Enrico Petrillo, marido de Chiara Corbella, que murió al rechazar tratar un cáncer para que su hijo naciera: “Chiara y yo hemos deseado profundamente esto: llegar a ser hijos de Dios”

Enrico Petrillo y Chiara Corbella con su hijo Francisco en audiencia con el Papa Benedicto XVI este mismo año 2012

En una entrevista testimonial a Radio Vaticano explica su profunda vivencia espiritual:

* “Vivir con mi mujer, con Chiara, sea como novios, sea como esposos, ha sido precioso. Hemos tenido una vida verdaderamente plena… Ha sido maravilloso descubrir este amor más grande cada vez que afrontábamos un problema, un drama. En realidad nosotros en la fe veíamos que detrás de esto se escondía una gracia más grande del Señor. Y por tanto, nos enamorábamos cada vez más de nosotros y de Jesús”

* “La gracia que nos ha dado el Señor ha sido la de no haber puesto dificultades, barreras, a su gracia. Hemos dicho este «sí», nos hemos agarrado a él con todas nuestras fuerzas, porque lo que nos pedía era sin duda más grande que nosotros”

* “Si te fías de Cristo descubres que en este fuego, en esta Cruz, no te quemas, y que en el dolor está la paz y en la muerte está la alegría. Reflexionaba mucho, sobre todo este año, sobre la frase del evangelio que dice que el Señor nos da una Cruz dulce y una carga ligera. Sobre todo cuando veía a Chiara que estaba a punto de morir, y estaba obviamente muy turbado. Así, me he llenado de valor y algunas horas antes, eran sobre las ocho de la mañana -Chiara ha muerto a las doce- se lo he preguntado: «Clara, amor mío, pero, ¿esta Cruz es verdaderamente dulce, como dice el Señor?». Ella me ha mirado, me ha sonreído y con un hilillo de voz me ha dicho: «Sí, Enrico, es muy dulce». Así, toda la familia, nosotros no hemos visto morir a Chiara serena: la hemos visto morir feliz, que es algo muy diferente”

3 de julio de 2012.- (Radio Vaticano / Camino CatólicoSu historia está llegando a todo el mundo. Chiara Corbella, una chica romana de 28 años, murió el pasado 13 de junio. Murió después de haberse negado a seguir los tratamientos contra un tumor que le descubrieron durante el quinto mes de embarazo. Con su decisión logró que su hijo Francesco naciera sano. Sin embargo, no se trataba de su primer embarazo: María y Davide murieron después del parto porque nacieron con graves malformaciones.  Antes de morir, Chiara escribió una carta para su hijo Francesco: «Voy al cielo a cuidar a María y a Davide; tú, quédate con papá. Yo rezaré por vosotros desde allá».

Enrico Petrillo, el marido de Chiara, leyó esa carta durante el funeral de la chica. Una ceremonia en la que participaron miles de personas. Pocos días después, Enrico ofreció una entrevista a la Radio Vaticana donde cuenta su testimonio de vida con su esposa y que a continuación ofrecemos íntegramente:

Enrico Petrillo: -Vivir con mi mujer, con Chiara, sea como novios, sea como esposos, ha sido precioso. Hemos tenido una vida verdaderamente plena. No sé bien cómo definirla. Incluso a través de la vida de nuestros hijos hemos descubierto que la vida, treinta minutos o cien años, no es muy diferente. Y siempre ha sido maravilloso descubrir este amor más grande cada vez que afrontábamos un problema, un drama. En realidad nosotros en la fe veíamos que detrás de esto se escondía una gracia más grande del Señor. Y por tanto, nos enamorábamos cada vez más de nosotros y de Jesús.

Este amor no nos había desilusionado nunca, y por eso, cada vez, no perdíamos tiempo, aunque todos alrededor de nosotros nos decían: «Esperad, no tengáis prisa de tener otro hijo». En cambio nosotros decíamos: «Pero, ¿por qué tenemos que esperar?» Así, hemos vivido este amor más fuerte que la muerte. La gracia que nos ha dado el Señor ha sido la de no haber puesto dificultades, barreras, a su gracia. Hemos dicho este «sí», nos hemos agarrado a él con todas nuestras fuerzas, porque lo que nos pedía era sin duda más grande que nosotros. Y por eso, teniendo esa consciencia, sabíamos que solos no lo hubiéramos podido conseguir, pero con Él sí.

Hemos tenido un noviazgo normal, lo hemos dejado, peleábamos un poco, como todos los novios. Pero en un momento determinado, cuando hemos decidido hacer las cosas seriamente, todo ha cambiado. Hemos descubierto que lo único extraordinario es la vida misma. Dice el Señor: «A cuantos le han acogido les ha dado el poder de llegar a ser hijos de Dios». Chiara y yo hemos deseado profundamente esto: llegar a ser hijos de Dios. Somos nosotros los que debemos elegir si esta vida es una casualidad o si en cambio existe un Padre que nos ha creado y nos ama.

