Prachi Edlagan Shah, pediatra y virgen consagrada cisterciense: «Quiero ser el borde del manto de Cristo, estar unida a Él, libre en el mundo, ser pequeña y sin vanidad»

* «Cuando comencé a discernir esta vocación, descubrí la espiritualidad de los institutos seculares -o laicidad consagrada- en los que nos ofrecemos a Dios en una forma de vida plenamente consagrada, pero vivimos en el mundo, de manera reservada, vivimos como levadura en el mundo. Es vivir con el corazón de Dios, en el corazón del mundo. Me encantó y me sentí como en casa»

Camino Católico.- Prachi Edlagan Shah es pediatra. Soñaba con casarse y tener muchos hijos, pero Dios la ha querido toda para sí, en una consagración virginal según la Orden del Císter, pero continuando en el mundo. Su vocación fue puesta a prueba, no aceptada por su familia, especialmente por su padre. Durante años, Prachi vivió esta vocación particular en el secreto de su corazón, pero ahora finalmente ha sido revelada y proclamada como un camino hacia la santidad ordinaria y cuenta su testimonio en un vídeo del Christian Media Center:

“Es vivir en el mundo, es vivir una vida muy escondida, con discreción, y así ser su instrumento oculto en el mundo. Cuando comencé a discernir esta vocación, descubrí la espiritualidad de los institutos seculares -o laicidad consagrada- en los que nos ofrecemos a Dios en una forma de vida plenamente consagrada, pero vivimos en el mundo, de manera reservada, vivimos como levadura en el mundo. Es vivir con el corazón de Dios, en el corazón del mundo. Me encantó y me sentí como en casa” afirma Prachi Edlagan Shah.

El 22 de julio, en el Monasterio de Latrun, cerca de Jerusalén, Prachi entró en la familia cisterciense, haciendo el voto de castidad según la Orden. Es un momento histórico, porque hasta ahora no existía este tipo de consagración laical en la orden cisterciense.

La ceremonia se celebró en la capilla del monasterio y estuvo presidida por el abad de Latrun, René Hascoët. Un rito sencillo, en el que Prachi pidió la misericordia de Dios para su entrada en la familia cisterciense, como virgen consagrada, continuando su misión en el mundo. Recibió el libro de la Regla de San Benito y entregó su solicitud por escrito, recibiendo en sus manos un icono de la Anunciación, símbolo de la disponibilidad de María para el plan de Dios.

Prachi Edlagan Shah, pediatra y virgen consagrada cisterciense en la celebración en que hizo su consagración, en el Monasterio de Latrun, cerca de Jerusalén

El padre Jean Claude Maingot, ocso, director espiritual de Prachi explica que “en los diversos institutos seculares que existen en Estados Unidos, ella no podía reconocerse. Guiados siempre por el Espíritu Santo, pensamos que tal vez nuestra orden cisterciense, nuestra familia cisterciense, podría acoger a una persona consagrada que estuviera en comunión espiritual con nosotros. Quizás el Espíritu nos está empujando a acoger a personas consagradas que viven en el mundo pero mantienen la espiritualidad cisterciense. Esto requería un gran discernimiento”.

Prachi compara su vocación con el borde del manto de Jesús, que se usó para tocar y curar a la mujer que sufría una hemorragia. Un borde pequeño y escondido, pero al servicio de la misericordia divina:

“¿Qué hizo que el borde fuera tan efectivo? El hecho de que siempre estuvo unido a Cristo. Siempre estuvo atado a Cristo y al mismo tiempo libre para ir adonde lo llevara el viento o el Espíritu. Y me dije: esto es lo que quiero ser. Quiero ser el borde del manto de Cristo. Quiero estar unida a él y libre en el mundo. Quiero ser este borde. Quiero ser pequeña, escondida y sin vanidad. Nunca dejo de aprender todos los días”, argumenta la nueva Virgen consagrada.


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