Charles Mbikoyo fue secuestrado, con 13 años, con 39 niños, para convertirlos en niños soldado y es sacerdote: «Rezaba mucho. Dios existe y la prueba es que escapamos todos»

*  «Íbamos a la iglesia con mis padres y cuando veía al sacerdote celebrando Misa, solo quería ser como él. Le imitaba dando galletas a mis hermanos como si fuera la comunión…  He perdonado a quienes nos capturaron. Cuando estaba secuestrado solía pensar que ellos también habían sido niños. Niños a los que habían secuestrado a su vez, y a los que habían convertido en robots de la violencia. Han crecido combatiendo, en medio de la guerra y no conocen otra cosa»

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*  «Cuando me convertí en sacerdote, dije: ‘Ésta es una verdadera vocación’, porque, con todo este sufrimiento, tal vez me hubiera ido del seminario pensando que ese no era mi llamado. ¿Por qué debería tener todo este tipo de sufrimiento en mi vida? Me di cuenta de que no, esa es mi vocación… Mi país está en problemas y todo el mundo está traumatizado. Entonces, como sacerdote, cuando regrese, mi papel es dar esperanza a aquellos que han perdido la esperanza . Me gustaría ayudar a los niños soldado a salir y recuperar su vida. Creo que soy un ejemplo de que otra vida es posible»

A.L.M. / Camino Católico.-  El sacerdote católico Charles Mbikoyo, quien fue secuestrado y reclutado por un grupo armado cuando era apenas un niño, volverá a su tierra natal para llevar “esperanza a quienes la han perdido”. Durante los últimos siete años, el P. Charles Mbikoyo estudió Filosofía en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. Sin embargo, su historia comienza en lo que hoy es Sudán del Sur, donde ingresó al seminario a los 12 años, en 1988.

El pasado mes de mayo en Roma, el padre Charles Mbikoyo, explicaba que a pesar del conflicto en Sudán del Sur, él asegura que era un niño feliz. “Íbamos a la iglesia con mis padres y cuando veía al sacerdote celebrando Misa, solo quería ser como él. Le imitaba dando galletas a mis hermanos como si fuera la comunión”.

Secuestrados en el seminario y llevados a la selva

Sus estudios fueron interrumpidos un año después, cuando tenía 13 años, en el momento que los rebeldes llamaron a la puerta en medio de la noche.

“Había una voz fuerte”, recordó el P. Mbikoyo, ordenando a los seminaristas que “salieran”, ha contado al programa EWTN News In Depth.

Era medianoche y nos despertamos asustados al escuchar disparos. Los rebeldes irrumpieron a la fuerza en el edificio y arrestaron a nuestro rector. Nos escondimos, pero nos amenazaron gritando que iban a prender fuego. Estábamos atemorizados”, recuerda.

El futuro P. Mbikoyo, junto con otros 39 niños y su rector, fueron capturados y secuestrados, por un grupo armado perteneciente a la Liberación Popular de Sudán (SPLA). Era el año 1989. La guerra civil, que acabó con la independencia de Sudán del Sur en 2011, había comenzado seis años antes. El seminario donde estudió está situado en la diócesis de Tombura-Yambio, una zona tranquila hasta ese momento. De hecho, era la primera vez que los guerrilleros llegaban hasta allí. Los combates entre la facción del sur, los rebeldes, y el norte, el grupo de cariz islámica del Gobierno, estaban hasta entonces alejados del poblado. «Nos ataron y nos obligaron a subir en una furgoneta. Estábamos muertos de miedo. Lo único que repetían era que íbamos a recibir educación. Nos quitaron todas nuestras pertenencias y nos dejaron solo con una camiseta y los pantalones», recuerda.

 “Lo primero que dijeron fue que cualquiera que escape será asesinado a tiros”, asegura. Durante los siguientes tres meses, los niños se sometieron a un riguroso entrenamiento militar.

Viajaron varias horas entre llantos. Y, cuando por fin les dejaron salir del vehículo, solo vieron árboles frondosos. “Estábamos en medio de la selva, pero no sabíamos dónde. El rector les pedía todo el rato que nos liberaran, pero amenazaron con matarlo si continuaba lamentándose. Al día siguiente, comenzamos con los ejercicios militares”, describe. Habían sido arrancados a la fuerza de su infancia para reclutarlos como soldados. “Eran ejercicios durísimos. Corríamos sin parar desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde. Aunque estuviera lloviendo. Muchos días acabábamos desmayados del cansancio. No comíamos nada; solo cuando nuestros secuestradores encontraban por el camino a alguien y le robaban”, señala.

El padre Charles Mbikoyo con el Papa Francisco

“Rezaba mucho”

Mbikoyo apaga su sonrisa cuando se le pregunta por el trato que recibían: “Los rebeldes están acostumbrados a la vida en la selva. Tienen una gran resistencia física a la que nosotros no estamos habituados”. Por otro lado, “si ellos conseguían comida, la compartían con nosotros. El problema era si alguno se equivocaba. Entonces sí le pegaban”. La tortura duró exactamente tres meses. Ese era el tiempo previsto de entrenamiento militar. Después tocaba ir a la guerra. El sudanés recuerda que solían apuntarse el pasar de los días para no perder la noción del tiempo. “También nos dieron armas. Y nos enseñaron a disparar”, lamenta.

