Patricia Sandoval conoció la Nueva Era, abortó varias veces, trabajó en clínica abortista y se hundió en las drogas hasta que Dios la rescató

«Yo estaba sola en una banqueta llorando, y lo único que tenía era a Dios. Yo recordaba el catecismo, yo recordaba a Jesús. Recordaba que Dios era mi papá. Lo poco que recordaba de Dios, empecé a hablar con Él y lo sentí en mi corazón muy fuerte. Y cuando yo miro al cielo le digo: “Perdóname por lo que he hecho y gracias por todas las bendiciones que me has dado: por mi familia, porque era feliz, porque Tú me lo diste todo y yo destruí mi vida”. Y en ese momento, empecé a llorar. Y así, en medio de mi llanto, sentí un abrazo. Y cuando yo abro mis ojos, está una jovencita de ojos azules llenos de misericordia que me dice: “Jesús te ama”. Con la fe y con la ayuda de Dios, salí de las drogas y salí de todo»

5 de mayo de 2016.- (Eukmamie/ Camino Católico)  Patricia Sandoval, nacida en los Estados Unidos, de padres mexicanos, fue criada en una familia católica, pero desorientados e involucrados en las prácticas de la Nueva Era. Con doce años sus padres se divorcian y ella se queda como madre de la familia. 

Debido a la excesiva libertad que le da su padre se mete de lleno en el ambiente mundano y con diecinueve años tiene sus primeras relaciones sexuales.Se queda embarazada y por miedo decide abortar en secreto.

Este no será el único aborto, y poco a poco se va destrozando por dentro. Aquí nos cuenta el proceso de endurecimiento que fue experimentando en su corazón y cómo terminó trabajando en una clínica de Planned Parenthood. Solo aguantó un mes hasta que vio el asesinato de gemelos de 6 meses de gestación. Esto la empujó hacia las drogas y no consiguió salir hasta que una mano amiga le muestra la misericordia de Dios. Hoy es activista provida. Explica su testimonio en el programa Cambio de agujas de HM Televisión. El texto completo de la transcripción de la entrevista a Patricia Sandoval es el siguiente:

– Estamos aquí con Patricia Sandoval. Muchísimas gracias, Patricia, por aceptar esta entrevista, por contarnos un poco tu testimonio en este programa. Estamos muy contentos de que hoy puedas estar aquí con nosotros. Bienvenida.

Gracias. Al contrario, gracias a ustedes y gracias a Dios.

– ¿Te podrías presentar un poco, Patricia? ¿Quién eres, de dónde eres?

Mi nombre es Patricia Sandoval, nacida en los Estados Unidos, en el estado de California, de papás mejicanos. Soy conferencista provida y pro castidad, y también soy enfermera.

– ¿Nos puedes hablar un poco sobre tu familia, tu infancia… ¿Fuiste educada en la fe católica?

Bueno, nosotros – mi familia – nos declarábamos católicos. Los típicos católicos que iban a misa una vez al año para Navidad, o de vez en cuando para una boda. Pero, en realidad nunca practicábamos la fe. Mis hermanos y yo fuimos bautizados, hicimos nuestra primera comunión, confirmación. Pero, más de allá, nosotros no conocíamos a Dios, no conocíamos quién era la Virgen, no conocíamos la vida de los santos, no sabíamos rezar el rosario… En realidad, no practicábamos la fe en casa. Nosotros practicábamos la Nueva Era. Decíamos que éramos católicos, pero practicábamos la Nueva Era. Creíamos mucho en la reencarnación, en el yoga, los psíquicos… Mis hermanos y yo jugábamos a la ouija… En mi casa no había mucha bendición, la verdad.

– Me comentaste que tus padres se separaron cuando tú eras pequeña, ¿qué edad tenías?

– Yo tenía doce años cuando ellos se separaron y, como les dije, no teníamos a Dios en nuestra familia. No orábamos como familia, mis papas no oraban como matrimonio. Como no había bendición se separaron, se divorciaron. Yo tenía doce años, y fue algo muy doloroso para mí. El hecho de tener a mi familia desunida todavía me afecta un poco siendo grande. Sí, fue algo muy, muy doloroso.

