Papa Francisco reza el Ángelus en el Monumento de los mártires en Nagasaki, 24-11-19: «la sangre de los mártires es semilla de la vida nueva que Jesucristo nos quiere regalar»

* «Este lugar es ante todo un monumento que anuncia la Pascua, pues proclama que la última palabra —a pesar de todas las pruebas contrarias— no pertenece a la muerte sino a la vida. No estamos llamados a la muerte sino a una Vida en plenitud; ellos lo anunciaron. Sí, aquí está la oscuridad de la muerte y el martirio, pero también se anuncia la luz de la resurrección, donde la sangre de los mártires se convierte en semilla de la vida nueva que Jesucristo, a todos, nos quiere regalar. Su testimonio nos confirma en la fe y ayuda a renovar nuestra entrega y compromiso, para vivir el discipulado misionero que sabe trabajar por una cultura, capaz de proteger y defender siempre toda vida, a través de ese “martirio” del servicio cotidiano y silencioso de todos, especialmente hacia los más necesitados»

Video completo de la transmisión en directo de Vatican News  con la meditación del Papa y el rezo del Ángelus

* «En este lugar también nos unimos a los cristianos que en diversas partes del mundo hoy sufren y viven el martirio a causa de la fe. Mártires del siglo XXI nos interpelan con su testimonio a que tomemos, valientemente, el camino de las bienaventuranzas. Recemos por ellos y con ellos, y levantemos la voz para que la libertad religiosa sea garantizada para todos y en todos los rincones del planeta, y levantemos también la voz contra toda manipulación de las religiones, por políticas integristas y de división y por los sistemas de ganancia insaciables y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres»

24 de noviembre de 2019.- (Camino Católico)  “Vengo como peregrino a rezar, a confirmar, y también a ser confirmado por la fe de estos hermanos, que con su testimonio y entrega nos señalan el camino”: fue ésta la imagen que dio el Papa Francisco iniciando su saludo en el Monumento de los Mártires de Nagasaki en Nishizaka Hill, lugar en donde fueron justiciados Pablo Miki y 25 compañeros mártires y a donde el pontífice llegó en la mañana del 24 de noviembre para rendirles homenaje y rezar la oración del Ángelus. El Santo Padre fue recibido por el director del Museo junto a un sacerdote y un hermano de la comunidad de los Jesuitas. Una familia le entregó un ramo de flores, que el Papa colocó delante del Memorial, encendió una vela que recibió de manos de  un descendiente de los cristianos perseguidos y se recogió en oración.

Francisco llegó a Nishizaka Hill para visitar el Monumento de los Santos Mártires, después de haber promunciado desde el Atomic Bomb Hypocenter Park de Nagasaki su Mensaje sobre las Armas Nucleares.

En su palabras, tras agradecer a los presentes por la bienvenida, el Sucesor de Pedro habla del significado de este santuario que no evoca sólo el martirio de estos 26 jesuitas en 1597, “sino la multitud de otros mártires que consagraron este campo con su sufrimiento y su muerte”.

Un santuario que, no obstante los sufrimientos de estos mártires, “más que de muerte, nos habla del triunfo de la vida”, asegura el Papa, y que es “ante todo un monumento que anuncia la Pascua”, donde “se anuncia la luz de la resurrección” y “la sangre de los mártires se convierte en semilla de la vida nueva que Jesucristo nos quiere regalar”. Las palabras de Francisco evocan a San Juan Pablo II que “vio este lugar no sólo como el monte de los mártires, sino como un verdadero Monte de las Bienaventuranzas, donde podemos tocar el testimonio de hombres invadidos por el Espíritu Santo, libres del egoísmo, de la comodidad y del orgullo”.

Un testimonio, el de estos mártires, que “nos confirma en la fe – afirma el Santo Padre – y ayuda a renovar nuestra entrega y compromiso, para vivir el discipulado misionero que sabe trabajar por una cultura, capaz de proteger y defender siempre toda vida, a través de ese ‘martirio’ del servicio cotidiano y silencioso de todos, especialmente hacia los más necesitados”.  

En este lugar consagrado por la muerte de tantos mártires, Francisco invita a unirse “a los cristianos que en diversas partes del mundo hoy sufren y viven el martirio a causa de la fe”, y agrega: “Mártires del siglo XXI nos interpelan con su testimonio a que tomemos, valientemente, el camino de las bienaventuranzas ”.

