Papa Francisco reza Rosario e inicia maratón de oración por el fin de la pandemia: «María obtén que Dios intervenga con su mano omnipotente a liberarnos de esta terrible epidemia»

* «Oh Virgen María, dirige a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia del coronavirus, y consuela a quienes están perdidos y lloran por sus queridos difuntos, sepultados a veces en una forma que hiere el alma. Sostiene a quienes están angustiados por las personas enfermas, a las cuales, para impedir el contagio, no pueden estar cerca. Infunde confianza en quien está en ansia por el futuro incierto y por las consecuencias sobre la economía y sobre el trabajo»

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News con el rezo del Santo Rosario traducido al español

* «Madre de Dios y Madre Nuestra, implora de Dios para nosotros, Padre de misericordia, que esta dura prueba termine y que vuelva un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, interviene ante tu Hijo Divino, pidiéndole de consolar a las familias de los enfermos y de las víctimas y de abrir su corazón a la confianza. Protege a los médicos, los enfermeros, el personal sanitario, los voluntarios que en este periodo de emergencia están en primera línea y ponen en riesgo su vida para salvar otras vidas. Acompaña su cansancio heroico y dona a ellos la fuerzan, bondad y salud. Permanece al lado de quienes, por la noche y de día, asisten a los enfermos y a los sacerdotes que, con cura pastoral y compromiso evangélico, buscan ayudar y sostener a todos. Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y de las mujeres de ciencia, para que encuentren soluciones correctas para vencer este virus»

Camino Católico. El 1 de mayo, el Papa Francisco ha inaugurado el maratón de oración a la Virgen María promovido por el dicasterio para la Nueva Evangelización. La primera parada ha sido la Basílica de San Pedro y la Capilla Gregoriana, donde Francisco ha seguido el rezo del rosario invocando el fin de la pandemia en el mundo. Serán treinta días de oración por esta intención, cada día del mes de mayo, un santuario mariano a lo largo y ancho del planeta, se unirá en oración.

Son cuatro los santuarios que se unirán en esta maratón de oración mariana, tres localizados en América Latina y Uno en España: Nuestra Señora de Luján en Argentina (8 de mayo); Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en Cuba (20 de mayo); Nuestra Señora de Guadalupe en México (26 de mayo) y Nuestra Señora de Monserrat en España (22 de mayo). Los cristianos de todo el mundo, a través de medios digitales podrán unirse a estos momentos de encuentro eclesial.

El Papa Francisco, antes de comenzar el Rosario, ha depositado un arreglo floral ante la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro, en la capilla Gregoriana de la Basílica de San Pedro. En el rezo de los misterios gloriosos han participado familias completas: niños, jóvenes y adultos han elevado con toda la Iglesia su plegaria por el fin de la pandemia.

Seguidamente, el Papa ha recitado la oración inicial y ha dicho:

“Al comienzo del mes dedicado a la Virgen, nos unimos en oración con todos los Santuarios de todo el mundo, con los fieles y con todas las personas de buena voluntad, para encomendar a las manos de la Santísima Virgen la humanidad entera, muy probada por esta época de pandemia. Cada día de este mes de mayo te encomendaremos a Ti, Madre de la Misericordia, las muchas personas que han sido afectadas por el virus y que siguen sufriendo sus consecuencias…”

A continuación, Francisco ha pedido por los fallecidos y sus familias que “viven con el dolor y la incertidumbre del mañana”, luego ha orado por los “médicos, científicos y enfermeras que están en primera línea de esta batalla, por los voluntarios (…) por los profesionales que han dado su precioso servicio en favor de los demás” y que con sus actitudes han “llevado consuelo a los necesitados”. También ha rezado especialmente por las mujeres que “han sufrido violencia dentro de las paredes de sus hogares”.

Francisco ha finalizado este momento de plegaria solicitando a la Virgen: “enciende en nuestros corazones la luz de la esperanza para el futuro”.

