Homilía de Navidad de la Misa de Medianoche: Luz y paz, porque «un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» / Por P. José María Prats

* «Que nuestra vida personal, familiar y social se llene de luz; que las fuerzas y situaciones internas y externas que nos oprimen sean vencidas; que la justicia y la paz se extiendan por todo el mundo. Y la buena noticia de esta noche de Navidad es que este sueño se convertirá en realidad si, como los pastores, acogemos como Dios y Señor de nuestras vidas a este niño que nos ha nacido, al Príncipe de la paz, a Jesús»

La Natividad del Señor, Misa de Medianoche:

Isaias 9, 1-3.5-6  /  Salmo 95  /  Tito 2, 11-14  /  Lucas 2, 1-14

P. José María Prats / Camino Católico.- La visión profética de Isaías que hemos escuchado en la primera lectura nos da las claves para profundizar en el misterio de la Navidad que estamos celebrando.

El profeta ve un pueblo que camina en tinieblas y que, de repente, se llena de luz. Ve un pueblo oprimido que alcanza la libertad porque la vara y el yugo de sus opresores son quebrantados. Ve cómo la justicia y la paz se extienden por doquier, y cómo estos hechos traen al pueblo una alegría inmensa: «se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.» Y todo esto sucederá «porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado.»

El evangelio nos dice que este niño profetizado por Isaías es Jesús. Al escuchar la buena noticia de su nacimiento, los pastores quedaron envueltos por la luz de la gloria del Señor y oyeron a los coros celestes anunciar la «paz en la tierra a los hombres que ama el Señor». Luz y paz, porque «un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado.»

La visión de Isaías es el sueño de la humanidad, nuestro anhelo más profundo: Que nuestra vida personal, familiar y social se llene de luz; que las fuerzas y situaciones internas y externas que nos oprimen sean vencidas; que la justicia y la paz se extiendan por todo el mundo. Y la buena noticia de esta noche de Navidad es que este sueño se convertirá en realidad si, como los pastores, acogemos como Dios y Señor de nuestras vidas a este niño que nos ha nacido, al Príncipe de la paz, a Jesús.

Hoy es un día para sentarnos junto al Belén, contemplar y callar, para dejarnos envolver por el misterio más atrevido que jamás han pronunciado unos labios humanos: Dios… niño, el Infinito… en pañales, el Eterno… nacido en el tiempo del emperador Augusto. Pero a partir de mañana habrá que arremangarse para construir la justicia y la paz con la luz y el poder de este niño; habrá que escucharlo, seguirlo, obedecerlo, imitarlo, adorarlo; habrá que acompañarlo en la negación de sí mismo y en su entrega por todos los hombres; habrá que compartir su Pasión y su Cruz en fidelidad inquebrantable a los designios del Padre.

No va a ser un camino fácil, pero es el único que un día, al llegar a la meta, hará realidad nuestro sueño de una vida colmada eternamente de luz, libertad, justicia y paz. «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.»

P. José María Prats

Evangelio

Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.

 

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.

El Ángel les dijo:

«No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

«Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».

Lucas 2, 1-14

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