Sor Lambertine, Misionera de San Pedro Claver: Quería casarse con Matthé, que le habló de Dios y propició su conversión y confesión, pero el Señor la llamó a ser monja

* “Un día, mientras oraba, escuché una voz dentro de mí: «sentia» fuertemente el llamado de Dios, que me queria para la vida religiosa, quería que me convertiera en monja! Pero mi respuesta fue fuerte: No, no … ahora no. Me quiero casar!”

8 de noviembre de 2012.- (Sor Lambertine / Hermanas Misioneras de San Pedro ClaverCamino Católico ) El 29 de abril es un día muy importante para nuestra Congregación de las Hermanas Misioneras de San Pedro Claver. Cada año en este día recordamos la fundación de nuestra Familia Religiosa. En el 2007, el 29 de abril se celebraba también el Día Mundial de Oración por las Vocaciones, el «Domingo del Buen Pastor», y en el mismo día hice mis Votos Perpetuos de castidad, pobreza y obediencia en esta Congregación.

El llamado de Dios es una cosa personal e íntima, es difícil de describir. Las palabras faltan…, porque es sobrenatural.

He vivido sin pensar porque viví! Mis padres son católicos y me crié en esta fe. Para mí, la fe es un asunto privado y no iba a la iglesia. Mi fe eran: la Ley, los diez Mandamientos, lo que podía hacer y lo que estaba prohibido. En todo esto faltaba lo esencial: el amor. Pero el Señor me ha ayudado y no me ha dejado continuar asì. Empecé a pensar siempre más sobre el significado de mi vida, que hasta entonces había sido superficial y un poco aburrida, vacía,…

Tenía todo para seguir una vida tranquila y cómoda, pero no estaba realmente feliz. Tenía un trabajo estable como contable en un hospital. Tenía mi propia casa… Pero muchas veces resonaba dentro de mí una voz: «Tu tienes todo y los otros no tienen nada, ¿cómo puedes vivir así?» Empezé a dar ofrendas para los pobres, para la formación de los sacerdotes, etc. Pero todavía faltaba algo: continuaba viviendo una vida de consumo y de lujo, como todos los demás. Pensé que podría hacer de más: yo no nací para vivir por mí misma. Podía oír la gente hablar mucho sobre el amor, y me pregunté, «¿pero que es el Amor?»

Comencé a leer la Biblia, y unos versículos atrajeron mi atención: «En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos.  Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad.»(1 Juan 3,16-18).

¿Qué cosa podía hacer? Me di cuenta que mi vida estaba vacía. Oraba, pero no lograba cambiar mucho. Empecé a hacer algún trabajo de voluntariado: así después del trabajo, fui a visitar a los ancianos, a hablar, a hacer algunos pequeños trabajos, etc. Pensaba en poner mi casa a disposicion para algunas obras de caridad. Pero, ¿cómo? ¿Qué podía hacer de mi misma? ¿Quién me entendería? ¿Con quién podía hablar de esto?

Y Dios me envió a alguien. Conocí a una persona, Matthé, que me hablaba mucho acerca de Dios que es amor, que me ama, que tengo un gran valor, que ha dado su vida por mí, etc. Esta persona me hablaba al corazón. Poco a poco descubrí un Dios cercano, un Dios Padre y me enamoro de Dios y de Matthé. Desde entonces fui a la iglesia con más frecuencia. Fui a hablar con un sacerdote y después de unas cuantas entrevistas me confesé, después de casi 30 años. Pensabamos casarnos, pero Dios tenía otros planes. Un día, mientras oraba, escuché una voz dentro de mí: «sentia» fuertemente el llamado de Dios, que me queria para la vida religiosa, quería que me convertiera en monja! Pero mi respuesta fue fuerte: No, no … ahora no. Me quiero casar!

Ahora sé que no era la primera vez que El me llamaba: en el pasado, a veces me había venido a la mente de hacerme  monja. Pero nunca pensé que este era mi camino; dejé estos pensamientos, diciendo: «No es para mí, no he estudiado, sería un escape del mundo, no me gusta rezar, etc». Pero esta vez la voz era mucho más fuerte y decidida, y no podía escapar. La voz no me dejaba en paz, y así comenzó una nueva etapa de mi vida.

El 1 de octubre de 1997 entré en la comunidad de las Hermanas Misioneras de San Pedro Claver en Maastricht (Países Bajos), donde comencé mi formación a la vida consagrada. De muchas maneras, bellas y también dolorosas, Dios me ayudó a ver que mi camino era realmente este. Su plan para mí era ejecutarlo en la vida religiosa para que aprendiera a amar. Mi vida, pues es una conversión continua; un crecimiento continuo en el conocimiento de mí misma y de Dios. Seguir a Cristo es la escuela donde se aprende lo que es el Amor y lo que significa Amar. Yo estaba buscando el amor y lo encontré. Dios es Amor y me ama y de su Amor saco fuerza por amar a mis hermanos cercanos y lejanos, y llevarlos a Dios, primera fuente de Amor, el Amor mismo.

Sor Lambertine, sspc

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EL ECO DE AFRICA Y DE OTROS CONTINENTES, n. 4 (mayo de 2008), p. 62-63.

Traducción del italiano para Camino Católico de Mauro Bertini