– Cristina Casado: ¿Y esto fue un punto de inflexión en tu vida, este hecho de la separación de tus padres?

– Pienso que sí, porque mi papá se convierte en mi mejor amigo y yo me convierto en la mamá, en la mamá de mi hermanito. Yo me convierto en… Todo lo que ella hacía como esposa, yo empecé a cocinar, a limpiar y a todo. Entonces mi papá ya no me… O sea, mi papá me respetaba muchísimo. No había disciplina en mi casa, me dejaba hacer lo que yo quería: me dejaba salir, me dejaba llegar a la hora que yo quería. Tenía muchísima confianza. Entonces ahí es donde salgo embarazada.

– ¿Cómo influye la educación en el colegio en tu formación, en tu adquisición de criterios?

– En casa yo no tuve educación sobre la sexualidad… sobre el sexo. La verdad es que no sabía de muchos valores en casa. Entonces, en mi colegio nos enseñaron cómo practicar lo que el “sexo seguro”. Entonces nos hablaron de la sexualidad (de una forma) totalmente distorsionada. Nos hablaron de los anticonceptivos, nos hablaron de lo que es la protección con el condón, nos hablaron de la masturbación, nos hablaron de la pornografía y nos hablaron de la homosexualidad. Y todas estas cosas, eran normales, ¿verdad? “Ser responsables”, “cuidarse”, “protegerse para prevenir un embarazo”, “para prevenir una enfermedad”. Entonces yo confiaba en todas esas cosas que aprendí en mi colegio.

– ¿Con que edad empezaste a tener relaciones sexuales?

– Yo empecé con diecinueve años de edad. Practicando el “sexo seguro”. Y falló. Falló el sexo seguro. Entonces salgo embarazada, también a los diecinueve años.

– ¿Y en esta etapa cuál es tu planteamiento del amor, de la vida? ¿Qué piensas del amor?

– Pues del amor, la verdad, que yo pensaba: Yo sé que el amor es una entrega total, pero yo entregué hasta el cuerpo si me entiendes… Yo no sabía que el amor verdadero se esperaba, que el amor verdadero se sacrificaba.  Yo me dejaba ir por los placeres, me dejaba ir por las pasiones… Y sí, yo en aquel tiempo pensé: “Bueno, yo quiero mucho mi novio. Eso es amor y cuando tú amas a alguien, tú le entregas cuerpo y entregas corazón, entregas todo”. Sin pensar en las consecuencias en realidad, yo confiaba mucho en los anticonceptivos.

– ¿Cuál es tu reacción ante el primer embarazo no deseado?

– El primer embarazo no deseado la reacción fue… Lloré muchísimo, porque tenía muchísimo miedo. Miedo a qué iba a ser, qué iba a decir mi papá, qué es lo que iban a decir la familia de mí, qué van a decir de mi pobre padre, lo voy a dejar en vergüenza, mi cuerpo va a cambiar, no voy a poder lograr mis metas, mi carrera, mis estudios, mi vida se va a terminar aquí.

– ¿Y qué te hizo decidirte a abortar?

– Al principio decidí tenerlo porque mi novio lo quería tener y me daba su apoyo. El apoyo de él me ayudó mucho al principio del embarazo. Después de eso, volvió a entrarme el miedo. El miedo porque soy muy chica, no es el tiempo, no me conviene horita… Y todo viene a raíz del miedo. Pero todo era también egoísmo.

– ¿Y cómo vives ese primer aborto?

– El primer aborto dije: “Bueno, son cinco minutos. Es un procedimiento muy corto, la doctora ha tenido un aborto también ella. Me ha dicho que está bien. Ella le hizo dos abortos a su propia hija. Su hija está bien. Yo voy a estar bien también”. Yo confiaba mucho en mi doctora, y dije: “Bueno, no voy a llorar. Soy fuerte. Son cinco minutos. No es nada, es una vuelta de células. Todavía no es un bebe”. Entonces yo decidí dominarlo, dominar el aborto, dominar todo. Y me hice la fuerte. Por eso, después del primer aborto, no derramé ni una lagrima, nada. Pero sí me afectó mucho mi mentalidad y mucho mis emociones porque me sentía vacía, me sentía triste.

