César Sánchez: De vivir desenfrenadamente, sin sentido, a seguir y servir a Cristo como sacerdote

* “Empecé a llevar una doble vida muy acusada, las dos malas porque la dos estaban sin Dios. Una primera vida era en la que hipócritamente me sacaba la carrera faltando bastante a clase, pero aprobaba. Mi segunda vida era salir mucho de fiesta, liarme con muchas chicas, beber mucho alcohol, un descontrol muy grande, trasnochar mucho y fumar mucho. Y todo eso fue haciendo en mí una cosa muy fuerte: Me hizo cada vez más incapaz de amar y ser amado”

* “Decidí confesarme gracias a una conversación impresionante que tuve con mi madre. Ella me dijo tienes que dejar esa vida ya. Yo le contesté: mira mamá es que soy débil. Ella me replicó: pero cuando reconozcas que eres débil serás fuerte. Esa frase me mató. Me confesé y mi vida cambió radicalmente. Me encontré con Jesucristo Dios y Hombre verdadero, que nos ama tanto, que da la vida por nosotros, ha resucitado y está con nosotros hoy en día. Eso me cambia la vida tanto que cuando leo en el Evangelio, que me lo devoro en unas semanas, “sígueme”, es que no puedo hacer otra cosa, por eso decido ser sacerdote»

17 de octubre de 2012.- (13 TV / Camino CatólicoCésar Sánchez tiene 24 años y es Licenciado en Humanidades. Pronto va a ser ordenado sacerdote pero su vocación ha nacido fruto de la gracia de Dios, después de una búsqueda racional del sentido de la vida y de vivir desenfrenadamente porque estaba convencido  de que  no tenía ningún sentido buscar sentido a la vida. En el vídeo es entrevistado por el padre Javier Alonso en el programa “+ que noticias”de 13 TV y en esa conversación cuenta el largo camino de su conversión.

A los 9 años, después de hacer la Primera Comunión, César se alejó de la Iglesia repentinamente: “De los 10 a los 15 años vivía de forma normal. Me gustaba el teatro, la música, el cine, pero no me atraía leer. A los 15 años había una pregunta que me taladreaba  el corazón y la razón: ¿Por qué existe el Universo? Y es más ¿por qué existen las cosas? A día de hoy la Ciencia no puede responder y resolver ésta pregunta y parece que nunca lo va a poder hacer. He vivido siempre preguntándome sobre el sentido de la vida, en clase me llamaban el preguntas”.

Buscando la verdad sobre la existencia, César Sánchez se encontraba siempre ante la pregunta de ¿qué sentido tiene la vida? Un día, cuando estudiaba 2º de Humanidades, fue un sacerdote a la Facultad ha explicar que hay tres maneras de dar sentido a la vida. La primera era la trascendente: lo que da sentido a la vida del hombre es algo que está más allá del hombre y del universo, César Sánchez afirma con rotundidad que “a mí eso me parecía irracional, indemostrable y por tanto era inútil que pudiera plantearse así. Yo desechaba esta manera trascendente de dar sentido a la vida”.

La segunda forma propuesta por el sacerdote para dar sentido a la vida era la inmanente: tener un coche, un trabajo, una casa, un hijo, una familia, un buen sueldo, ir a la playa, pero no esperar nada más, puesto que se va ha morir y no existe nada más allá de la muerte. A César Sánchez esta postura le parecía “hipócrita. Si yo me voy ha morir con 80 años y mi vida no va a tener más sentido, que más da que muera a los 80 o a los 20 años”.

César se aferró a vivir en la tercera forma de dar sentido a la vida que les contó el sacerdote en la Facultad: “No hay sentido. No tiene sentido buscar el sentido de la vida. Entonces empecé a vivir como una especie de “cerdo” básicamente, no era responsable de mis actos, creía que estaba terminado. Veía muy coherente que darle sentido a la vida era no darle ningún sentido, por tanto, hacía lo que me daba la gana. Era un “flipao”, me creía el más “guay” del mundo, era un egoísta, era muy soberbio, un egocéntrico. Ahora sigo siendo todo eso, pero con la ayuda de Dios intento serlo menos”.

Habiendo llegado ha convencerse de que la vida no tenía ningún sentido, César explica que “empecé a llevar una doble vida muy acusada, las dos malas porque la dos estaban sin Dios. Una primera vida era en la que hipócritamente me sacaba la carrera faltando bastante a clase, pero aprobaba. Mi segunda vida era salir mucho de fiesta, liarme con muchas chicas, beber mucho alcohol, un descontrol muy grande, trasnochar mucho y fumar mucho. Y todo eso fue haciendo en mí una cosa muy fuerte: Me hizo cada vez más incapaz de amar y ser amado”.

Llevaba cuatro años de vida desenfrenada, César Sánchez “hasta un punto de no retorno, de haber intentado salir por mis propias fuerzas y no conseguirlo. Todos mis amigos estaban desesperados. No sabían que hacer conmigo porque yo era el más monstruo de todos. Yo había hecho la oración condicional, porque la cuestión de Dios me preocupaba mucho. Y decía: Si Dios existe es Amor y si es Amor se ha hecho hombre. Yo siendo agnóstico eso lo reconocía. Hablaba mucho con un sacerdote de la Universidad y llegó un momento en que me sucedieron una serie de cuestiones que yo dije que no eran normales, sobretodo teniendo en cuenta que yo estaba convencido de que todo sucede por una causa y no por una casualidad. Yo había hecho la oración condicional y me sucedió todo aquello que cambió mi vida”.

Desde esa experiencia pasó un año hasta que César Sánchez puso su vida en las manos de Dios: “Decidí confesarme gracias a una conversación impresionante que tuve con mi madre. Ella me dijo tienes que dejar esa vida ya. Yo le contesté: mira mamá es que soy débil. Ella me replicó: pero cuando reconozcas que eres débil serás fuerte. Esa frase me mató. Me confesé y mi vida cambió radicalmente. Me encontré con Jesucristo Dios y Hombre verdadero, que nos ama tanto, que da la vida por nosotros, ha resucitado y está con nosotros hoy en día. Eso me cambia la vida tanto que cuando leo en el Evangelio, que me lo devoro en unas semanas, “sígueme”, es que no puedo hacer otra cosa, por eso decido ser sacerdote. Han encajado todas las piezas de mi puzle existencial. Ahora no me importa nada más allá que Cristo. Cristo es mi vida, mi esperanza y mi amor. Trato de hablar menos y rezar más, dando un buen consejo cuando alguien me lo pide. Y en el silencio como hacía la Virgen, meditar las palabras en el corazón”.