Claudia Oyarzún oró en el hospital a Santa Teresa de Los Andes porque su hija se asfixiaba al haber tragado una canica y repentinamente sanó

«La niña se moría en mis brazos Sentía que sólo en la oración estaba el alivio de mi niña y sumergida en la fe, recé la oración de Teresita, y le cantaba para que no perdiera el conocimiento. Todavía me encontraba orando, cuando repentinamente Josefina me dice: “ya me mejoré mamá, ¡vámonos!”»

10 de abril de 2014.- (PortaLuz  / Camino Católico)  “La fe o los milagros siempre habían sido algo muy subjetivo para mí” dice Claudia Oyarzún Saavedra, desde su actual lugar de trabajo: el santuario de Santa Teresa de Los Andes en Chile. Por años ha sido testigo cómo acuden al lugar personas que movidas por la fe, “dicen recibir gracias y obras en sus vidas”. 

Ante esa realidad, confiesa que poco comprendía “sobre esta suerte de «fuerza» que movía a las personas a pedir la intercesión de Teresita”, como cariñosamente miles de fieles tratan a la santa chilena. Sin embargo, la vida quiso que esta mujer fuera protagonista de la misericordia de Dios en primera persona. 

Josefina y la bolita de cristal

Hace poco más de seis meses, su hija Josefina Paz, de cuatro años, jugaba tranquilamente en casa, cuando de repente jadeó desesperada y empezó a mover las manos señalando que se estaba asfixiando. “Comenzamos a practicarle los primeros auxilios, pero ella no respondía. «¡La niña se asfixia!» grité entre sollozos, esperando que alguien de mi familia pudiera socorrerla”. 

Se dirigieron al hospital más cercano de la ciudad (Los Andes), donde les esperaba el equipo médico que ingresó de urgencia a la niña. La evaluación inicial y un rápido examen con rayos X, mostraban que se había tragado una bolita (canica) de cristal.  

“La niña se moría en mis brazos”

“Detectaron que estaba en su pecho y decidieron repetir la radiografía de costado para ver en qué posición se encontraba. Para nuestra sorpresa estaba atascada entre el tórax y el esófago, lo cual impedía que se moviera y respirara. Sentía terror, mi hija no respiraba y lo peor ¡se moría en mis brazos!”,cuenta estremecida. 

Los doctores, viendo que ya mostraba rasgos cianóticos, decidieron practicarle una Endoscopía. Sin embargo, el profesional capacitado estaba fuera del centro hospitalario y llegaría en dos horas. Comenzaron entonces los preparativos para realizar una cirugía de urgencia. “Yo, miraba todo con la impotencia de no poder hacer nada por ella. En ese momento sentí que no habría mano humana que pudiera devolvérmela a tiempo, y me entregué a Dios a través de mi querida Teresita”.

Oración de madre, mediación de una Santa

Se sentía sola en un mar embravecido y llamó a sus amigos para que le ayudasen a rezar, mientras contemplaba la cara de su Josefina. Fueron horas que pasaron como tormenta en la vida de Claudia, esperando lo peor. Sin embargo, recordó los miles de rostros que acudían al santuario y comenzó a orar, tal como ellos.

“No podía sola, sin saber que toda mi familia estaba en lo mismo. Sentía que sólo en la oración estaba el alivio de mi niña y sumergida en la fe, recé la oración de Teresita, y le cantaba para que no perdiera el conocimiento. Todavía me encontraba orando, cuando repentinamente Josefina me dice: «ya me mejoré mamá, ¡vámonos!»” 

“Gracias Señor, gracias Teresita”

Tal era el asombro  de Claudia que lloraba de alegría. “Sí, fue posible que la «mano de Dios nos tocara», Él nos dio otra oportunidad”, recuerda. La amarga tarde estaba concluyendo con una tierna mirada de Santa Teresa a Josefina. Y el hecho cambió sus vidas. 

Claudia narra que los médicos que se preparaban para intervenir quirúrgicamente a su hija quedaron asombrados y no tardaron en evaluar dónde estaba la bolita de cristal… la pantalla de rayos X indicaba que había bajado hasta el estómago.  

La fe de Claudia, como segundo milagro nacido de aquella experiencia, se volvió inquebrantable y agradece todos los días a Dios por haberle renovado el corazón. “Hoy, a casi seis meses de lo sucedido, mi hija está completamente sana. Sólo puedo seguir diciendo ¡Gracias Señor, gracias Teresita! Porque escuchas todos los ruegos de tus hijos que confían en ti”.

 

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