Enrique Ferrara, enfermero: “Cuando participaba en abortos no podía dormir”

Sonsoles Alonso, ginecóloga: “Si la mujer es receptiva y escucha las opciones que tiene…casi siempre rectifica y sigue adelante con su embarazo”

* Esther Fonseca, farmacéutica: “Algunos clientes se enfadan porque no vendo la PDD”

* Javier Fernández, farmacéutico: "La Plataforma Profesional Farmacéutica va a solicitar a la Administración, entre otras cosas, la protección jurídica de los farmacéuticos que, por motivos de conciencia, no estén dispuestos a dispensar la PDD”

30 de marzo de 2010.- Enrique Ferrara, enfermero; Sonsoles Alonso, ginecóloga; Esther Fonseca y Javier Fernández, farmacéuticos, son cuatro profesionales de la salud que se niegan «a plegarse ante unas medidas creadas para eliminar vidas humanas en el seno materno».

Enrique Ferrara, enfermero: “No recuerdo a ninguna mujer que no saliera llorando del quirófano”.

enriqueferrara.jpg(Misión / Isis Barajas) Sabe muy bien en qué consiste un aborto, no sólo ha visto cómo se realiza, sino que ha participado en el proceso. De esto hace ya diez años, cuando estuvo trabajando en el servicio quirúrgico del Hospital Severo Ochoa de Leganés, pero todavía recuerda con horror las intervenciones. Al principio, Enrique no era contrario al aborto, pero su forma de pensar cambió radicalmente cuando tuvo que participar en las intervenciones que se efectuaban en Leganés: “Cualquier persona que ve aquello y sigue diciendo que no es un ser humano se está poniendo la venda delante de los ojos”.

Enrique empezó a tener problemas para dormir, y llegó un momento en que no podía soportar asistir a los abortos, de modo que “pactó” con su supervisora para que cuando se produjeran supresiones del embarazo a él le enviaran a cualquier otra operación. Esto lo pudo hacer de forma temporal, ya que en este hospital había una cláusula inaudita que impedía optar a la plaza de quirófano a los objetores de conciencia, “una medida injusta, porque el 95% del trabajo que se realiza allí no tiene nada que ver con los abortos”. Así las cosas, Enrique pidió un traslado al Hospital Doce de Octubre, donde está ahora: renunció a un trabajo relativamente cómodo, con horario de mañana y muchas libranzas, para evitar participar en lo que él considera una “intervención salvaje”. Ahora, y con la herida ya cicatrizada, el enfermero prefiere no describir lo que vio en quirófano por ser “muy impactante y desagradable”, mientras recuerda con dolor las imágenes de tantas “mujeres tristes”: “No recuerdo a ninguna que no saliera llorando del quirófano”.

Sonsoles Alonso, ginecóloga: “Me dijeron que no podía ser ginecóloga con mis ideas”

A sus 30 años, Sonsoles ya ha tenido que enfrentarse a situaciones delicadas para hacer valer su derecho a la objeción de conciencia. Es ginecóloga y se niega a poner un DIU, a suministrar la PDD, a participar en cualquier fase de la supresión de un embarazo y a intervenir en un diagnóstico prenatal cuya finalidad sea meramente abortiva. A los tres días de comenzar su residencia en el Hospital Universitario de Getafe, y con las ideas tan claras, Sonsoles fue a hablar con el presidente de Bioética del centro. “Esta persona me dijo que pensando esas cosas no podía ser ginecóloga, y que si él fuera mi jefe de servicio pediría un traslado”, explica. Afortunadamente, su jefe de servicio no era de la misma opinión, y en los cuatro años y medio que Sonsoles ha estado trabajando en este centro sanitario nunca ha tenido problemas para negarse a realizar ciertas prácticas. Gracias a su posición frente al aborto, Sonsoles ha podido ayudar a muchas mujeres angustiadas que ante la enfermedad del hijo que esperaban veían como única salida suprimir el embarazo. “Si la mujer es receptiva y escucha las opciones que tiene y los posibles tratamientos o cirugías a los que se puede someter a su hijo, casi siempre rectifica y sigue adelante con su embarazo”.

5303_esther_fonseca.jpgEsther Fonseca, farmacéutica: “No es fácil, porque supone mucho desgaste, pero creo que merece la pena el esfuerzo”

Esther Fonseca, presidenta de la Asociación Española de Farmacéuticos Católicos, se encuentra en la misma situación. En el día a día, mantenerse firme en su oposición a la venta de la PDD o a cualquier otro fármaco que suponga un atentado contra la vida y la dignidad humana le exige un importante plus en el ejercicio de su profesión: “A veces los que acuden a la farmacia no quieren escuchar y se van enfadados, pero la realidad es que otros agradecen que les informes sobre algo que nadie les ha explicado nunca. No es fácil, porque supone mucho desgaste, pero creo que merece la pena el esfuerzo”. Finalmente, Javier Fernández resalta que, ante la nueva norma, sólo caben dos posibilidades: “O bien los farmacéuticos se pliegan a la ideología que desea imponer el Gobierno, o bien se ponen a trabajar juntos en defensa de su profesión”, porque, ante todo, subraya Javier, “una profesión como la farmacéutica siempre ha estado y estará al servicio de la vida”.

Javier Fernández, farmacéutico: “Son varios miles de farmacéuticos los que se resisten a las pretensiones del Gobierno”

A Javier Fernández, socio fundador de ANDOC (Asociación para la Defensa del Derecho de la Objeción de Conciencia), le sobran los motivos para no suministrar en su farmacia la PDD. Además, ahora el Gobierno le ha dado una más, y es que desde septiembre las farmacias están obligadas a dispensar la píldora de forma libre y sin receta, una modificación que, según aclara Javier, se ha realizado “sin ninguna justificación científica”. Por esta razón, “son varios miles de farmacéuticos los que se resisten a las pretensiones del Gobierno”, recalca el boticario, “muchos de ellos están representados en la iniciativa de la Plataforma Profesional Farmacéutica, que va a solicitar a la Administración, entre otras cosas, la protección jurídica de los farmacéuticos que, por motivos de conciencia, no estén dispuestos a dispensar la PDD”.
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