Amar más a Dios y a los demás para encontrar la vocación a la que estamos llamados: ¿De qué habla mi corazón? / Por Rosario Pelayo Torrent

Camino Católico.- En este vídeo de ‘Se buscan Rebeldes’ Rosario Pelayo Torrent responde en profundidad a preguntas trascendentes que todos nos hacemos: ¿Cómo puedo ser feliz? ¿Cómo puedo afrontar mis deseos? ¿A qué estamos llamados? El camino adecuado para conseguir la felicidad debe focalizarse en amar más a Dios y a los demás para encontrar la vocación a la que estamos llamados. Rosario Pelayo Torrent es doctora en farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (U.C.M), máster en Tecnología Farmacéutica por la U.C.M, ha trabajado en Industria farmacéutica en el área de VIH y enfermedades infecciosas y cursado el Máster en Psicología de Familia por el Pontificio Instituto Juan Pablo II y es docente del proyecto Aprendamos a Amar del Instituto Universitario Desarrollo y Persona de la Universidad Francisco de Victoria.

El texto completo de la enseñanza que se visualiza en el vídeo es el siguiente:

Amar más a Dios y a los demás para encontrar la vocación a la que estamos llamados: ¿De qué habla mi corazón?

En una ocasión escuche esta historia a un reconocido profesor de Teología del Cuerpo. “Una joven pareja de enamorados, decidieron dar rienda suelta a su amor y su pasión en una noche estrellada de verano. Para ello eligieron un precioso jardín que sin ellos saberlo se encontraba cerca de la casa de un anciano sacerdote, que también esa noche había decidido salir a pasear y a contemplar las estrellas. Al encontrar el sacerdote a la joven pareja en el jardín se paró y estos al percatarse de su presencia se asustaron creyendo que el anciano sacerdote les reprenderá. Pero lo único que dijo el sacerdote a la joven pareja fue: “decidme hijos, ¿qué tiene que ver esto que estáis haciendo con las estrellas, con el infinito?”

Al igual que esos jóvenes enamorados todos sentimos profundos deseos de amor, de atracción, de unión …pero ¿de qué me hablan esos deseos, esos anhelos, de que nos habla nuestro corazón?

Quizás nunca nos hayamos parado un segundo a preguntarnos esto, ¿de dónde vienen estos deseos tan fuertes?, incluso las personas que nunca han sido amadas por nadie perciben este deseo de amar y ser amado…¿Pero cómo puede ser?, ¿es que acaso se puede anhelar lo que no se conoce?. Si yo he visto alguna vez el atardecer en Paris, podré anhelar ese momento, pero ¿cómo puedo anhelar algo que nunca antes he experimentado? O quizás es que si lo he experimentado sin yo recordarlo, o que alguien ha puesto esos deseos en mi corazón para algo…¿Pero para que?

Sabemos que deseamos, que tenemos hambre, que tenemos sed, pero ¿de qué? (y pensareis…”uf de muchas cosas”) pero ¿qué es lo que de verdad deseo?, ¿qué es lo que quiero para mi? ¿alguna vez he tenido la valentía de parar y preguntarme que es lo que en el fondo desea tu corazón? Mirad, yo trabajo en una Universidad impartiendo talleres a jóvenes y adultos de todas las edades sobre educación afectivo sexual, y antes de ir a dar cualquier taller, hacemos llegar un cuestionario a los jóvenes para que pregunten todas las dudas que pudieran tener libremente y así yo poder luego responderlas posteriormente en clase. En esos cuestionarios me encuentro preguntas de todo tipo, pero en un momento dado somos nosotros los que les preguntamos a ellos ¿Qué es para ti lo más importante en la vida, lo que te preocupa? Y os puedo asegurar que este donde este o tenga el público que tenga la respuesta a esta pregunta es siempre la misma “Yo deseo ser feliz, deseo amar y ser amado” Este es el deseo que subyace en los corazones de todo ser humano y el resto son medios para conseguirlo.

