Oración a la Virgen María para pedir la gracia de transmitir a los niños la fe en un Dios que es amor / Por P. Carlos García Malo

*  «Hija deseada e hija amada, esperada por largos años por tus padres Joaquín y Ana, Niña María que serías en el tiempo la madre del Salvador. Gracias, Virgen María, por tu sí incondicional, por tu generosidad y entrega,  por ser dócil al Espíritu Divino y por seguir las tradiciones de  tu pueblo en la vida adulta. Madre, que nuestros hijos no olviden la fe de sus mayores, y que nosotros con empeño tratemos de contagiar a los pequeños, con alegría, la fe en un Dios que es amor y alegría sin fin»

Carlos García Malo / CaminoCatólico.com.- Cada 21 de noviembre la Iglesia celebra la Presentación de María Santísima en el Templo y por ello también realiza la “Jornada Pro Orantibus”, día en que los fieles son invitados a dar gracias a Dios por aquellos y aquellas que entregan su vida a Dios en los conventos de clausura.

Según la tradición, la niña María fue llevada al Templo por sus padres para que integrara el grupo de doncellas que allí eran consagradas a Dios e instruidas en la piedad. Según el “Protoevangelio de Santiago”, una fuente cristiana que no está incluida en el Canon de la Biblia, la Virgen fue recibida por el sacerdote, que la bendijo y exclamó: “El Señor ha engrandecido tu nombre por todas las generaciones, pues al fin de los tiempos manifestará en ti su redención a los hijos de Israel”. “El Señor derramó gracia sobre la niña, quien danzó, haciéndose querer de toda la casa de Israel”, añade el texto.

En el S. VI ya se celebraba esta Fiesta en el Oriente. En 1372, el Papa Gregorio XI la introdujo en Aviñón y posteriormente el Papa Sixto V la extendió a toda la Iglesia. En esta fecha también se recuerda la Dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva, en el año 543, y edificada cerca del Templo de Jerusalén.

El 21 de noviembre de 1953, el Papa Pío XII instituyó este día como la “Jornada Pro Orantibus”, en honor a las comunidades religiosas de clausura.

Por ello, el Papa Francisco en el 2014 animó a que sea “una ocasión oportuna para agradecer al Señor por el don de tantas personas que, en los monasterios y en las ermitas, se dedican a Dios en la oración y en el silencio activo, reconociéndole aquella primacía que sólo a Él le corresponde”.

“Demos gracias al Señor por los testimonios de vida claustral y no les hagamos faltar nuestro apoyo espiritual y material, para cumplir esta importante misión”, enfatizó el Pontífice.

Pidamos a la Virgen María la gracia de transmitir a los niños la fe en un Dios que es amor:

Hija deseada e hija amada,

esperada por largos años por tus padres Joaquín y Ana,

Niña María que serías en el tiempo la madre del Salvador.

La piadosa tradición te dibuja presentada en el templo.

Ya tus progenitores en ese querer dar a su hija lo mejor te transmiten su fe

y dedicación al buen Dios del que procede toda bendición.

Así quieren que tú crezcas

y madures teniendo al Altísimo en el centro de tu corazón.

Entregada a su providencia

no dudaste en decirle un Sí rotundo al Arcángel Gabriel años después;

y fruto de esta primera consagración vinieron las demás gracias

que por tu obediencia al Padre y a tu Hijo se derrochan sobre el mundo.

Gracias,

Virgen María,

por tu sí incondicional,

por tu generosidad y entrega,

por ser dócil al Espíritu Divino

y por seguir las tradiciones de  tu pueblo en la vida adulta.

Madre,

que nuestros hijos no olviden la fe de sus mayores,

y que nosotros con empeño tratemos de contagiar a los pequeños, con alegría,

la fe en un Dios que es amor y alegría sin fin.

Amén.

Virgen Niña, ruega por nosotros.

             P. Carlos García Malo

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