Joaquín Ruiz-Giménez. jurista: «El mundo no va bien. Pero no le echemos la culpa a Dios»

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ruizgimenez2636378--300x180.jpg* Publicamos el testimonio de fe del que fue primer Defensor del Pueblo en España fallecido a los 96 años este jueves

* “Si se me apareciera Juan XXIII, le diría: “Santidad ¿no deberíamos celebrar el Concilio Vaticano III? Hay muchas cosas pendientes, como, por ejemplo, el movimiento ecuménico

28 de agosto de 2009.-  Joaquín Ruiz-Giménez ha fallecido este jueves, 27 de agosto, en su domicilio de Madrid a los 96 años de edad. Católico reconocido, Ruiz-Giménez fue embajador cerca de la Santa Sede entre 1948 y 1951 y su labor fue fundamental en la Transición española siendo el primer Defensor del Pueblo. Recuperamos su testimonio de fe de una entrevista que mantuvo en 1998 con el jesuita Pedro Miguel Lamet para la revista  Rs21 (entonces se llamaba “Reinado Social”).

(Pedro Miguel Lamet / El alegre cansancio) -¿Que papel ha tenido la fe cristiana en su vida?

-La fe para mi ha  sido fundamental. Una fe heredada que se ha ido clarificando a lo largo de mi vida, sin dejar de ser a veces agónica. También he tenido momentos de vacilación y duda. Pero el Señor me ha ayudado a superarlos. Siempre ruiz-gimenez.jpghe pensado que yo hubiera sido “un señorito bien”, un buen burgués dedicado a todos los placeres de la carne y del espíritu. Y la fe me salvó de eso. Me casé en el año 40. Hemos tenido once hijos. Tenemos treinta y un nietos y acabo de tener un biznieto. He vivido una familia burguesa, pero no he tenido el espíritu burgués.

-Al ver las lacras sociales desde su puesto de presidente de UNICEF, ¿qué piensa?

-Me pregunto por el problema del mal. Y me respondo que Dios dio al hombre libertad. El mundo no va bien. Pero no le echemos la culpa a Dios. La culpa es que, cristianos o no, no sabemos construir un mundo más justo. El nos mira y creo que se compadece de nosotros. En mi fe me ayudo mucho mi madre, don Ángel Herrera y don Maximino Romero de Lema entre otros.. También he aprendido de los agnósticos, como de mi abuelo un hombre  respetuoso, honesto, intachable, que se había sublevado contra Isabel II en La Gloriosa de Cádiz. En su lecho de muerte un hermano Camilo que lo cuidaba le decía a mi madre: “Quédese tranquila que está en paz con Dios”. Me enseñó valores éticos desde su rectitud.

-¿Y la institución que respalda esa fe, la Iglesia?

-Yo presencié cuando Pablo VI en pleno Vaticano II se quitó la tiara y la dejó en el suelo. Luego dejó la silla gestatoria y la guardia noble Aquel proceso de simplificación, que no fue suficiente, pero significaba algo. El paso fundamental viene de Juan XXIII y Pablo VI con sus grandes encíclicas. La Populorum progressio fue el gran salto a unirnos con los pueblos pobres y la Ecclesiam suam la gran encíclica del diálogo. Cuadernos para el diálogo nace unos días después de que yo estoy con Juan XIII un mes antes que este gran papa muriera, cuando yo era presidente de Pax Romana y perito del Concilio. Le dije que muchos españoles soñábamos con una España del diálogo. El me sonrió. Y a la vuelta fundé Cuadernos.

-¿Cual hruizc617x266_ruizgimenez2708.jpga sido la mayor prueba de  fe de toda su vida?

-Hace dos años se mató en un accidente de automóvil una nieta mía de once años que yo adoraba. De seis que iban en coche que conducía mi yerno sólo murió la niña. Acababa de recibir su primera comunión y nos queríamos muchísimo. Tuve una crisis tremenda. Se me vino abajo todo. Entonces mi fe fue salvada por la esperanza y el amor.

– ¿No le ha defraudo nunca la Iglesia?

-La Iglesia somos todos. ¿Por qué la voy a echar la culpa a la Iglesia? Claro que en algunas cosas yo hubiera preferido que se hubiese avanzado. La revista El Ciervo me preguntó qué persona me había impresionado más en mi vida. Respondí: “Juan XXIII”. Insistieron: “Y si usted se encontrara con él ahora que le pediría”. Contesté: “ Yo le diría: Santidad: ¿ No cree usted que deberíamos celebrar ahora un Concilio Vaticano III?”Hay muchas cosas pendientes, como, por ejemplo, el movimiento ecuménico.

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