Al final del rezo del Rosario, Francisco ha realizado la oración final, invocando la intercesión de María para que intervenga con su Hijos Jesús, en este momento difícil que atraviesa la humanidad. Pidió también el consuelo para las familias de los enfermos y de las víctimas; la protección de todo el personal sanitario: “acompáñalos en sus heroicos esfuerzos y dales fuerza, bondad y salud”; igualmente ha orado por los sacerdotes y por su compromiso pastoral con los más débiles.

Francisco ha rezado por los gobernantes de las naciones para que trabajen “ayudando a aquellos que carecen de lo necesario para vivir”. Especialmente ha pedido a la Virgen que toque las conciencias de quienes destinan enormes sumas de dinero para fabricar y consumir armas y que esos fondos sirvan para combatir esta y futuras epidemias.

El Papa ha rezado a la virgen para que ayude a la humanidad a sentirse una, como una “gran familia y así, en un espíritu de hermandad y solidaridad acudamos en ayuda de las numerosas pobrezas y situaciones de miseria”.

Francisco al finalizar la oración ha dicho: “Guía los pasos de tus peregrinos que desean rezarte y amarte en los Santuarios que se te dedican en todo el mundo bajo los más variados títulos que recuerdan tu intercesión, sea para cada uno una guía segura. Amén”.

Después de la oración, el Papa ha bendecido los Rosarios que serán enviados a los treinta santuarios marianos en todo el mundo y que forman parte de la red que da vida a esta iniciativa. A continuación el texto completo de la oración final del Papa Francisco:

Oración final del Papa Francisco

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios.

En la presente situación dramática, cargada de sufrimientos y de angustias, que abarca a todo el mundo, recurrimos a Ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, dirige a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia del coronavirus, y consuela a quienes están perdidos y lloran por sus queridos difuntos, sepultados a veces en una forma que hiere el alma.

Sostiene a quienes están angustiados por las personas enfermas, a las cuales, para impedir el contagio, no pueden estar cerca.

Infunde confianza en quien está en ansia por el futuro incierto y por las consecuencias sobre la economía y sobre el trabajo.

Madre de Dios y Madre Nuestra, implora de Dios para nosotros, Padre de misericordia, que esta dura prueba termine y que vuelva un horizonte de esperanza y de paz.

Como en Caná, interviene ante tu Hijo Divino, pidiéndole de consolar a las familias de los enfermos y de las víctimas y de abrir su corazón a la confianza.

Protege a los médicos, los enfermeros, el personal sanitario, los voluntarios que en este periodo de emergencia están en primera línea y ponen en riesgo su vida para salvar otras vidas.

Acompaña su cansancio heroico y dona a ellos la fuerzan, bondad y salud.

Permanece al lado de quienes, por la noche y de día, asisten a los enfermos y a los sacerdotes que, con cura pastoral y compromiso evangélico, buscan ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y de las mujeres de ciencia, para que encuentren soluciones correctas para vencer este virus.

Asiste a los responsables de las naciones, para que actúen con sabiduría, cura y generosidad, socorriendo a quienes les falta lo necesario para vivir, programando soluciones sociales y económicas con lucidez y con espíritu de solidaridad.

María Santísima, toca las conciencias para que las grandes sumas (de dinero) usadas para aumentar y perfeccionar los armamentos sean en cambio destinadas a promover adecuados estudios para prevenir similares catástrofes en el futuro.

Madre amadísima, haz crecer en el mundo el sentido de pertenencia a una única grande familia, en la conciencia del vínculo que a todos une, para que con espirito fraterno y solidario ayuden a las muchas pobrezas y a las situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, la constancia en la oración.

O María, Consoladora de los afligidos, abraza a todos tus hijos tributados y obtiene que Dios intervenga con su mano omnipotente a liberarnos de esta terrible epidemia, para que la vida pueda volver a su curso normal con serenidad.

Confiamos en Ti, que resplandeces sobre nuestro camino como signo de salvación y de esperanza, o clemente, o pía, o dulce Virgen María. Amen

Conduce los pasos de tus peregrinos que desean rezarte y amarte en los santuarios dedicados a ti en todo el mundo bajo los títulos más diversos que llaman tu intercesión, sé para cada uno, una guía segura. Amen.

Francisco


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