Luke, Vincent y Jake Strand, tres hermanos, llamados al sacerdocio por el Señor al final del bachillerato: «Los sacerdotes aman lo que hacen. Son felices»

Tienen 31, 29 y 26 años y sus planes iban por otro camino, desde el marketing a la neurocirugía

30 de julio de 2012.- (Religión en Libertad / Camino CatólicoCuando Luke empezó el instituto, sus planes eran licenciarse en marketing, entrar en el mundo de los negocios, hacer mucho dinero, casarse y tener hijos. Su hermano Vincent quería conseguir lo mismo, pero con su trabajo de neurólogo. Y el pequeño de los Strand, Jake, no llegó a definir un futuro profesional concreto antes de enrolarse en el servicio de Dios como sus mayores. Porque hoy Luke y Jake son ya sacerdotes, y Vincent, tras once años cursando los selectivos estudios que hacen los jesuitas, se ordenará en breve en el seno de la Compañía de Jesús. En la fotografía superior izquierda los tres hermanos Strand.

Ni animar ni desanimar

¿Y a qué se debe esta abundancia de sacerdotes en la familia? Según el reportaje de Carrie Antflinger para Associated Press, los Strand son una familia católica de Dousman (Wisconsin, Estados Unidos), pero nada hacía pensar que tres de los hijos (hay una cuarta hermana) acabarían ensotanados. «Iban a misa los domingos, bendecían la mesa antes de comer… pero no eran unos excéntricos», subraya su padre, cuya tía es religiosa clarisa en Kokomo (Indiana). Jerry recuerda, eso sí, que la abuela de los tres sacerdotes soñaba con ver a alguno de ellos entregado a Dios. Sus nietos se lo tomaban a broma.

«Fue una sorpresa verlos venir uno tras otro a contárnoslo», dice Bernardette, la madre del trío. Ella y su marido ni les animaron ni les desanimaron en su decisión, aunque fue dura, porque para el jesuita Vincent, por ejemplo, ha significado estar varios años en Europa, formándose en Austria y Alemania. En la fotografía de la izquierda la familia Strand al completo.

Tres caminos similares, pero independientes

Los tres sintieron la vocación al finalizar el bachillerato, y los tres meditaron su resolución durante años. A Luke le tocó la llamada cuando estudiaba en la Universidad de Wisconsin-Oshkosh, donde encontró un grupo de jóvenes «comprometidos con la fe». Poco después, vivía con un sacerdote en un albergue para sin techo, «sirviendo radicalmente a los pobres y pidiendo ser admitido en el seminario. Me recuerdo a mí mismo pensando alguna vez: ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿De qué va esto? Iba de servir en la Iglesia», cuenta Luke, ahora director de vocaciones de la archidiócesis de Milwakee.

En cuanto a Vincent, estudiaba Medicina en la Universidad Marquette, un centro académico jesuita, cuando empezó a madurar su respuesta a Dios. Las enseñanzas de un profesor le hicieron ver que «Dios era real en una forma de la que nunca antes me había dado cuenta», y pensó en consagrarse a Dios a través de la vida intelectual. Consideró hacerlo en el matrimonio, pero no quiso términos medios, sino «vaciarse completamente» de sí mismo… y rompió con su novia para seguir la llamada. El celibato no era un obstáculo, todo lo contrario: «El celibato y el voto de celibato es una de las cosas que realmente amo de esta vida y una de las más liberadoras», explica.

Por último está Jake, el benjamín, el que más tardó en decidirse porque la idea del sacerdocio le asustaba. Quería servir a Dios, pero mediante fórmulas compatibles con formar una familia. Al final, decidió entregarse por completo: «No influyó que Luke y Vince asumieran ese deber, porque no se trataba de un deber, sino de un regalo». Pronto completará su licenciatura en Teología en Roma.

«¡Anda, pero si sois normales!»

Cuando hablan del sacerdocio, saben bien qué ideas equivocadas se tienen al respecto: «Muchos creen que se trata de un puñados de ancianos enfadados que no disfrutan de la vida. ¡Por Dios, que miren la realidad de la vida sacerdotal! Los sacerdotes aman lo que hacen. Son alegres. Son felices. Son libres. ¿No es eso lo que todo el mundo quiere ser?».

Luke tuvo la dicha de casar el año pasado a su hermana Theresa -en la fotografía de la derecha-, que presume de que siempre velaron por ella y no les ve como bichos raros: «Sueltan más tacos que yo», bromea. Pero muchos siguen considerando que el caso de los Strand es una anomalía. «Algunos, cuando nos conocen, dicen sorprenderse de que somos normales», cuenta Bernadette, la madre del clan: «Es ridículo, ¡claro que somos normales y claro que los chicos crecieron normalmente!». Eso sí, los tres hermanos consideran un misterio la razón por la que han sido escogidos para su misión sacerdotal: «¿Por qué es tan importante? Porque nos damos cuenta de que hay algo más allá de nosotros mismos».

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