Pero la siguiente pregunta es ¿y cómo puedo ser feliz? ¿Dónde busco esa felicidad? ¿con que intento calmar ese deseo, esa sed de amor, de unión?

Mirad, a ese deseo de amor, de belleza, de felicidad le llamamos EROS y es la gasolina que Dios puso dentro de nosotros para poder llegar al infinito, a las estrellas, a Él. Es esa fuerza que te permite luchar, arriesgar, superar los obstáculos que sean necesarios con tal de conseguir aquello que de verdad se desea.

Es un deseo de infinito y solo el infinito puede saciarlo, solo Dios puede saciarlo.

Por eso muchas veces ese deseo de infinito nos llevan a sentirnos tristes, porque hay cosas en este mundo que en un primer momento puede parecer que podrían saciar nuestra sed: una fiesta, un viaje, que la chica de la que estoy enamorado me correspondiera, una vida más fácil, una comilona con amigos, un momento de descanso con alguien que quiero…y sin embargo todas esas cosas acaban, terminan, son finitas, y en cambio mi deseo sigue ahí…y entonces volvemos a preguntarnos, ¿Qué me pasa? ¿Por qué aún tengo sed? ¿quizás me equivoque de persona, de viaje, de fiesta, así que volvemos a buscar alguna otra cosa que pueda calmar esa sed, ese deseo y así poco a poco nos vamos convirtiendo en algo parecido a un “adicto”…

Y entonces ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos calmar esa sed y no acabar en la insatisfacción o la frustración? ¿Qué hacemos con nuestro deseo?

Pues bien, con nuestro deseo podemos hacer tres cosas:

1. Negarlo, esto es lo que hacen los estoicos, niego ese deseo y lo reprimo porque al final no voy a poder saciarlo y no me va a llevar a nada bueno, así que decido pasar hambre para controlarlo…Este es el error que durante muchos años han vivido muchas personas, incluso personas que se encuentran dentro de la Iglesia… que al no entender que había detrás de ese deseo pero sentir su intensidad preferían negarlo, reprimirlo y así con sus propias fuerzas trataban de controlarlo y acallarlo. Este es un grave error y de hecho, muchas personas educadas en ese estoicismo, al no sentirse capaces de llevar esa carga se han ido al otro extremo… Hugh Hefner, fundador de la revista playboy en una ocasión reconocía que la creación de la revista Play Boy fue su respuesta personal al puritanismo vivido en su casa, llegó a reconocer que su madre nunca le había abrazado ni le había dicho que le quería.

2. Entonces la segunda posible respuesta es irse al otro extremo y tratar de saciar todos nuestros deseos según llegan, es a lo que podríamos llamar la “comida rápida” pero como hemos dicho antes nuestro deseo es infinito y no hay nada en este mundo que pueda saciarlo de manera definitiva, así que al poco tiempo volveremos a sentir hambre y entonces iremos en busca de más hasta convertirnos en algo parecido a un adicto. Nos convertiremos en esclavos de nuestros deseos y nunca llegaremos a ser realmente felices.

3.  Y por último lo que podemos hacer es orientar ese deseo hacia el infinito, hacia Dios, sabiendo que Él es el único capaz de saciar por completo ese deseo, entendiendo que nosotros no estamos hechos ni para morir del hambre, ni para atiborrarnos de comida rápida, sino que estamos hechos para “El Gran Banquete”, ese que no acaba…y a partir de ahí podremos disfrutar de todas las cosas de este mundo sabiendo que se acabarán porque son solo un signo una pequeñísima muestra de aquello que nos espera, de aquello para lo que hemos sido creados.

Mirad, yo soy una persona muy pasional, de hecho debido a este carácter pasional llegué a pensar que eso de ser santo no iba conmigo, y como me equivocaba, los Santos son precisamente los que mas deseaban, deseaban ardientemente pero su deseo estaba bien orientado.

