargo, creo que en la vida moderna es necesario hacer viajes de ida y vuelta entre la vida diaria y la separación, volviendo al Padre por un tiempo cada fin de semana para reflexionar sobre lo que pasó en la semana pasada, para rezar y luego obtener energía para vivir la nueva semana»

Video de la transmisión en directo de Vatican News  con el testimonio-pregunta de Miki Kobayashi y con la respuesta del Papa Francisco en su discurso a los jóvenes en Tokio

* Papa Francisco: «El libro del Eclesiástico dice: «Un amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra, encontró un tesoro» (6,14). Por eso, es siempre importante preguntarse: «¿Para quién soy yo? Ciertamente para Dios; pero Él quiso que seas también para los demás, y puso en ti muchas cualidades, inclinaciones, dones y carismas que no son para ti, sino para otros» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 286), para compartir con otros, no sólo vivir la vida sino compartir la vida. Compartir la vida… Para mantenernos vivos en el sentido pleno y amplio de la palabra, necesitamos también aprender a respirar espiritualmente, a través de la oración, la meditación, en un movimiento interno, mediante el cual podemos escuchar a Dios, que nos habla en lo profundo de nuestro corazón. Y también necesitamos de un movimiento externo, por el que nos acercamos a los demás con actos de amor, con actos de servicio. Este doble movimiento nos permite crecer y descubrir no sólo que Dios nos ha amado, sino que nos confió a cada uno una misión, una vocación única y que la descubriremos en la medida en la que nosdemos a los demás, a personas concretas»

Camino Católico.-  El 25 de noviembre de 2019, el Papa Francisco se reunió con los jóvenes en la Catedral de Santa María, Tokio. En ese encuentro tres jóvenes dieron testimonio de sus vidas ante el Santo Padre plantearon preguntas. Miki Kobayashi, joven católica, planteó al Pontífice: “¿cómo pueden los jóvenes encontrar a Dios? ¿Hay algún lugar donde puedan tener ese encuentro?”. En el video de Vatican News se visualiza y escucha el testimonio de vida-pregunta de  Miki Kobayashi y la respuesta del Papa Francisco en su discurso a los jóvenes en Tokio, cuyo texto completo es el siguiente:

Miki Kobayashi ante el Papa

Testimonio de vida-pregunta de Miki Kobayashi, joven católica, ante el Papa Francisco

Me siento muy honrada de tener la oportunidad de hablar en nombre de la juventud católica japonesa. Me gustaría hablar en inglés directamente con usted, pero al mismo tiempo, me gustaría que el público escuchara. Lo siento, pero hablaré en japonés.

La sociedad japonesa enfatiza la productividad, así que siento que Japón es un país muy ocupado. Desafortunadamente, en una sociedad así, hay pocas personas que piensan que es valioso tomarse un tiempo para reflexionar sobre sí mismos y simplemente orar. Sin embargo, creo que en la vida moderna es necesario hacer viajes de ida y vuelta entre la vida diaria y la separación, volviendo al Padre por un tiempo cada fin de semana para reflexionar sobre lo que pasó en la semana pasada, para rezar y luego obtener energía para vivir la nueva semana. Cuando fui a una escuela en Timor-Leste, los estudiantes iban a misa todas las noches. Rezaban en silencio y su canto se extendió por toda la iglesia. Sentí la belleza de sus vidas pasadas naturalmente con Dios. Este viaje de ida y vuelta entre la vida cotidiana y el tiempo libre enriquece la vida. Podemos hacer tiempo para pensar y actuar basados en Dios aunque el mundo que nos rodea cambie tan rápidamente.

Por un lado, la sociedad japonesa está bien desarrollada. No debemos temer el peligro para nuestras vidas, y muchos parecen ser capaces de vivir sin creer en algo. En un ambiente así, ¿cómo pueden los jóvenes encontrar a Dios? ¿Hay algún lugar donde puedan tener ese encuentro?

Debido a la falta de tiempo, los jóvenes pueden no ver las innumerables estrellas y perder la oportunidad de experimentar la grandeza de Dios y su propia debilidad y darse cuenta de que Dios está con ellos. Puede que no tengan amigos con quienes hablar y profundizar su fe. En Japón, sólo una minoría cree en Dios, y los jóvenes pueden no ser capaces de encontrar el significado de la fe si no ven a otras personas que viven por la fe. Es triste que no sea fácil encontrar los modelos o actitudes de fe viva que buscan los jóvenes.

Pienso también en los jornaleros de Kamagasaki, en Osaka, que son tratados como parias y privados de servicios sociales. O la forma en que los pasantes técnicos de otros países son a menudo explotados y luego descartados. Creo que la Iglesia puede desempeñar un papel en estas situaciones. La regla de medida de Dios es diferente de los estándares de la sociedad o de nuestros valores. Dios se preocupa por todos. ¿Acaso la Iglesia no cobraría vida si saliera de sí misma? Además, creo que nosotros, las personas que nos reunimos en la Iglesia, debemos vivir nuestra fe en la sociedad.

He dicho que Japón es un país rico, pero hay muchos problemas que resolver. La globalización está atrayendo cada vez a más personas de diferentes orígenes a vivir juntas. Me gustaría preguntar qué papel puede desempeñar la Iglesia y cómo los jóvenes pueden encontrar a Dios en la sociedad japonesa. Gracias.

