Genevieve Gignoux rezaba para conocer la voluntad de Dios y con la pandemia en la adoración «experimenté a Jesús invitándome: `ven y sígueme’. Me llamaba a ser monja»

* «Mi alma se refugió en la tranquilidad de la capilla, y me enamoré de Jesús. Una noche, me di cuenta de que Dios me estaba ofreciendo todo lo que siempre había soñado en la vida religiosa. Me entregué por completo a Su plan. incluso si eso significaba renunciar a cosas por Él. Solo quería estar con Jesús, y supe que si me llamaba a la vida religiosa, sería con las Hermanas Dominicas de María. Experimenté una plenitud de gozo que solo Dios puede dar cuando hacemos su voluntad. Sin el Covid, no sé dónde estaría en este momento. Aunque todo parezca incierto y haya motivos para temer, si le entregamos ese miedo a Dios, Él traerá algo mejor de lo que jamás podríamos imaginar»

Camino Católico.-  La pandemia que está asolando todos los rincones del mundo también afecta al terreno religioso, y son abundantes los casos de jóvenes de la “Generación Covid” que han encontrado su vocación a lo largo de los últimos meses. Es el caso de Genevieve Gignoux, una joven de Phoenix (Arizona) que con 18 años se preparaba para comenzar sus estudios en la universidad cuando supo que “Dios tenía otros planes”. “No sé dónde estaría ahora de no ser por el Covid”, cuenta a Clarifying Catholicism mientras se prepara para ingresar en las Hermanas Dominicas de María Madre de la Eucaristía. J.M. Carrera lo traduce y sintetiza en Religión en Libertad.

Una infancia cerca de la fe

A Genevieve Gignoux le impactó escuchar las historias vocacionales en la escuela.

Genevieve creció en una familia profundamente católica. “Ir a misa y rezar juntos me ayudó a abrazar personalmente la fe”. También influyeron “mis padres, que siempre han sido un ejemplo de amor y entrega, y nos enviaban a mis hermanas y a mí a eventos organizados por religiosas” desde la infancia.

La joven valora como una bendición haber recibido una educación católica. “Tuve la suerte de asistir a Sant Mary´s Catholic High School, donde encontré amigos católicos y profundicé en la fe con los sacramentos y la doctrina que nos enseñaban”, cuenta.

Unas monjas “nos daban clase de teología y nos contaban sus historias de vocación”. Esto impactó a Genevieve, que sintió “una profunda convicción de que necesitaba encontrar” la suya, “y comencé a rezar para conocer la voluntad de Dios”.

Ver a su hermana mayor encontrarse con el Señor y discernir su vocación motivó aún más la inquietud de la estudiante. “Su sí a Jesús profundizó mi deseo de encontrar el mismo gozo que ella en la vida religiosa”, pero a medida que avanzaba en sus estudios, desechó la idea pensando lo extraño que sería que Dios llamase a dos hermanas a la vez.

Sin embargo, durante su último año en la escuela, un viaje a Lourdes “tuvo un gran impacto en mi fe”. Cuenta que “una noche, las hermanas nos llevaron a la gruta a rezar, me arrodillé, y supe que nunca había sido más feliz que en aquel momento. Lourdes aumentó mi vocación, pero no me di cuenta en ese momento”.

No podía ignorar la llamada

Genevieve quería ir a una prestigiosa universidad católica. Estaba emocionada cuando visitaba el centro, pero sentía que “algo no estaba bien. Estudiantes católicos, buenos programas, amigos que estudiarían allí… faltaba algo”.

“Comencé a asistir a misa diaria y aumenté mi oración, pidiendo a Dios para hacer lo correcto. `Solo quiero hacer Tu voluntad, renunciaré a esta vida si me lo pides, pero necesito que me lo muestres´”, rezaba.

“El día de la Virgen de Lourdes, pedí ayuda a María. Al acostarme, sentí un presentimiento y pensé: `¿Qué pasaría si yo debiese ser monja y lo hubiese ignorado todo este tiempo?´. Desde ese momento, decidí que discerniría mi vocación”.

“Dios tenía otros planes”

“Al día siguiente, escuchamos las historias de vocación de algunas hermanas que estaban en la escuela, y cuando nos íbamos, me dijeron que la hermana Mercedes quería hablar conmigo”.

“Fui a su despacho y me invitó a ir al retiro de discernimiento en marzo de 2020”, recuerda. “Tenía una imagen perfecta en mi cabeza de cómo sería todo. Iba a misa diaria, tenía más vida de oración, me preparaba para ir a un retiro… Estaba convencida de que, con todo eso, Dios me daría la gracia de conocer Su voluntad”. Pero una vez más, “Dios tenía otros planes”.

Las Hermanas Dominicas han experimentado un boom vocacional durante la pandemia.

Y llegó la pandemia

Era marzo, y “con la llegada del Covid, se canceló el retiro. Me sentía perdida, no sabía a qué me llamaba Dios, y se cancelaron la misa y la escuela”, cuenta. “Decidí frecuentar la adoración, y acabé yendo casi todos los días. Era el momento más incierto de mi vida, y a la vez fue una de las mayores bendiciones que jamás he recibido”.

“Mi alma se refugió en la tranquilidad de la capilla, y me enamoré de Jesús. Una noche, me di cuenta de que Dios me estaba ofreciendo todo lo que siempre había soñado en la vida religiosa y experimenté a Jesús invitándome: `ven y sígueme´”.

Me entregué por completo a Su plan”, explica, “incluso si eso significaba renunciar a cosas por Él. Solo quería estar con Jesús, y supe que si me llamaba a la vida religiosa, sería con las Hermanas Dominicas de María”, donde también está su hermana mayor.

El miedo se convirtió en algo pequeño

Hablando con la hermana Mercedes, “le conté todos los miedos que hacían que elegir la universidad pareciese más fácil, pero me dijo que no podía dejar que el miedo controlara mi decisión, y me habló de la paz y el gozo que sigue a actuar según el llamado de Dios”.

Genevieve sabía que “no tenía excusa para decir que no, y si lo hacía, me arrepentiría para siempre”. A la mañana siguiente, llamó a la hermana Joseph Andrew y pidió hacer la solicitud. “El miedo no desapareció, pero se convirtió en algo pequeño e insignificante”, confesó.

Entrada de las 18 postulantes en el convento de las Hermanas Dominicas de María Madre de la Eucaristía.

Todas las piezas encajaban

Entonces “me di cuenta de cómo cada gracia que Dios me ha dado era una preparación para el momento en que conocí cuál era mi vocación, que era la pieza que faltaba para completar el rompecabezas de mi vida”.

Genevieve fue aceptada para ingresar en las Hermanas Dominicas el 22 de agosto, después de la eucaristía.

“Experimenté una plenitud de gozo que solo Dios puede dar cuando hacemos su voluntad. Sin el Covid, no sé dónde estaría en este momento. Aunque todo parezca incierto y haya motivos para temer, si le entregamos ese miedo a Dios, Él traerá algo mejor de lo que jamás podríamos imaginar” concluye Genevieve, ya formando parte de las Hermanas junto con otras 17 jóvenes postulantes.


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