Al ser una persona tan pasional e impulsiva he caído muchas veces en la trampa de tratar de saciar mi hambre con cosas de aquí abajo, con viajes, con amigos, con una familia, con el trabajo de mis sueños, y sin embargo, cuanto más tenía más me frustraba porque seguía sintiendo que necesitaba más y me preguntaba ¿Qué me falta? ¿en que me he equivocado? Y eso me hacía sumergirme en una espiral de tristeza e insatisfacción que a veces me daba vergüenza hasta reconocer…

Y entonces descubrí la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II y por fin empecé a comprenderlo todo… y empecé a entender de donde venía ese deseo, y esa insatisfacción, empecé a comprender la importancia de vivir aquí con la mirada puesta allí. Comprendí la importancia de mi matrimonio, de cuidar mi familia, porque muchas veces, nos damos cuenta de que una de las maneras más bonitas de empezar a vivir aquí ese amor para el que fuimos creados aquí, es a través del matrimonio. ¿y por qué están importante el matrimonio?.

Mirad, la biblia empieza con un matrimonio, “Adán y Eva” y acaba con otro matrimonio “Las bodas del cordero” y en medio está el llamado Cantar de los Cantares que es un libro precioso acerca del deseo, de ese anhelo de amor nunca satisfecho del todo… Esto es porque el matrimonio humano es un signo, una imagen de lo que Dios tiene pensado para ti, para todos los hombres. El plan oculto de Dios para el hombre es desposarse con él, unirse a nosotros, entrar en comunión contigo. Tú estas llamado al gran banquete de las Bodas del Cordero, con el mismísimo Dios. Nuestra religión habla de un Dios que arde en deseos de unirse a ti, porque te creo para Él. San Agustín decía “Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”

Pero la manera de llegar ahí, de llegar a ese banquete para el que fuimos pensados es viviendo en este mundo un amor esponsal, que no quiere decir que todos debamos casarnos pero si vivir un amor fiel, de entrega, de compromiso, un amor que da  vida a otros.

Por tanto, no debemos asustarnos de nuestros deseos, nuestros deseos hablan de algo, y no debemos anestesiar nuestro corazón, pero si debemos orientar esos deseos. Orientar ese EROS hacia el Único que puede saciarlo del todo.

Si seguimos tratando de saciar nuestro deseo de infinito con las cosas finitas de este mundo lo único que haremos es dañarnos unos a otros, exigiendo inconscientemente a los demás que llenen ese anhelo de mi corazón que no pueden llenar…y echándoles la culpa de mi infelicidad “la culpa es de mi madre que no me quiso” “la culpa es de mi marido que no me valora” “la culpa es de mi amigo, de mi novia, de mi vecina, de mi trabajo, de mi jefe…” Sin darme cuenta de que la única manera de llenar ese anhelo, de ser feliz y de disfrutar al máximo de todas las cosas de este mundo y de las personas que te rodean es dejar de cargarlas con aquello que no pueden cargar, orientar mi deseo hacia Dios y empezar a quererlas como son.

Que bueno es Dios que nos ha regalado este deseo de felicidad infinito que solo el amor verdadero puede saciar. Así que no reprimamos nuestros deseos, porque nuestro corazón corre el riesgo de explotar como una olla a presión. Tampoco nos dejemos engañar y demos rienda suelta a nuestras pasiones, porque nos volveremos adictos estaremos continuamente insatisfechos.

La clave está en integrar y orientar nuestros deseos y nuestras pasiones para amar más a Dios y a los demás. Este es el camino de la verdadera felicidad. Y no lo olvides: ¡Dios te quiere y te quiere feliz!

Rosario Pelayo Torrent

El contenido de esta charla está basado en una conferencia de Christopher West impartida en la Universidad Francisco de Vitoria en Julio de 2019


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