El Papa invita a rezar “por ellos y con ellos” y a levantar “para que la libertad religiosa sea garantizada para todos y en todos los rincones del planeta”, y citando el Documento sobre la fraternidad humana, Abu Dabi, 4 febrero 2019, añade: “Y levantemos también la voz contra toda manipulación de las religiones, «por políticas integristas y de división y por los sistemas de ganancia insaciables y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres”.

En la conclusión la invitación del Papa a pedirle a la Virgen, Reina de los Mártires, a san Pablo Miki y a todos sus compañeros su intercesión “por vuestra tierra y por la Iglesia toda, para que su entrega despierte y mantenga viva la alegría por la misión”. Al finalizar su saludo, el Sucesor de Pedro rezó la oración del Ángelus con los fieles presentes.  En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre y el rezo del Ángelus, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas: Buenos días.

Esperaba con ansias este momento. Vengo como peregrino a rezar, a confirmar, y también a ser confirmado por la fe de estos hermanos, que con su testimonio y entrega nos señalan el camino. Les agradezco la bienvenida.

Este santuario evoca las imágenes y los nombres de los cristianos que fueron martirizados hace muchos años, comenzando con Pablo Miki y sus compañeros, el 5 de febrero de 1597, y la multitud de otros mártires que consagraron este campo con su sufrimiento y su muerte.

Sin embargo, este santuario, más que de muerte, nos habla del triunfo de la vida. San Juan Pablo II vio este lugar no sólo como el monte de los mártires, sino como un verdadero Monte de las Bienaventuranzas, donde podemos tocar el testimonio de hombres invadidos por el Espíritu Santo, libres del egoísmo, de la comodidad y del orgullo (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 65). Porque aquí la luz del Evangelio brilló en el amor que triunfó sobre la persecución y la espada.

Este lugar es ante todo un monumento que anuncia la Pascua, pues proclama que la última palabra —a pesar de todas las pruebas contrarias— no pertenece a la muerte sino a la vida. No estamos llamados a la muerte sino a una Vida en plenitud; ellos lo anunciaron. Sí, aquí está la oscuridad de la muerte y el martirio, pero también se anuncia la luz de la resurrección, donde la sangre de los mártires se convierte en semilla de la vida nueva que Jesucristo, a todos, nos quiere regalar. Su testimonio nos confirma en la fe y ayuda a renovar nuestra entrega y compromiso, para vivir el discipulado misionero que sabe trabajar por una cultura, capaz de proteger y defender siempre toda vida, a través de ese “martirio” del servicio cotidiano y silencioso de todos, especialmente hacia los más necesitados.

Vengo hasta este monumento dedicado a los mártires para encontrarme con estos santos hombres y mujeres, y quiero hacerlo con la pequeñez de aquel joven jesuita que venía de “los confines de la tierra”, y encontró una profunda fuente de inspiración y renovación en la historia de los primeros mártires japoneses. ¡No olvidemos el amor de su entrega! Que no sea una gloriosa reliquia de gestas pasadas, bien guardada y honrada en un museo, sino memoria y fuego vivo del alma de todo apostolado en esta tierra, capaz de renovar y encender siempre el celo evangelizador. Que la Iglesia en el Japón de nuestro tiempo, con todas sus dificultades y promesas, se sienta llamada a escuchar cada día el mensaje proclamado por san Pablo Miki desde su cruz, y compartir con todos los hombres y mujeres la alegría y la belleza del Evangelio, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14,6); que podamos cada día liberarnos de todo aquello que nos pesa e impide caminar con humildad, libertad, parresia y caridad.

Hermanos: En este lugar también nos unimos a los cristianos que en diversas partes del mundo hoy sufren y viven el martirio a causa de la fe. Mártires del siglo XXI nos interpelan con su testimonio a que tomemos, valientemente, el camino de las bienaventuranzas. Recemos por ellos y con ellos, y levantemos la voz para que la libertad religiosa sea garantizada para todos y en todos los rincones del planeta, y levantemos también la voz contra toda manipulación de las religiones, «por políticas integristas y de división y por los sistemas de ganancia insaciables y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres» (Documento sobre la fraternidad humana, Abu Dabi, 4 febrero 2019).

Pidamos a Nuestra Señora, Reina de los Mártires, a san Pablo Miki y a todos sus compañeros que a lo largo de la historia anunciaron con sus vidas las maravillas del Señor, que intercedan por vuestra tierra y por la Iglesia toda, para que su entrega despierte y mantenga viva la alegría por la misión.

Francisco

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