– ¿Tu conciencia estaba tranquila después de este aborto?

– La verdad es que no. Porque, como había dicho, al principio yo decidí tenerlo. Entonces yo me agarraba el vientre y yo le cantaba, yo le hablaba. Pero después, cuando decidí que no era nada, que era una bolsa de células, mi conciencia – algo en mí – me decía: “Traidora, hipócrita. Primero cantabas, primero estabas feliz. Y ahora no es nada”. Primero le cantabas y le hablabas a tu vientre, y ahora queda un hueco. Después del primer aborto, sentí como que la vida se salió de mí. Y mi conciencia siempre era como “hipócrita”. Pero sí, después del primer aborto decidí enterrar ese recuerdo en lo más profundo de mi ser y no contarle a nadie. Entonces muchas cosas se bloquearon en mi memoria también.

– ¿Sigues con el mismo chico después de eso?

Sigo con el mismo chico…

– ¿Y cómo lo vive él?

– Triste. Yo le mentí. Le dije que tuve una pérdida, no le dije que fue un aborto. Él soñaba con tener una niña, y soñaba una niña que le decía: “Papá…” Y él se ponía triste y me decía: “Mira, si hubiéramos tenido nuestro bebe hubiera tenido esta edad y…” Él también sufrió los síntomas del síndrome postaborto.

– ¿Y cuando llega el segundo embarazo cómo reaccionas?

– Automáticamente no lo quiero. Tengo un mes de embarazo: es una bolsa de células. Ya he abortado una vez, es más fácil esta vez, ya sé lo que me espera… Son cinco minutos y nadie se va a enterar de este aborto.

– ¿Eliges el mismo sitio que en el primer aborto?

– No. Elegí una clínica que se llama “Planificación de la Paternidad”, es decir, Planned Parenthood. Es muy conocida en el mundo entero. Elijo esta clínica porque tiene los mejores doctores, los mejores abortistas del país. Entonces elijo abortar con ellos.

– ¿Tu novio se entera de ello?

– Nadie se enteró de este segundo aborto.

– ¿Y cuál es la atención que recibes en Planned Parenthood?

– La mejor. Yo me quedé muy feliz con la doctora, me dijo que era una valiente, que estaba haciendo lo mejor para mí, me aplaudía durante el aborto. Ella estaba impactada de que no me movía, de que no pataleaba, de que no lloraba. Me dijo: “Eres la mejor paciente que he tenido, no lo puedo creer. Te felicito mucho”. Y con Planned Parenthood siempre me regalaban anticonceptivos, nunca me los cobraban. También me gustaba de ellos que cuando yo tenía citas con Planned Parenthood me decían: ”Mira Patricia, vamos a hablar a tu casa y vamos a disfrazar nuestro nombre para que tu papá no se dé cuenta que nosotros estamos llamando. Los resultados de tus “Papas Nicolaus” te los vamos a mandar en un sobre sin sello, para que tu papá no se dé cuenta de que llegan tus resultados, para que tu tengas tu privacidad”. Entonces yo siempre pensaba: “¡Guau! Ellos en realidad están ayudando a los jóvenes para no tener problemas en casa y para prevenir enfermedades y prevenir cosas”. Pero la verdad que no, es un engaño.

– Patricia llega el tercer embarazo, ¿esta vez es diferente? ¿Cómo lo vives?

– El tercer embarazo fue de que no puedo creer que caí, no una ni dos, sino tres veces que me quedo embarazada. ¿Cómo es posible que en año y medio caigo, o sea, me quedo embarazada tres veces? No entendía por qué me fallaban los anticonceptivos, por qué no funcionaban si esto supuestamente era el sexo seguro. Y esta vez ya no quería sentirme culpable. Esa conciencia que me decía “traidora”, esa conciencia que me daba vergüenza de que había abortado… Ya no lo quería hacer sola. Entonces esta vez me llevo al novio -a la fuerza- y cuando veo la reacción de él, cuando veo que él se pone a llorar durante el aborto, que él tenía miedo, que él quedó muy afectado… y yo no…

