Azeneth González, cantautora: De querer ser famosa en el programa de televisión «La Academia» a evangelizar cantando, con jóvenes y a favor de la vida

* «Seguir a Cristo no ha sido fácil, pero ha sido la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida, pues aunque es cierto que Él es quien nos llama a ser santos, a nosotros nos toca responder a ese llamado. Cristo ha rescatado y le ha dado verdadero sentido a mi vida, incluso a mi voz, así que a través de esta misión, no hago más que devolverle lo que a El le pertenece… toda mi existencia»

22 de octubre de 2011.- (Azeneth González / www.azenethgonzalez.com.mx)   La paz de Jesús reine en sus corazones. Agradezco a Dios por esta dicha tan grande de poder proclamar su inmensa misericordia y de antemano deseo que a través de este humilde testimonio sea siempre exaltada la eterna gloria de nuestro Dios Vivo. Para comenzar me gustaría antes citar estas palabras de Dios a través de San Pablo…

“Por causa de Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a El, y de encontrarme unido a El” (Filip 3,8-9)

Sin duda Cristo tiene el poder de transformar nuestra vida y de enamorarnos de tal manera que al llegar a reconocer su grandeza y su amor, tu vida ya no puede y ya no vuelve a ser la misma, fue así como comenzó esta gran aventura de reconocer la presencia de Cristo vivo y su obra de salvación en mi vida y en la de todos mis semejantes.

Y bueno, para esto quisiera contarles que desde muy pequeña mi mayor sueño era llegar algún día a ser una gran cantante, pero conforme iba creciendo, solo buscaba insaciablemente el reconocimiento de las personas en todo lo que estuviera relacionado con la música, y con el afán de alcanzarlo estaba acostumbrada a sacrificar lo que fuera y a depositar todas mis ganas y esfuerzo para ello. Pero a su vez desde muy pequeña comencé a conocer acerca de Jesús, y aunque solía decir que lo amaba mucho, su misericordia me permitió reconocer que mi amor por El desgraciadamente no estaba por encima de todas las cosas.

En el año 2002 mientras cursaba la carrera de música, se presentó de forma inesperada la posibilidad de audicionar e ingresar a un reality show llamado “La Academia”, y pensaba que este podía ser el trampolín indicado para alcanzar mis sueños, sin embargo, fue a partir de entonces que comencé a experimentar una lucha constante de grandes tentaciones, pues mi corazón ya no solo deseaba el reconocimiento de las personas, sino que ahora además buscaba la fama, el éxito, el deseo por las riquezas, y vivía preocupada siempre por mis necesidades haciéndome indiferente al dolor ajeno, y aunque intentaba luchar contra corriente, no cabe duda que me hacía falta la armadura de Dios para defenderme en la batalla (Ef 6,11) entonces mi corazón comenzó a llenarse de egoísmo, de vanidad, de avaricia, de soberbia, y aunque mis intenciones nunca fueron malas, la realidad es que de poco en poco me fui olvidando de lo más importante… del dueño y Señor de mi alma, así que en lugar de seguir por su sendero, decidí tomar mi propia ruta. Desafortunadamente nunca imagine cuán lejos me llevaría todo esto de la verdadera felicidad. Y bueno es increíble como uno puede aferrarse a sus deseos a tal grado que uno se acostumbra a decirle a Dios lo que necesita, o lo que quiere, y en lo personal pocas veces llegaba a acordarme de pedirle a Dios me dejara saber cual era su voluntad o de preguntarle si eso que yo deseaba también Él lo estaba deseando.

Comencé a experimentar una profunda soledad en mi alma, puesto que aún rodeada de tanta gente no podía evitar sentirme siempre sola, nada me satisfacía y entonces comencé a renegar de todas las cosas incluso hasta del hecho de estar viva; llegue a detestar lo que más disfrutaba hacer, que era cantar, pero algo muy particular era que aunque ya no lo disfrutaba aun seguía aferrada a mi sueño.

Comencé a huir de un lugar a otro tratando de evitar lo que sentía, hasta que un día, desde el fondo de mi corazón, me atreví a implorar la misericordia de Dios en mi vida, gracias a ella se despertó en mi corazón el deseo de leer su palabra; sin darme cuenta Dios comenzaba a purificarme a través de ella, sometiendo a juicio mis pensamientos y las intenciones de mi corazón. (Heb 4,12) Entre la desesperación busque ayuda en mamá María, me propuse rezar el Santo Rosario día tras día, y en verdad estoy convencida que fue ella quien con su intercesión dirigió mis pasos directamente a los pies de Jesús crucificado, ya que a partir de ese momento, me cuestionaba si en verdad yo creía que Jesús estaba vivo. Y si sabia que Él estaba presente en el Santísimo sacramento del altar, ¿porque no buscarlo diariamente en la Santa Misa? para así alimentarme de su cuerpo y su sangre.

La misma gracia de Dios fue despertando en mí, un amor más puro y sincero pero me era difícil pensar en la posibilidad de renunciar a todo por Cristo y seguirlo, debido a que aún tenía muchos apegos. Dos meses después, Dios en su bondad dispondría todas las cosas (Rom 8,28), para tener un encuentro con El, a partir del cual mi vida no volvería a ser la misma. Sucedió que llegue a una comunidad llamada el Rancho del Señor, ahí conocí a un humilde sacerdote jesuita llamado Fr. Richard Thomas (+), por medio del cual, Dios me revelaría el indiscutible llamado que todos tenemos de vivir en santidad, de ser santos. Dice su palabra que para que nuestra vida pueda dar abundantes frutos uno debe permanecer unido a Cristo (Jn 15) pero la verdad era que cuanto más me aferraba a mis deseos, menos me interesaba en conocer de El, ni en vivir de la manera que el nos ha pedido. Descubrí entonces que la verdadera felicidad no estaba en alcanzar mis sueños o mis deseos, sino en el vivir unida a Jesús, ignoraba lo que dice San Juan que quien dice estar unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo (1Jn 2,6). Con el dolor de mi alma tuve que reconocer que estaba muy alejada de semejarme a vivir como El vivió, sin embargo la invitación ya estaba a la puerta (Ap 3,20) y no puede resistirme ante tanto amor, que además de todo se ofrecía sin límites y en abundancia.

Seguir a Cristo no ha sido fácil, pero ha sido la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida, pues aunque es cierto que Él es quien nos llama a ser santos, a nosotros nos toca responder a ese llamado. Cristo ha rescatado y le ha dado verdadero sentido a mi vida, incluso a mi voz, así que a través de esta misión, no hago más que devolverle lo que a El le pertenece… toda mi existencia. Estoy convencida que el verdadero servicio y entrega a Dios, no debe estar guiado en base a nuestros sentimientos, sino en base al ejemplo de Cristo, dejando que Dios nuestro Padre, realice siempre su voluntad en nosotros, pero para ello es preciso negarnos a nosotros mismos y guiados por su Espíritu Santo, creerle a Jesús cuando nos dice…”si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de si mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame” (Lc 9, 23)

Actualmente por obra de El, confiamos que los frutos se sigan dando por medio de la evangelización a través de la música, unida a la misión en favor de la vida, “Ministerio Vida.Life” y la evangelización a los jóvenes, “Ministerio Uno en Cristo”.

Por último, confieso que servir a Jesús Vivo no es solo un privilegio, sino que además es una aventura, cada día, es un día nuevo, un día lleno de grandes bendiciones por parte del Dios de la Misericordia.

AZENETH GONZALEZ 

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