—¿Qué pensaba en esos momentos?,  le preguntó el pasado mayo la periodista Victoria Isabel Cardiel C. en Alfa y Omega.

Rezaba mucho. Aunque había perdido completamente la esperanza. El rector nos sostenía psicológicamente. Pero sabíamos que íbamos a tener que ir a la guerra y que tendríamos que disparar a gente. Y eso me asustaba.

—¿Podía dialogar con ellos?

—Solo podíamos contestar «sí, señor» a sus peticiones. Estaban drogados y borrachos todo el día. No se podía mantener una conversación con ellos.

“Teníamos que saltar como ranas. Teníamos que aprender a esquivar las balas. Cómo disparar”, cuenta el P. Mbikoyo.

“La doctrina era: ‘El arma es mi padre’. Es para todo. Todo lo que quieras conseguir, solo usa esta pistola”, añade.

Según el P. Mbikoyo, él y sus compañeros seminaristas “simplemente nos rendimos. Perdimos la esperanza de regresar a casa. Perdimos la esperanza de volver a la escuela. Perdimos la esperanza de convertirnos en sacerdotes, que era nuestra intención inicial”, explica.

El padre Charles Mbikoyo en la plaza de San pedro de Roma

Escaparon divididos en grupos

Pero el rector del seminario se negó a ser puesto en libertad e insistió en quedarse con los chicos. “Las palabras del rector solían darme esperanza. Solía ​​hacerme entender que, sí, hay un Dios que puede protegernos, dice el P. Mbikoyo.

No habla desde el rencor. Ahora tiene 46 años. Sus heridas han cicatrizado, por fin, después de más de tres décadas: “Sí, claro que los he perdonado. Cuando estaba secuestrado solía pensar que ellos también habían sido niños. Niños a los que habían secuestrado a su vez, y a los que habían convertido en robots de la violencia. Han crecido combatiendo, en medio de la guerra y no conocen otra cosa”.

UNICEF estima que más de 9.000 niños fueron reclutados por fuerzas y grupos armados de ambas partes durante el conflicto sudanés. A finales de 2012, unos 4.000 niños fueron liberados y devueltos a sus familias.

Mbikoyo logró escaparse junto con otros cuatro compañeros. “Sabíamos que no podíamos irnos todos a la vez y nos dividimos en pequeños grupos. Supimos que había un campamento militar del Gobierno cerca. Era muy peligroso. Si nos pillaban, nos matarían. Pero era nuestra única oportunidad. Escapamos a plena luz del día. Es la vez que más he corrido de toda mi vida”, rememora. Estaban exhaustos. Habían corrido sin parar durante un día entero. Y lo primero que hicieron al llegar al poblado de Yei –cerca de las fronteras de Uganda y la República Democrática del Congo– fue preguntar por la iglesia. “El obispo de esa diócesis llamó a nuestro obispo. Fue una inmensa alegría para todos. Mis padres habían celebrado mi funeral porque estaban convencidos de que había muerto”..

En Yei reanudó su formación en el seminario hasta que los rebeldes lo volvieron a amenazar.

“Continuamos durante un mes, pero luego comenzamos a escuchar sobre los rebeldes que venían a capturar Yei. Dijimos ‘no’. Si nos vuelven a encontrar. . . o nos matarán o nos llevarán de regreso al frente para luchar”, relata el presbítero.

La Cruz Roja “nos recogió de regreso a casa”, dice, y el seminario se trasladó de Rimenze a Nzara para evitar a los rebeldes. Pero aun así los encontraron y atacaron de nuevo. Fue entonces cuando el P. Mbikoyo abandonó el país y se trasladó a la República Centroafricana. Después de vivir allí durante tres años, viajó a Uganda para continuar su educación.

“Estuve tantos años sin ver a mis padres, alrededor de ocho o nueve años, porque estaba en el exilio. Temíamos que cuando volviéramos a casa nos pudieran reclutar”, continua.

El padre Charles Mbikoyo leyendo el evangelio y concelebrando con el Papa Francisco en una de las misas matutinas en la Capilla de la Casa Santa Marta

Volver a su país para ayuda a niños soldado

Finalmente fue ordenado sacerdote en 2007, después de que terminó la Segunda Guerra Civil Sudanesa.

La historia de su huida no tiene explicación a los ojos de la razón: “Dios existe y la prueba es que conseguimos escaparnos todos. Somos como hermanos. Hablamos a menudo. Solo tres somos sacerdotes. Los otros dos son párrocos en mi país”.

“Cuando me convertí en sacerdote, dije: ‘Ésta es una verdadera vocación’”, enfatiza. “Porque, con todo este sufrimiento, tal vez me hubiera ido del seminario pensando que ese no era mi llamado. ¿Por qué debería tener todo este tipo de sufrimiento en mi vida? Me di cuenta de que no, esa es mi vocación”, asegura.

Después de terminar sus estudios en Roma, el P. Mbikoyo se está preparando para regresar a Sudán del Sur.

“Mi país está en problemas y todo el mundo está traumatizado. Entonces, como sacerdote, cuando regrese, mi papel es dar esperanza a aquellos que han perdido la esperanza . Me gustaría ayudar a los niños soldado a salir y recuperar su vida. Creo que soy un ejemplo de que otra vida es posible”, dice. “Los alentaré a abrazar su fe y también a seguir la vocación que cada uno quiera elegir”, afirma, sea lo que sea.


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