Yo era una piedra. Yo no me sentía mal, yo no me sentía triste. Me daba pena y me sentía culpable, pero no podía derramar ni una lagrima. Y cuando veo que él sí podía llorar ese aborto, ahí me doy cuenta: “¿Qué pasa con mi corazón? ¿Desde cuando se hizo tan frio… tan duro…? ¿Por qué él sí puede llorar una perdida… un aborto, y yo no, cuando yo soy la que estoy abortando? Después de ese tercer aborto, quería olvidarme del novio, quería olvidarme de todo. Quería enterrar esos abortos en lo más profundo de mi ser, y nunca decirle a nadie, y nunca hablar de ellos. Entonces, después el tercer aborto, dejo al novio y me mudo a otra ciudad.

– ¿Y tu planteamiento de vida cambia después de esto?

– Sí. Después de esto comienzo a trabajar para la Clínica Planned Parenthood. Me mudo para otra ciudad, necesitaba un trabajo nuevo, y vi en un periódico que ellos necesitaban urgentemente una enfermera bilingüe (español-inglés) para trabajar con ellos. Y dije: “Bueno, ellos me trataron de lo mejor: el mejor servicio… Los doctores fueron fabulosos conmigo, me regalaban todo –bueno, menos el aborto- pero a veces me regalaban los anticonceptivos, entonces quiero ayudarlos, quiero ayudar a las jóvenes, a las mujeres… Y es cuando comienzo a trabajar con ellos.

– ¿Podías vivir tranquila en esa época?

– No. Cuando comencé a trabajar ahí descubrí una verdad muy cruda, muy real. Fui testigo de como engañaban a las mujeres para obtener más abortos. Y la verdad es que no podía vivir tranquila, porque a diario era una tormenta trabajar ahí. En esta clínica no se puede usar la palabra “bebé”, “mamá”, “papá”, “él”, “ella”. Además tenía que buscar las partes de los bebés después de cada aborto. Y no podía vivir tranquila, era una tormenta muy grande trabajar en ese lugar. Y no entendía cómo en ese lugar nos entrenaban para mentir. Siempre he trabajado en distintas clínicas, con muchos doctores, y siempre nos enseñaban que el mejor cuidado para los pacientes es ser honestos. Y yo no entendía cómo esta gente me estaba entrenando para mentir. Y no podía vivir tranquila. Yo sufría por dentro en silencio.

– Tú eres enfermera. ¿Cómo era tu trabajo en Planned Parenthood, Patricia?

Mira, pues al principio yo pensé que yo iba a ayudar a las mujeres, que yo iba a estar ayudando a las jóvenes. Entonces, yo estaba muy entusiasmada, muy contenta de ser parte de ellos. Pero trabajando ahí es cuando me di cuenta de la verdad: de que todo era una mentira, todo era un engaño. A mí me dijeron: “Bueno, aquí en esta clínica, está prohibido usar la palabra “bebé”, “él”, “ella”, “mamá” o “papá”. Lo más importante de esta clínica es no permitir nunca que la mujer mire la pantalla durante su ecografía antes del aborto”. Y cuando la encargada me dice: “Patricia, tú te encargas de que ninguna chica falte a su cita de aborto. Si vieras que tienen mucho miedo, tú tienes que hacer todo lo que esté en tu poder para que ella no falte. Tú les vas a decir que tú tuviste tres abortos, y que van a estar bien, y que no es más que una vuelta de células y eso es todo… Y el aborto no va a durar más de cinco minutos”.

Al principio me quedé un poco confundida, porque dije: “No es posible que ellos me estén entrenando para ocultar algo”. Pero todavía no entendía mucho. Cuando asistí al primer aborto, era de una joven de dieciséis años, tenía tres meses de gestación su bebé, pero todavía yo creía que era una bolsa de células. En mi pensamiento yo decía: “Bueno, hasta los cinco meses no es un bebé en realidad”. No sé por qué tenía este pensamiento. Y cuando me tocó buscar las partes de los bebés… Ese bebé me tocó buscar los brazos, las piernas, la cabeza… Ahí fue cuando dije: “Esto no es una bolsa de células, esto es un ser humano”.

