Francesco Maria Gianni era ateo y fue a la misa de nochebuena y «Dios estaba ahí y tuve la gracia de la conversión y vocación»: Hoy es abad y ha predicado al Papa Francisco

* «Dios encendió en la noche de mi corazón una luz especial de amor y de gracia, de sentido, trayéndome de la incredulidad resignada a su misterio, a la vivencia y a la experiencia apasionada de Él… Allí mismo fui invitado por la belleza, la profundidad y la intensidad de la liturgia del misterio de la Navidad. Esa celebración cambió radicalmente mi vida y me hizo redescubrir el sabor de la experiencia benedictina»

Camino Católico.- Bernardo Francesco Maria Gianni nació en 1968 en Prato, una localidad italiana famosa por sus telas, a 15 kilómetros de Florencia y con el peso histórico que a esa tierra dieron los Medici. Desde su infancia y con mayor énfasis durante la juventud cuando desarrollaba estudios de literatura y filosofía en Florencia, Dios no hacía parte de la vida cotidiana para Francesco. El nombre de Bernardo lo adoptaría cuando entró como monje de la Abadia de San Miniato al Monte de Florencia.

Hoy admitir que no contaba con Dios  “hace que mi indignidad brille más que nunca, por un lado, y por el otro, la sobreabundancia de la misericordia del Señor que se detuvo a llamarme cuando estaba en las sombras de la duda y la razón, por así decirlo…”, reflexiona en una entrevista del año 2015 en el diario Toscana Oggi.

Bernardo Francesco Maria Gianni explica que había momentos del año en los cuales era muy difícil mantenerse ajeno a las expresiones de la fe, máxime en un territorio cuya cultura y costumbres de sus gentes estaban imbricadas al cristianismo por siglos. Puntualmente Semana Santa y Navidad eran dos de esos momentos en los cuales Bernardo Francesco transaba en participar de las festividades.

Una gracia de conversión y vocación en nochebuena

Es así como la nochebuena del año 1992, con poco más de veinte años, Bernardo Francesco María se encontraba en la Iglesia del Monasterio de las Benedictinas Santa María, en Rosano, a orillas del río Arno. A pesar de su falta de fe, dice, le resultaba imposible no sentirse emocionado por el ceremonial en “una noche en la que el tiempo tiene intensidad y significados especiales, diferentes a los demás. Una noche en la que es hermoso encender las luces…”  La lectura anunciando el nacimiento del Salvador tuvo tal impacto en el corazón de Francesco María que pudo sentir, señala, la propia “voz del Señor… y su llamada persuasiva”.

Sin poder explicarlo racionalmente, desbordado, supo que “Dios estaba ahí” y entonces, ya  no pudo resistirse ante ese Dios que, haciéndose pequeño como un niño,  “encendió en la noche de mi corazón una luz especial de amor y de gracia, de sentido, trayéndome de la incredulidad resignada a su misterio, a la vivencia y a la experiencia apasionada de Él”.

A L’Osservatore Romano, Bernardo Francesco Maria Gianni le resume así su poderosa conversión  “Pasé mis años de escuela secundaria y universidad lejos de la Iglesia. Luego, en la noche de Navidad de 1992, tuve la gracia de una verdadera conversión y vocación en la iglesia de las benedictinas de Rosano. Allí mismo fui invitado por la belleza, la profundidad y la intensidad de la liturgia del misterio de la Navidad. Esa celebración cambió radicalmente mi vida y me hizo redescubrir el sabor de la experiencia benedictina”, indica.

Tanto cambió su vida que pensó, “de inmediato”, en la posibilidad de convertirse en monje, es decir, “dedicar toda mi vida a buscar los rastros del Señor que encontré esa noche: finalmente los encontré en mi camino. Me uní a los benedictinos de Olivetan porque esa noche había un monje de la abadía de San Miniato al Monte. Pocos días después de Navidad me dirigí allí e inmediatamente me di cuenta de que este era el lugar donde el Señor me esperaba”.  

Al ser realizar sus votos Francesco tomó el nombre de hermano Bernardo. Fue elegido prior de esa abadía el año 2009 y Abad en diciembre de 2015.

La predicación al Papa Francisco y a la Curia Romana de los Ejercicios de Cuaresma

Tres años después de convertirse en abad, recibió una importante llamada: la del Papa Francisco para encargarle las meditaciones de sus Ejercicios Espirituales de Cuaresma de este Año 2019 que ha predicado a sus 51 años. “Recibí la noticia con una inmensa inquietud, gran incredulidad y gratitud hacia el Señor y hacia el Papa”, explica. El monje confiesa que tuvo “una profunda sensación de no ser apto” para tal encargo. Sin embargo, “me puse a su disposición, porque me sentí llamado, pero le mencioné que yo no tengo el perfil académico, eclesiástico o teológico para justificar esa invitación”. Unas dudas que el Papa quiso resolver rápido: “Me respondió que esta es una buena premisa para hacer bien los ejercicios”.

Al final de los Ejercicios el Papa francisco tuvo estas palabras de agradecimiento:

“Quiero agradecerte, hermano Bernardo, tu ayuda en estos días. Me ha impresionado tu trabajo para hacernos entrar, como lo hizo el Verbo, en el ser humano; y para comprender que Dios siempre se hace presente en el ser humano. Lo hizo por primera vez en la encarnación del Verbo, pero también en las huellas que deja en el ser humano Él está presente. Como en la encarnación del Verbo – indivisa e inconfusa – pero está allí. Y nuestro trabajo tal vez sea seguir adelante.

Te agradezco mucho por este trabajo. Te agradezco que nos hayas hablado de la memoria: esta dimensión deuteronómica que olvidamos; que nos hayas hablado de la esperanza, del trabajo y de la paciencia, como indicándonos el camino para que tengamos esa memoria del futuro que siempre nos lleva adelante. ¡Gracias!… Te agradezco mucho. Ruega por nosotros que somos todos pecadores – todos, ¡eh! – pero queremos seguir adelante así, sirviendo al Señor. Muchas gracias y saluda a los monjes de mi parte y de la nuestra. ¡Gracias!”.

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