William David Toro era ateo y practicaba el ocultismo, rezaban por él y aceptó ir a un retiro: «Salí amando a Dios y sabiéndome hijo de Él»

*  «Creo fue el inicio de mi conversión cuando escuché al sacerdote decir: “Muchachos a Dios hay que retarlo…sí, hay que retarlo, pero con humildad, no con soberbia”. Entonces -dije  mentalmente a Dios-: Si existes, házmelo saber de alguna forma clara para mí, por favor…  Y entonces, enfrente mío, estaba Ella, la Santísima Virgen, en su advocación de la Medalla Milagrosa, con sus brazos extendidos, sonriendo me dijo: “Hijito mío, ven, te estábamos esperando”»

CaminoCatólico.com.- Si el futuro hubiese dependido solo de las vivencias en sus primeros años de vida y adolescencia, de seguro William David Toro Restrepo no tendría la conciencia ética y de fe que hoy le identifica.

Aunque tenía dos años -comienza narrando a Ana Beatriz Becerra en PortaLuz– se le grabaron a fuego las imágenes de un viaje en bus, la pelea, el sonido del disparo y la bala que atravesó su cuerpo, terminando el trayecto en la cabeza de una niña cercana que allí falleció. Por años atribuyó el seguir viviendo al buen hacer profesional del médico que le atendió. “Obviamente ahora pienso completamente diferente y agradezco a Dios por haberme permitido ese momento”, reflexiona.

Para llegar a esa conclusión viviría en un proceso el conocido y centenario refrán A Dios rogando y con el mazo dando”; que bien aplica a la historia de personas resilientes como William, abiertas a la gracia extraordinaria a través de la fe, para superar la adversidad y adquirir un sentido trascendente de la vida.

Un nefasto instructor de capoeira

Tenía apenas siete años, nos cuenta, cuando comenzó a sentirse identificado por las letras contestarias y el ritmo agresivo del rock; pronto le atrapó la distorsión rítmica que impone la guitarra en el heavy metal. Y a partir de allí no sólo bajó su rendimiento académico, sino que desautorizaba a los profesores, hacía dibujos blasfemos en su cuaderno de religión y… “me enojé con Dios”, resume. Así en la adolescencia, buscando sus propios referentes, tenía casi por gurú a su profesor de capoeira, pues le había enseñado a defenderse. Aquel niño nerd del que sus pares se burlaban se transformó en un matón e hizo suyas las creencias y prácticas del instructor…

“Me dio a conocer el mundo del ocultismo, la hechicería, me mostró la magia negra y por esa misma época empecé a fumar cigarrillos, a salir de fiesta en fiesta, de borrachera en borrachera”, recuerda William. También por esa época ayudó a organizar, agrega, la primera Marcha Zombie de Medellín -como un acto ideológico rupturista con el sistema- y el grupo ateo CAM (Comunidad ateísta de Medellín).

Pasiones de un ateo

No podía resistirse, reconoce, al impulso de interpelar a quienes tenían como argumentos de su fe sólo sus devociones y una formación básica: “Mi formación intelectual se basó con preferencia en uno de los filósofos ateos más conocidos, Carlos Marx… Con (los creyentes) que discutí lo único que lograron fue darme más confianza en lo que erróneamente yo pensaba, pues ninguno era capaz de refutar las bases que yo les planteaba. El problema es que muchos están mal formados en su propia fe… como decía el Padre Loring, se quedan con lo que aprendieron en el Catecismo de Primera Comunión”.

Llegó la vida adulta, se recibió de Técnico en Mantenimiento y Reparación de Computadoras con una vida alejada de Dios.  Formó una banda de heavy metal y se hizo adicto a Juegos de Rol malignos “en los que conviven fantasía, realidad ocultista, satanismo, brujería y mucha información perjudicial para el alma”, relata.

¡Quien como Dios!

Viviendo “todo ese mundo de oscuridad” William recuerda con gratitud a quien era por entonces su novia y luego sería madre de su hijo, que hoy tiene 3 años. Fue la familia de esta chica quien, al poco de conocerlo, comenzó a rezar regularmente el rosario para que William asistiera a un retiro. Finalmente aceptó participar en esa actividad que inició “el jueves 2 de octubre del año 2014”.

La primera noche en el lugar era tanta su desconfianza que no quiso probar un bocado por miedo a comer algo que le hiciera “ablandar” su corazón: “Dice la gente que en esos retiros les lavan el cerebro, entonces yo no quería comer por temor a que le hubieran echado algo a la comida para ese propósito” comenta.  Pero nada más iniciar la primera actividad le emocionó escuchar el saludo del predicador a la asamblea: “¡Quién como Dios!” y la respuesta vibrante… “¡Nadie como Dios!” invocando implícitamente la protección de san Miguel Arcángel y que posteriormente conocería es un saludo habitual en la comunidad ‘Lazos de Amor Mariano’.

La Virgen interviene para llevarle a  Dios

“Nadie ama lo que no conoce”, comenzó diciendo el misionero que predicaba citando a san Agustín. Cada frase, prosigue William, “iba acompañada de una explicación muy bien fundamentada”; y hubo una que tocó su alma…

“Creo fue el inicio de mi conversión cuando escuché al sacerdote decir: «Muchachos a Dios hay que retarlo…sí, hay que retarlo, pero con humildad, no con soberbia»”.

Una voz interior comenzó a repetir en su mente “hazlo, hazlo, hazlo”, impulsando a un diálogo “con Dios”, una experiencia desconocida hasta entonces para él. Sus manos, dice, sudaban, sentía frío en el cuerpo, temblaba, “y ninguno de los que estaba a mi lado parecía percatarse de todo lo que me estaba pasando. Entonces -dije  mentalmente a Dios-: Si existes, házmelo saber de alguna forma clara para mí, por favor”.  Una densa niebla, alba, dice, que sólo él veía, comenzó a cubrir el piso “y entonces, enfrente mío, estaba Ella, la Santísima Virgen, en su advocación de la Medalla Milagrosa, con sus brazos extendidos, sonriendo me dijo: «Hijito mío, ven, te estábamos esperando»”.

William testimonia así emocionado que su conversión fue un regalo inmerecido, en su totalidad… “Salí del retiro amando a Dios y sabiéndome hijo de Él”. Fe que hoy confirma, destaca, aferrado al rezo diario del rosario, misa dominical, confesión frecuente, formación constante.  Integra un grupo de apologética que se llama Soldados de Cristo y está terminando de escribir su testimonio de conversión que llevará el título: “Preguntando se llega a Roma”.

 

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