– Patricia, ¿cuál es el proceso que sigue una chica desde que llega a Planned Parenthood?

– Llega la chica. La verdad es que no le dan ninguna explicación. O sea, la chica no sabe lo que es un aborto, no le cuentan lo que pasa después de un aborto, no le hablan de las consecuencias que puede tener. Solamente te dicen que vas a sentir cólicos, tal vez unos pinchitos, un dolorcito… Te dicen: “Aquí están estas pastillas. Vas a tener cólicos, pero con esas pastillas se quitan los cólicos y puedes comenzar tu trabajo al día siguiente”. Lo hacen ver tan fácil… Y a parte, la chica lo único que quiere es entrar y salir.

El procedimiento es muy apurado, o sea, todo muy rápido. Entra la chica, firma unos papeles… Literalmente está firmando: si tú mueres o si tienes una complicación, eso no es problema de la clínica. Tú estás dando tu consentimiento para que pase lo que pase, no los puedes demandar. Entonces entra la chica, le hacen una ecografía para ver cuantos meses de embarazo tiene. No puede ver la pantalla, la pantalla siempre está vuelta hacia la enfermera. Aborta. Y después del aborto, nosotros, las enfermeras, nos encargábamos de buscar las partes de los bebés. Pero para mí, no creas que fue fácil. Para mí fue muy duro. Yo duré solamente creo que un mes en Plannned Parenthood. Yo sufría muchísimo por dentro, me daba miedo irme porque me pagaban muchísimo dinero.

– Según lo que nos estás contando, Patricia, es obvio y evidente que no se busca el bien de la mujer con esto, entonces ¿qué intereses mueven a esta Clínica? ¿Qué intereses hay detrás?

– El dinero. Totalmente. Para ellos es muy importante promocionar el “sexo seguro”, ¿verdad? Supuestamente un “sexo responsable”. Ellos regalan anticonceptivos, regalan condones, se meten en las universidades, en los colegios… Pero en realidad están regalando los anticonceptivos más corrientes que hay. Si usted se mete en internet en los Estados Unidos, literalmente puedes poner algo así como “condones más corrientes”, “anticonceptivos más corrientes”. Y las primeras marcas que salen son las que ellos regalan. Lo que ellos quieren hacer es promocionar el “sexo seguro”, porque ellos saben que va a fallar. Regalan estos anticonceptivos “corrientes” porque van a fallar, y así van a obtener más abortos. En aquel tiempo, cada aborto costaba más o menos mil dólares. Ahora el gobierno paga el cien por ciento de los abortos, que es otra cosa que es muy desafortunada: nosotros, ciudadanos estadounidenses somos los que pagamos los abortos con nuestros impuestos.

– Antes nos comentabas que creías que el embrión era una bolsa de células, ¿no? ¿En qué momento sales de tu error?

– Un día llega una joven de quince años, embarazada con gemelitos de seis meses. Entonces como yo ya había visto un bebé de cuatro meses de gestación, bastante grande – un bebe así de grande – imagínate un bebé de seis meses. Me espanté muchísimo y me salí de la clínica y nunca volví ahí.

– Patricia, ¿qué procedimientos siguen con los fetos en Plannned Parenthood?

– En aquel tiempo los congelaban porque pasaba una compañía que se encargaban de tirarlos a los basureros. Pero mientras que llegaban, venían una vez al mes, teníamos que guardarlos en algún sitio, entonces los congelaban y después, cuando llegaba esta compañía, se agarraban las bolsas congeladas, bloques de hielo -literalmente se convierten en bloques de hielo con partes humanas- y los tiraban a los basureros. Últimamente se ha descubierto en los Estados Unidos que Plannned Parenthood estaba traficando con los órganos de los bebés. En aquel tiempo, los tiraban en los basureros.

– Cuando descubres la realidad del aborto, ¿rompes con Plannned Parenthood?

