Papa Francisco en homilía en Santa Marta, 17-5-2020: «El Espíritu Santo nos recuerde que tenemos un Padre, centro de todo, la salvación de todos porque envió a su Hijo para salvarnos a todos»

* «El Espíritu Santo nos enseña esta mansedumbre, esta dulzura de los hijos del Padre. El Espíritu Santo no nos enseña a insultar. Y una de las consecuencias del sentimiento de orfandad es el insulto, las guerras, porque si no hay Padre no hay hermanos, se pierde la hermandad. Son —esta dulzura, respeto, mansedumbre—, son actitudes de pertenencia, de pertenencia a una familia que está segura de tener un Padre, que da sentido a toda la vida y hace que los hombres sean una familia»

Video completo de la transmisión en directo de Vatican News de la  homilía del Papa traducida al español

* «Hoy nuestra oración es por las muchas personas que limpian los hospitales, las calles, que vacían los cubos de basura, que van por las casas para llevarse la basura: un trabajo que nadie ve, pero es un trabajo que es necesario para sobrevivir. Que el Señor los bendiga, los ayude»

17 de mayo de 2020.- (Camino Católico) Francisco preside la misa en la Casa Santa Marta el sexto domingo de Pascua. En la introducción dirige sus pensamientos al personal de limpieza:

“Hoy nuestra oración es por las muchas personas que limpian los hospitales, las calles, que vacían los cubos de basura, que van por las casas para llevarse la basura: un trabajo que nadie ve, pero es un trabajo que es necesario para sobrevivir. Que el Señor los bendiga, los ayude”.

En su homilía, el Papa comentó el Evangelio de hoy (Jn 14, 15-21) en el que Jesús dice a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes. No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes». Francisco ha subrayado que vivimos en una sociedad con un sentido de orfandad que afecta la pertenencia y la fraternidad, porque falta el Padre. “Pidamos al Espíritu Santo la gracia de reencontrar al Padre, que da sentido a toda la vida y que hace que los hombres sean una familia”. En el vídeo superior Vatican News de visualiza y escucha la homilía del Papa traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Al despedirse de los discípulos (cf. Jn 14,15-21), Jesús les tranquiliza, les da paz, con una promesa: «No os dejaré huérfanos» (v. 18). Los defiende de ese dolor, de ese sentimiento doloroso, de la orfandad. Hoy en el mundo hay un gran sentimiento de orfandad: muchos tienen muchas cosas, pero falta el Padre. Y esto se repite en la historia de la humanidad: cuando falta el Padre, falta algo y siempre existe el deseo de encontrar, de reencontrar al Padre, también en los mitos antiguos. Pensemos en los mitos de Edipo, de Telémaco, de muchos otros: siempre buscando al Padre que falta. Hoy podemos decir que vivimos en una sociedad donde falta el Padre, un sentimiento de orfandad que afecta la pertenencia y la fraternidad.

Por eso Jesús promete: «Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito» (v. 16). “Yo me voy —dice Jesús—, pero vendrá otro y os enseñará el acceso al Padre. Os recordará el acceso al Padre”. El Espíritu Santo no viene para “hacer clientes propios”; viene para señalar el acceso al Padre, para recordar el acceso al Padre, lo que Jesús ha abierto, lo que Jesús ha mostrado. No existe una espiritualidad solo del Hijo, solo del Espíritu Santo: el centro es el Padre. El Hijo es el enviado del Padre y regresa al Padre. El Espíritu Santo es enviado por el Padre para recordar y enseñar el acceso al Padre.

Solo con esta conciencia de hijos que no son huérfanos podemos vivir en paz entre nosotros. Las guerras, tanto las guerras pequeñas como las grandes, tienen siempre una dimensión de orfandad: falta el Padre que haga la paz. Por eso, cuando Pedro anima a la primera comunidad a que responda a la gente del porqué son cristianos (cf. 1P 3,15-18), le dice: «Pero hacedlo con dulzura y respeto. Mantened una buena conciencia» (v. 16), es decir, la mansedumbre que da el Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos enseña esta mansedumbre, esta dulzura de los hijos del Padre. El Espíritu Santo no nos enseña a insultar. Y una de las consecuencias del sentimiento de orfandad es el insulto, las guerras, porque si no hay Padre no hay hermanos, se pierde la hermandad. Son —esta dulzura, respeto, mansedumbre—, son actitudes de pertenencia, de pertenencia a una familia que está segura de tener un Padre.

«Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito» (Jn 14,16) que os recordará el acceso al Padre, os recordará que tenemos un Padre que es el centro de todo, el origen de todo, la unidad de todos, la salvación de todos porque envió a su Hijo para salvarnos a todos. Y ahora envía al Espíritu Santo para recordarnos el acceso a Él, al Padre, y esta paternidad, esta actitud fraterna de mansedumbre, dulzura, paz.

Pidamos al Espíritu Santo que nos recuerde siempre, siempre, este acceso al Padre, que nos recuerde que tenemos un Padre, y a esta civilización —que tiene un gran sentimiento de orfandad— le dé la gracia de encontrar al Padre, el Padre que da sentido a toda la vida y hace que los hombres sean una familia.

El Papa ha terminado la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitándonos a hacer la comunión espiritual. Aquí sigue la oración recitada por el Papa:

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno totalmente a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti..

Antes de salir de la Capilla dedicada al Espíritu Santo, se cantó la antífona mariana que se canta en el tiempo pascual, Regina Coeli:

Regína caeli laetáre, allelúia.
Quia quem merúisti portáre, allelúia.
Resurréxit, sicut dixit, allelúia.
Ora pro nobis Deum, allelúia.

(Reina del Cielo, regocíjate, aleluya.Cristo, a quien llevaste en tu vientre, aleluya, se ha levantado, como prometió, aleluya.Reza al Señor por nosotros, aleluya).

Francisco

Santa Misa de hoy presidida por el Papa Francisco en Santa Marta, 6º domingo de Pascua, 17-5-2020

Palabra de Vida 17/5/2020: «Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito» / Por P. Jesús Higueras

Homilía del evangelio del domingo: El cristiano debe ser «otro Cristo» y «otro Paráclito» / Por P. Raniero Cantalamessa Ofmcap.

Santa Misa y adoración de la vigilia del 6ª domingo de Pascua, presidida por el P. Fernando Simón Rueda, en la Parroquia San Juan Crisóstomo de Madrid, 16-5-2020

«El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» / Por P. Carlos García Malo


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