Papa Francisco en Greccio: «En el pesebre se manifiesta que Dios nos ama y nunca nos deja solos, nos acompaña con su presencia escondida pero no invisible»

* «Como los pastores de Belén, aceptemos la invitación a ir a la cueva, a ver y reconocer el signo que Dios nos ha dado. Entonces nuestro corazón estará lleno de alegría, y podremos llevarla donde haya tristeza; estará lleno de esperanza, para compartirla con los que la han perdido. Identifiquémonos con María, que puso a su Hijo en el pesebre, porque no había lugar en una casa. Con ella y con san José, su esposo, miremos al Niño Jesús. Que su sonrisa, surgida en la noche, disipe la indiferencia y abra los corazones a la alegría del que se siente amado por el Padre que está en los cielos»

1 de diciembre de 2019.- (Camino Católico)  “Dios nunca nos deja solos; nos acompaña con su presencia escondida pero no invisible”, ha afirmada el Papa Francisco en la peregrinación a Greccio, Italia, Umbría, este domingo 1 de diciembre de 2019, en su meditación en la celebración de la Palabra.  El Papa ha visitado este lugar por segunda vez donde San Francisco de Asís hizo el primer Pesebre en 1223. El Pontífice ha firmado su “Exhortación apostólica”, “Admirabile Signum“, sobre “el significado y el valor del pesebre”. Luego ha presidido la liturgia de la Palabra.

El Papa, que salió del Vaticano a las 15:15 h. y llegó a las 16:55 h. Al bajar del helicóptero, saludó a personas enfermas o discapacitadas antes de dirigirse al santuario. El Papa Francisco fue recibido por el Obispo de Rieti, Mons. Domenico Pompili, el “guardián” del convento franciscano, el Padre Francesco Rossi, y Mons. Rino Fisichella, Presidente del  Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización.

En la cueva del primer pesebre, se ha recogido en oración y luego ha firmado su carta. Luego ha exhortado a la comunidad franciscana a esta fidelidad a la sencillez y a la pobreza y humildad de San Francisco. Ha rezado con la comunidad un Padre Nuestro antes de bendecirla, y de añadir: “Y si tenéis un minuto, rezad también por mí”. El Papa ha sido recibido, a la salida de la cueva de Greccio, por jóvenes vestidos con trajes medievales. y los niños han cantado para él.

Finalmente, el Papa ha presidido una celebración de la palabra durante la cual invitó a “mantener los ojos fijos en el Niño Jesús”. Su sonrisa, que estalla en la noche, dispersa la indiferencia y abre los corazones a la alegría de los que se sienten amados por el Padre en el cielo. Al final de la liturgia, ha entregado oficialmente su carta. Luego se ha leído en la capilla del santuario, en latín.

La historia del primer pesebre inaugurado por San Francisco de Asís en la cueva de Greccio para la Navidad de 1223 ha sido contada por su biógrafo y compañero, Tommaso da Celano. Quería hacer comprender a la gente la sencillez y la pobreza de Belén. Se ha leído, después el Evangelio de la Natividad, durante la celebración de la Palabra en la Capilla del Santuario. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

¡Cuántos pensamientos se amontonan en la mente en este lugar santo! Y sin embargo, ante la roca de estos montes tan queridos por san Francisco, lo que estamos llamados a hacer es, ante todo, redescubrir la sencillez.

El belén, que san Francisco realizó por primera vez en este pequeño espacio, a imitación de la angosta gruta de Belén, habla por sí mismo. Aquí no hay necesidad de multiplicar las palabras, porque la escena ante nuestros ojos expresa la sabiduría que necesitamos para captar lo esencial.

Ante el belén descubrimos lo importante que es para nuestra vida, a menudo agitada, encontrar momentos de silencio y oración. Silencio, para contemplar la belleza del rostro de Jesús niño , el Hijo de Dios nacido en la pobreza de un establo. Oración, para expresar el “gracias” maravillado por este inmenso regalo de amor que nos es dado.

En este sencillo y maravilloso signo del belén, que la piedad popular ha acogido y transmitido de generación en generación, se manifiesta el gran misterio de nuestra fe: Dios nos ama hasta el punto de compartir nuestra humanidad y nuestra vida. Nunca nos deja solos; nos acompaña con su presencia escondida, pero no invisible. En toda circunstancia, tanto en la alegría como en el dolor, Él es el Emmanuel, Dios con nosotros.

Como los pastores de Belén, aceptemos la invitación a ir a la cueva, a ver y reconocer el signo que Dios nos ha dado. Entonces nuestro corazón estará lleno de alegría, y podremos llevarla donde haya tristeza; estará lleno de esperanza, para compartirla con los que la han perdido.

Identifiquémonos con María, que puso a su Hijo en el pesebre, porque no había lugar en una casa. Con ella y con san José, su esposo, miremos al Niño Jesús. Que su sonrisa, surgida en la noche, disipe la indiferencia y abra los corazones a la alegría del que se siente amado por el Padre que está en los cielos.

Francisco

Texto completo de la Carta Apostólica «Admirabile signum» firmada por el Papa Francisco alentando la tradición de poner belenes en todo lugar

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