– Rompo con Plannned Parenthoot. Quedo totalmente traumada, reconociendo que yo había abortado tres veces, que maté tres veces, que yo asesine a tres hijos míos, propios, y a parte siendo cómplice, ayudando a otras mujeres a matar a sus hijos, engañándolas. Sentía mucha culpabilidad, mucho dolor y me metí muy fuerte en la droga. Pierdo todo, pierdo mi casa, pierdo mi carrera, pierdo mis estudios, pierdo mi familia, mis amigos… Y quedo tres años tirada totalmente, drogada en mi dolor, en las calles.

– ¿Y cómo irrumpe Dios en tu vida?

– Un día, bueno, es el día en que yo sentí que había tocado fondo, porque no tenía a nadie. Literalmente, yo estaba sola en una banqueta llorando, y lo único que tenía era a Dios. Yo recordaba el catecismo, yo recordaba a Jesús. Recordaba que Dios era mi papá. Lo poco que recordaba de Dios, empecé a hablar con Él y lo sentí en mi corazón muy fuerte. Y cuando yo miro al cielo le digo: “Perdóname por lo que he hecho y gracias por todas las bendiciones que me has dado: por mi familia, porque era feliz, porque Tú me lo diste todo y yo destruí mi vida”. Y en ese momento, empecé a llorar. Y así, en medio de mi llanto, sentí un abrazo. Y cuando yo abro mis ojos, está una jovencita de ojos azules llenos de misericordia que me dice: “Jesús te ama. Mientras que tú estabas aquí llorando sentada, yo te miraba por aquella ventana. Yo trabajo en aquel restaurante. Dios me habló y me dijo que te dijera que te amaba, que Él está contigo hasta el final de los tiempos”. Entonces, esa chica me levanta de la calle y me lleva a casa. Y cuando me lleva a casa, gracias a Dios, mi mamá ya había tenido una conversión. Los tres años que yo estaba ausente, mi mamá estaba angustiada, entonces volvió a la fe católica y ella por tres años oró por mí… Iba al Santísimo, a misa, y gracias a ella yo pude sanar, y con la fe y con la ayuda de Dios, salí de las drogas y salí de todo.

– ¿Y cómo te ayuda tu madre a reconstruir tu vida?

– Mi madre me llevó a la confesión, mi madre me llevó a la Eucaristía. Mi madre me dijo que soy hija de Dios y que la maldad del demonio me robó mi identidad pero que mi identidad verdadera es que yo soy una princesa, hija del Rey de reyes. Gracias al descubrimiento de esa dignidad como hija de Dios, de los sacramentos y de la fe, pude salir de todo esto y pude sanar gracias a Él.

– ¿Cómo experimentaste el perdón?

– Lo experimenté durante la confesión. Cuando yo hice una confesión general de todos los pecados de mi vida sentí la misericordia de Él, que me perdonó todo, el amor de Él. Pero yo pude sanar y salir adelante y ser provida cuando sentí el perdón de mis hijos. Cuando pude sentir que ellos me perdonaban y que estaban orando por mí y que están bajo el cuidado de la Virgen María… Es cuando yo pude, en realidad, perdonarme a mí misma por los abortos, y tuve el valor de defender la vida.

– ¿Tu conciencia quedó en paz?

– Mi conciencia sí, quedó en paz. Claro que sí.

– ¿Y cómo es tu vida ahora?

– Yo pienso en los frutos que Dios me ha dejado ver. Yo siempre dije: “Bueno, Señor, si Tú no me quieres dejar ver frutos, no importa, yo hice esta promesa y yo quiero servirte a Ti por el amor que te tengo”. Pero lo que me da más fuerza para seguir aun más adelante, es ver los jóvenes que me dicen: “Gracias Patricia, nosotros no entendíamos lo que era la castidad, no entendíamos lo que era el aborto”, cuando me dicen: “No entendía lo que era mi valor”. También el ver a los bebés que han sobrevivido. O sea, en muchas ocasiones he llegado a colegios, a universidades, y varias mujeres estaban a punto de abortar, y después de escuchar este testimonio de vida han decidido luchar por la vida de sus hijos, y gracias a Dios yo he conocido ya a los hijos. Esas cosas, todos esos frutos, me dan fortaleza para seguir.

