Romeo Prisca M’Bo: «He sentido la llamada a ser sacerdote, buscaba motivos para rechazarla y no he podido resistir. Existo para dar a los demás lo que he recibido del Señor»

* «Es el plan que Dios ha pensado para mí y yo solo tengo que dejarme hacer para entrar en ese proyecto, servir, evangelizar, hacer presente a Cristo donde me toque. El Señor nunca me ha fallado, no me va a defraudar porque esto no viene de mí»

Camino católico.-  El pasado 23 de noviembre   Romeo Prisca M’Bo recibió en la parroquia de San Gil de Burgos su ordenación como diácono y, tras haber pospuesto su celebración a causa de la crisis sanitaria, esl sábado 19 de septiembre ha sido ordenado sacerdotal de manos del arzobispo en la iglesia del Carmen junto a sus compañeros Eugenio CastejónFernando Puigdomenech y Álvaro Zamora.

Los jóvenes Romeo Prisca M’Bo, Fernando Puigdomenech, Álvaro Zamora, y Eugenio Ángel Castejón al final de la celebración en que han sido ordenados sacerdotes junto a Fidel Herráez Vegas, arzobispo de Burgos

La iglesia del Carmen de Burgos ha acogido una peculiar celebración que, sin perder solemnidad, ha tenido que convivir con especiales medidas sanitarias. A pesar de las mascarillas, el hidrogel y la distancia social estos cuatro jóvenes han sido «ungidos y empapados por el Espíritu del Señor» y han sido constituidos para siempre «sacerdotes de Jesucristo».

«Desde hoy participáis vitalmente en todo vuestro ser en el sacramento del orden», les ha recordado el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, quien ha presidido la celebración. «No seréis sacerdotes para un ratito, sino para siempre, hasta que el Señor os llame a su presencia definitiva». Y será en el transcurso de su vida como presbíteros donde deberán «ser mediadores y servidores de miles de personas» evitando buscar cualquier tipo de «prestigio o poder humano»: «El Señor os llama a perderos, no deberéis buscaros egoístamente ni anunciaros a vosotros mismos; sois sacerdotes para servir, desde la Iglesia, a todos, especialmente a quienes más lo necesiten en cualquiera de las dimensiones de su ser», ha insistido el prelado.

Hacía años que la diócesis no incorporaba a su presbiterio, en la misma celebración, a cuatro sacerdotes, cuya entrega generosa supone una «lluvia copiosa» para la Iglesia en Burgos. «Ojalá sea un presagio de nuevas y abundantes vocaciones», ha deseado el arzobispo, quien ha invitado a los matrimonios jóvenes y a los sacerdotes presentes a la celebración a ser responsables en la promoción de nuevas vocaciones.

El testimonio vocacional de Romeo Prisca M’Bo

Para Romeo Prisca M’Bo (36 años) concluyen siete intensos años de preparación en el Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater Santa María la Mayor de Burgos, en los que ha conjugado no solo su formación teológica, sino también momentos para convivir con otros seminaristas y realizar un periodo de actividad misionera en Porto San Giorgio (Italia) y un curso de actividad pastoral directa en la parroquia de El Salvador de la capital burgalesa. «Han sido años de aprendizaje, de conocerme a mí mismo y de darme cuenta de que lo que necesito para vivir no es solo material; un periodo para vivir la transparencia y darme cuenta de que existo para dar a los demás lo que he recibido del Señor», revela en la web de la Archidiócesis Burgos.

Romeo Prisca M’Bo en su ordenación sacerdotal

Asegura que ser sacerdote no es una decisión que venga de él: «He sentido la llamada y no he podido resistir». El octavo de trece hermanos, relata cómo después de llevar meses «hecho polvo», aceptó la invitación de su madre y su tía de acudir a las catequesis que el Camino Neocatecumental ofrecía en su pueblo, Ányama, cerca de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil. Allí descubrió lo que este movimiento le ofrecía, se sintió «escuchado y acompañado», encontró el «alivio» que tanto buscaba y empezó a caminar con ellos en 2007.

Es entonces cuando Romeo Prisca M’Bo, a través de varias convivencias con otros hermanos del movimiento, comienza a descubrir que Dios lo quería sacerdote, aunque en sus años como universitario «buscaba motivos para rechazar la llamada». Sin embargo, en uno de esos encuentros, alguien dijo por un micrófono: «Quien sienta que Dios le llama a dejar todo y anunciar el evangelio, que se ponga de pie». «Yo me levanté sin pensarlo. Bajé las escaleras del anfiteatro hasta el escenario contento y aliviado, el Señor me había ganado y me sentía afortunado de recibir su bendición para ser sacerdote». El Camino Neocatecumenal decidió enviarlo a formarse a su Seminario de Burgos, donde llegó en febrero de 2013. Aquí ha pasado los últimos años lejos de su tierra y de los suyos, pero descubriendo que la Iglesia es «su familia, su verdadera casa donde no existen fronteras».

A las puertas de su ordenación como sacerdote, asegura sentirse «impaciente», sabedor de que le espera una «misión dura», aunque «no imposible, pues es el plan que Dios ha pensado para mí y yo solo tengo que dejarme hacer para entrar en ese proyecto». «El Señor nunca me ha fallado, no me va a defraudar porque esto no viene de mí».

Imagina su futuro ministerio con ilusión y con el deseo de «servir y evangelizar, hacer presente a Cristo donde me toque», y hacerlo «con fervor y entusiasmo». Romeo se convertirá de esta manera en el primer sacerdote negro del presbiterio diocesano, algo que ve como un signo de la universalidad de la Iglesia: «La Iglesia es tarea de todos, está en todos los lugares, en ella no existen fronteras. Somos un único Pueblo, el Pueblo de Dios, y no hay diferencias de color. En el cura no hay banderas, es sacerdote de la Iglesia, es sacerdote de todos».

Video de la ordenación sacerdotal  


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