Miki Kobayashi

Miki Kobayashi, en el cevtro, mostrando un obsequio al Papa con su rostro

 

La respuesta del Papa Francisco en su discurso a los jóvenes:

Y esto implica aprender a desarrollar una cualidad muy importante, pero devaluada: la capacidad de aprender a donar tiempo para los demás, a escucharlos, a compartir con ellos, comprenderlos; y sólo así vamos a abrir nuestras historias y nuestras heridas a un amor que nos va a transformar y comenzar a cambiar el mundo que nos rodea. Si no donamos, si no perdemos tiempo, “ganamos tiempo” entre las personas, lo perderemos en muchas cosas que, al final del día, nos dejarán vacíos y aturdidos —en mi tierra natal dirían nos llenan de cosas hasta que nos empachan—. Así que, por favor, dediquen tiempo para su familia, dediquen tiempo a los amigos, y también para Dios, orando y meditando, cada uno según su propia creencia. Y, si les resulta difícil rezar, no se rindan. Un sabio guía espiritual dijo una vez: la oración se trata principalmente de estar simplemente allí. Estate quieto, hacé espacio para que entre Dios, déjate mirar y Él te va a llenar de su paz.

Y esto es exactamente lo que Miki nos decía; preguntó cómo pueden los jóvenes hacer espacio para Dios en una sociedad frenética, enfocada en ser solamente competitiva y productiva. Es habitual ver que una persona, una comunidad o incluso una sociedad entera pueden estar altamente desarrolladas en su exterior, pero con una vida dentro pobre y encogida, con el alma y la vitalidad apagada, parecen muñequitos ya terminados que no tienen nada dentro. Todo les aburre, hay jóvenes que no sueñan, es terrible un joven que no sueña, un joven que no hace espacio en su corazón para soñar, para que entre Dios, para que entren las ilusiones y sea fecundo en la vida. Hay hombres o mujeres que se olvidaron de reír, que no juegan, que no conocen el sentido de la admiración y la sorpresa. Hombres y mujeres que viven como zombis, su corazón dejó de latir. ¿Por qué? Por la incapacidad de celebrar la vida con los demás. Escuchen esto, ustedes van a ser felices, ustedes van a ser fecundos si mantienen la capacidad de celebrar la vida con los demás. ¡Cuánta gente en todo el mundo es materialmente rica, pero vive esclava de una soledad sin igual! Pienso aquí en la soledad que experimentan tantas personas, jóvenes y adultas, de nuestras sociedades prósperas, pero a menudo tan anónimas.

La Madre Teresa, que trabajaba entre los más pobres de los pobres, dijo una vez algo que es profético, algo que es rico: «La soledad y la sensación de no ser amado es la pobreza más terrible». Quizás nos hace bien preguntarnos:  Para mí, ¿cuál es la pobreza más terrible?, ¿cuál sería para mí el grado de pobreza mayor? Y si somos honestos nos vamos a dar cuenta que la pobreza más grande que podemos tener es la soledad y la sensación de no ser amado. ¿Entienden? Está demasiado aburrido el discurso o puedo seguir. ¿Está aburrido? [Los jóvenes responden: No] Falta poco.

Combatir esta pobreza espiritual es una tarea a la que todos estamos llamados, y ustedes, los jóvenes tienen un papel especial que desempeñar, porque exige un cambio importante en nuestras prioridades, en nuestras opciones. Implica reconocer que lo más importante no radica en todas las cosas que tengo o puedo conquistar, sino a quién tengo para compartirlas.

No es tan importante focalizarse y cuestionarse para qué vivo, sino para quién vivo. Aprendan a hacerse esa pregunta: No, para qué vivo; sino para quién vivo, con quién comparto la vida. Las cosas son importantes pero las personas son imprescindibles; sin ellas nos deshumanizamos, perdemos rostro, perdemos nombre, y nos volvemos un objeto más, quizás el mejor de todos, pero objetos, y no somos objetos, somos personas.

Y esto es algo hermoso que ustedes pueden ofrecer a nuestro mundo. Los jóvenes tienen que dar algo al mundo. ¡Sean testigos de que la amistad social, la amistad entre ustedes, es posible! Esperanza en un futuro basado en la cultura del encuentro, la aceptación, la fraternidad y el respeto a la dignidad de cada persona, especialmente hacia los más necesitados de amor y comprensión. Sin necesidad de agredir o despreciar, sino aprendiendo a reconocer la riqueza de los demás.

Un pensamiento que nos puede ayudar, para mantenernos vivos físicamente, tenemos que respirar, es una acción que realizamos sin darnos cuenta, todos respiramos automáticamente. Para mantenernos vivos en el sentido pleno y amplio de la palabra, necesitamos también aprender a respirar espiritualmente, a través de la oración, la meditación, en un movimiento interno, mediante el cual podemos escuchar a Dios, que nos habla en lo profundo de nuestro corazón. Y también necesitamos de un movimiento externo, por el que nos acercamos a los demás con actos de amor, con actos de servicio. Este doble movimiento nos permite crecer y descubrir no sólo que Dios nos ha amado, sino que nos confió a cada uno una misión, una vocación única y que la descubriremos en la medida en la que nos demos a los demás, a personas concretas.

Francisco

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