– ¿Qué les dirías a la gente que dice que no existe el amor verdadero?

– No, eso es una mentira claro que sí. Existe el amor falso, que es la pornografía, la masturbación, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, es ese amor que llena vacíos, el amor que buscas por placer.  El amor verdadero es Dios. El amor que se sacrifica, el amor que espera, el amor que lo da todo, el amor que se entrega… es Jesús. Y eso es real, nosotros somos creados por el amor. Entonces eso es una verdad.

– ¿Qué mensaje de esperanza te gustaría decirle a estas chicas?

– Yo quiero decirle a todas esas chicas que nunca es tarde para volver a empezar. El Señor ha tenido misericordia de mí, ha tenido misericordia de ti… Y no importa lo bajo que hayas caído: Dios siempre te levanta y Dios siempre te renueva, y siempre te devuelve esa dignidad que has perdido. Entonces todas esas mujeres que han abortado, sus hijos viven… Son madres todavía, y esos hijos están orando por ti, y algún día los vas a volver a ver, ¿verdad? Pero nunca es tarde para volver a empezar. Es posible, con la ayuda de Dios, transformar tu vida después de una desgracia.

– Patricia, es obvio y evidente que estás alegre, que se te ve una chica estupenda… Pero, ¿de dónde nace esa alegría?

– Bueno, yo pienso que por muchos años yo sufría de mi autoestima, que era muy baja, pero sabiendo que soy hija de Dios, y sabiendo que soy amada, y sabiendo que Dios siempre estará conmigo, eso me ha dado una alegría muy grande. También recuperar mi castidad, me he sentido muy libre. Y me ha dado mucha alegría saber que Dios me ha dado otra oportunidad de vivir mi pureza, de que no se ha perdido, de que lo pude recuperar y de poder darle esa esperanza a otras personas. Entonces, en realidad me siento muy plena. Aunque es duro dar este testimonio es… A veces sí… sí sufro, pero sufro por un bien. Ya no estoy sufriendo como antes, que sufría y sufría por un mal, ahorita cuando sufro sé que es por un bien y se lo ofrezco a Dios. Pero me siento muy plena y me siento feliz porque estoy en la voluntad de Dios.

– ¿Cómo has experimentado esta sanación interior en tu vida, como lo experimentabas tú?

– El Señor siempre me sana dándome esperanza, ¿no? Yo sé que algún día… ojalá sea la voluntad de Dios, que pueda tener familia… esa familia que perdí. Poder tener una familia… Esa esperanza de que voy a volver a ver en mis hijos… Y el Señor me da esperanza y esperanza para los demás. Entonces siempre estoy sanando. Todavía sufro las secuelas del síndrome postaborto… Todavía sufro vergüenza contando este testimonio, pero el Señor me va sanando cada vez que doy este testimonio. Cada vez que lo voy diciendo, me voy liberando más y más… Cada vez que voy viendo otras mujeres contar su testimonio, otras mujeres que van a sanar poreste testimonio, eso me sana más.

– ¿Qué papel tiene la Virgen en tu vida?

– La Virgen es mi Mamá. La Virgen es la que siempre está conmigo. La Virgen es la que me protege bajo su manto, su santo manto de amor. Pero la Virgen es mi patrona porque ella es la mujer próvida, es la mujer que dijo “sí”. Entonces todo mi ministerio y todo lo que hago, lo hago a favor de Ella y por Ella. Entonces yo sé que Ella – como mi familia es de Méjico y la Virgen de Guadalupe tuvo un papel muy grande defendiendo la vida en México – a una cultura de muerte, Ella mostró una cultura de vida. Entonces, como hija de María, yo tengo que hacer lo mismo: ofrecer una cultura de vida en una cultura de muerte.

– Patricia estamos encantadas de haberte tenido hoy aquí. Muchísimas gracias por tu testimonio. Estoy seguro que habrá ayudado a mucha gente. Gracias, ánimo, adelante en tu vida. Te agradecemos de nuevo que estés con nosotros en este programa de Cambio de Agujas.

– No, gracias a ustedes por la oportunidad de poder contar este testimonio de vida.