-Lo que ha ocurrido a Chiara se parece mucho a la experiencia de Gianna Beretta Molla que Juan Pablo II definió como un himno a la vida, una santa de la cotidianidad. El amor por la vida, como nos contabas, es precisamente lo que ha guiado a Chiara en toda su vida.

Enrico Petrillo: -Sí. Es justamente así. Chiara desde pequeña ha sido educada por unos buenos padres en el cristianismo, en el encuentro con Jesús, y pronto ha manifestado una sensibilidad y una docilidad al Espíritu muy especial, nutriendo también desde pequeña una relación muy especial con la Virgen María. Esto lo ha tenido siempre consigo y, lógicamente, si amas a Jesucristo, ¿cómo no amar la vida en todos sus aspectos?

-En un vídeo en YouTube se ve a Chiara decir esta frase: «El Señor mete la verdad en cada uno de nosotros; no hay posibilidad de no entender». A la luz de lo ocurrido -de los dolores, de las incertezas, de las elecciones hechas- ¿cuál es la verdad que has descubierto?

Enrico Petrillo: -Esa frase se refiere al hecho de que el mundo de hoy, en nuestra opinión, te propone elecciones equivocadas frente al aborto, frente a un niño enfermo, frente a un anciano terminal, quizá con la eutanasia… El Señor responde con esta historia nuestra, que, como te he dicho antes, un poco se ha escrito sola: nosotros hemos sido un poco espectadores de nosotros mismos, en estos años. Responde a muchas preguntas que son de una profundidad increíble. El Señor, sin embargo, responde siempre muy claramente.

Es a nosotros a quienes nos gusta filosofar sobre la vida, sobre quién la ha creado, y por eso, al final, nos confundimos solos queriendo convertirnos un poco en dueños de la vida y buscando huir de la Cruz que el Señor nos da. En realidad esta Cruz -si la vives con Cristo- no es horrible como parece. Si te fías de él descubres que en este fuego, en esta Cruz, no te quemas, y que en el dolor está la paz y en la muerte está la alegría.

Reflexionaba mucho, sobre todo este año, sobre la frase del evangelio que dice que el Señor nos da una Cruz dulce y una carga ligera. Sobre todo cuando veía a Chiara que estaba a punto de morir, y estaba obviamente muy turbado. Así, me he llenado de valor y algunas horas antes, eran sobre las ocho de la mañana -Chiara ha muerto a las doce- se lo he preguntado: «Clara, amor mío, pero, ¿esta Cruz es verdaderamente dulce, como dice el Señor?». Ella me ha mirado, me ha sonreído y con un hilillo de voz me ha dicho: «Sí, Enrico, es muy dulce». Así, toda la familia, nosotros no hemos visto morir a Chiara serena: la hemos visto morir feliz, que es algo muy diferente.

-A tu hijo Francesco ¿qué le contarás de lo que ha ocurrido y, sobre todo, qué le contarás cuando te pregunte por mamá Chiara?

Enrico Petrillo: -Le contaré seguramente qué hermoso es dejarse amar por Dios, porque si te sientes amado puedes hacerlo todo. Esta es, en mi opinión, la esencia, la cosa más importante de la vida: dejarse amar para después, a nuestra vez, amar y morir felices. Esto es lo que le contaré. Le contaré que esto ha hecho mamá Chiara. Ella se ha dejado amar y, en cierto sentido, me parece que está amando un poco a todo el mundo. La siento más viva hoy que antes. Y además, el hecho de haberla visto morir feliz para mí ha sido una victoria sobre la muerte. A mí me daba mucho miedo pensar, después de las experiencias de mis hijos, de Davide y María, poder ver morir también a mi hijo Francesco. Hoy sé que hay algo hermosísimo más allá, que nos espera.

-Cuando te dicen que hay este perfume de santidad en torno a Clara, ¿es algo que te molesta?

Enrico Petrillo: -Sinceramente, me deja bastante indiferente. En el sentido de que Chiara y yo habíamos hecho otras elecciones para la vida: hubiéramos deseado mucho envejecer juntos. Pero, también en este momento de nuestra historia, veo cómo Dios cada día me maravilla… Yo sabía que mi mujer era especial: creo que la felicidad, una persona es declarada beata porque beato significa ser feliz, Chiara y en parte también yo hemos vivido toda esta historia con una gran alegría en el corazón, y esto me hacía intuir cosas grandes. Pero hoy estoy maravillado, porque me parecen mucho más grandes de lo que podría pensar.

Chiara Corbella, de 28 años, ha muerto, dando testimonio de santidad, al retardar el tratamiento de un tumor hasta acabar su embarazo y dar a luz a su hijo Francisco

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